Otro fuego en el norte extremeño vuelve a sacudir el verano de los emigrantes hurdanos
Regala esta noticia Añádenos en Google María Guardiola ha visitado este miércoles a los desalojados por el incendio. (Juan Carlos Ramos)Juan Carlos Ramos
19/08/2026 Actualizado a las 21:12h.El calor aprieta incluso bajo la sombra. En la calle apenas hay movimiento y, dentro y alrededor de la Residencia de Estudiantes de Caminomorisco, las ... horas transcurren despacio. El edificio, acostumbrado a alojar alumnos durante el curso, se ha convertido de forma improvisada en refugio para decenas de personas desalojadas por Es el caso de Ángela y Tere, dos vecinas de Martilandrán, una alquería de Nuñomoral, que llevan más de cuarenta años viviendo fuera, aunque cada verano regresan a su pueblo. Lo que iba a ser un reencuentro con sus raíces ha terminado convirtiéndose en una evacuación precipitada. Ángela recuerda con nitidez el momento en que todo cambió. «Estaba descansando y vino una vecina y me tocó la puerta fuerte. Me asusté», relata. Al abrir no vio a nadie, pero bastó con levantar la vista hacia la montaña para comprender lo que estaba ocurriendo. «¡Mira cómo arde la montaña!», pensó al contemplar el fuego desde la entrada de su casa. El miedo fue creciendo conforme avanzaban los minutos. «Ves los coches de bomberos, las ambulancias... y eso asusta», explica. La preocupación no era solo por las llamas. Durante la noche apenas podía dejar de pensar en dos de sus hermanos, acostumbrados a moverse por la montaña precisamente por la zona por la que avanzaba el incendio. «Mucho miedo», resume, aunque también destaca el trato recibido desde que llegaron a Caminomorisco: «Nos han tratado como en un hotel». Tere comparte esa sensación de angustia, aunque en su caso el humo fue lo que terminó de convencerla de abandonar el pueblo. «Pensaba que el fuego iba a bajar por la montaña y lo que más miedo me daba era el humo. Era impresionante», recuerda. Cuando llegó el momento de salir no dudó. «Yo encantada de salir», explica, convencida de que quedarse ya no era una opción. Las dos coinciden en la misma respuesta cuando se les pregunta por el regreso. «No lo sabemos», contestan mientras alzan la vista hacia el humo que sigue elevándose sobre las cumbres y que deja más preguntas que respuestas.