Cumplía cadena perpetua por la matanza de Srebrenica (1995) y ha fallecido este jueves en el centro de detención de la ONU en La Haya
Regala esta noticia Añádenos en Google Mladic, a la izquierda, con gorra militar, camina junto al exdirigente serbobosnio Radovan Karadzic, en abril de 1995. (Afp) 27/08/2026 Actualizado a las 15:48h.El exgeneral serbobosnio Ratko Mladic, el 'carnicero de los Balcanes', ha fallecido este jueves en el centro de detención de La Haya (Países Bajos) en ... el que se encontraba internado tras ser condenado en 2017 a cadena perpetua por el genocidio de Srebrenica (Bosnia-Herzegovina) perpetrado por sus tropas en 1995. Tenía 83 años. Mladic fue el brazo ejecutor de Radovan Karadzic, antiguo presidente de Serbia y también sentenciado, entre otros crímenes, por la muerte de 8.000 bosnios de religión musulmana.
Durante años vivió con total impunidad en Serbia, hasta que su Gobierno inició el camino de adhesión a la UE
El Tribunal Internacional de La Haya rechazó la apelación del general, que se veía a sí mismo como un héroe del pueblo serbio, pero que será recordado como «la quintaesencia del mal», como le describió el exAlto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra'ad al-Husein. Durante la contienda de Bosnia fue el responsable del asedio de Sarajevo y de la masacre de Srebrenica. La Corte confirmó su condena a cadena perpetua por genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra. Sus acciones se encuentran «entre las más atroces que ha conocido el género humano», según el veredicto de primera instancia.
Tras los acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra, el militar fue detenido en 2011 tras dieciséis años prófugo gracias al amparo de muchos de sus vecinos. Primero en su refugio de Han Pijesak, una base medio enterrada en un bosque de pinos del este del país, y luego en Belgrado protegido por el ejército. Aunque oficialmente se le buscaba, no necesitaba esconderse. Podaba rosales, iba a la panadería, cenaba en restaurantes y asistía a partidos de fútbol con total impunidad.
Pero con la caída del régimen de Slobodan Milosevic en 2000 se vio obligado a volver a la clandestinidad. Sus redes de apoyo se debilitaron y la aspiración serbia de entrar en la Unión Europea convirtió Mladic en un problema para el Gobierno. El 26 de mayo de 2011 la Policía lo arrestó en casa de uno de sus primos en el pueblo de Lazarevo (norte).
Aún tiene apoyo
Hay compatriotas que todavía consideran que se limitó a defender la causa del «pueblo serbio». Sus partidarios siguen presentándolo como un soldado campesino enamorado de su tierra, respetuoso de los códigos de honor de la guerra y cuyos únicos objetivos eran una Yugoslavia unida y la protección de su pueblo contra aquellos a los que llamaba los «turcos», los bosnios musulmanes. En Kalinovik, en el sureste de Bosnia, donde nació, un mural gigante en su honor proclama que es «la ciudad del héroe».
Hombre colérico y brutal para unos, alegre y extravagante para otros, Mladic aseguró un día que «las fronteras siempre se habían trazado con sangre y los estados delimitados por tumbas». Se le considera el tercer arquitecto de la limpieza étnica en el conflicto que dividió Bosnia. Desde Belgrado, el presidente de los serbios, Slobodan Milosevic inflamaba los Balcanes con sus discursos sobre la Gran Serbia. En Pale, capital de facto de los serbobosnios, el psiquiatra Radovan Karadzic difundía su propaganda fanática.
Mladic era su brazo armado, el único del trío nacido en Bosnia. Huérfano de un padre partisano que murió a manos de los croatas ustachas pronazis, siempre quiso ser soldado y con 22 años se convirtió en uno de los oficiales más jóvenes del Ejército yugoslavo. Al comenzar la guerra, tras haber combatido contra los croatas, fue trasladado a Sarajevo, donde dirigió el sitio de casi cuatro años que devastó la ciudad. Más de 12.000 habitantes, entre ellos 1.500 niños, murieron allí víctimas de los francotiradores y de la artillería que disparaba desde las colinas.
El 'carnicero de los Balcanes' dejó su huella de sangre también en Srbrenica. La población bosnia musulmana fue masacrada. El objetivo era el exterminio. Los cadáveres fueron arrojados primero a fosas comunes y luego los restos acabaron desperdigados para ocultar la matanza. Los cascos azules holandeses, superados en número y fuerza, por las tropas de Mladic, asistieron impotentes al genocidio: vieron cómo separaban a hombres, mujeres, niños y ancianos. Era el paso previo a carnicería. Los varones y los adolescentes fueron ejecutados.
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