La Tribuna
Muros en los universosEl ser humano es libre de dar un salto en el vacío y asumir la caída en la Fe
Regala esta noticia Añádenos en GoogleFrancisco J. Carrillo
Académico Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
06/06/2026 a las 02:00h.A veces la imaginación, cuando se ve con suficientes fuerzas, siente necesidad de despegarse del mundanal ruido y tomar rumbo hacia las estrellas. Esa energía ... alimentó, en el transcurrir de la Historia, numerosas cosmovisiones, tantas como culturas existentes, que fueron modificándose a medida del desarrollo expansivo de la ciencia y de la técnica. Modificación, pero no desaparición. El propio siglo XXI genera renovadas cosmovisiones al constatar que no son tan exactas las ciencias exactas y naturales que parten de modelos teóricos consensuados o contradictorios, que son válidos para 'interpretar' las fuerzas que rigen los universos, para que un rascacielos se mantenga en pie o para que una resonancia magnética descubra al detalle la hernia cervical, por no hablar de las revelaciones de una analítica clínica. Fijándose en este terreno médico-técnico, las aplicaciones son sorprendentes, aunque, en suma, se trata de recauchutados que prolongan la esperanza de vida sin una concepción antropológica de un modelo previsor de la futura (ya presente) sociedad de la ancianidad sostenida por la ciencia y la técnica que descubrió la Inteligencia Artificial con evolución imprevisible, como imprevisible lo fue el motor de explosión o el uranio enriquecido, monedas con su cara positiva y con su cara negativa. Cuestión de opción y de discernimiento, al igual que la alternativa entre la guerra y la paz, entre la libertad y el sometimiento, o entre la igualdad y la jerarquización en castas estancas. Las cosmovisiones siguen existiendo con tendencia reductora a una 'terravisión'.
¿Cabe imaginarse que los universos están colocados en el interior de un gran cubo, cuyas paredes son 'muros'? Y hacerse la gran pregunta: ¿Qué hay más allá de esos muros? Si optamos por contestar: nada, estamos convirtiendo la 'nada' en una 'realidad' que nos llevaría a un 'infinito' imposible de definir con nuestra razón y sus cálculos numéricos. Se estima que un veinticinco por ciento de los universos es 'materia oscura' desconocida. Y que de las grandes fuerzas (gravitatoria, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil), que regulan los universos y hacen que estrellas y planetas no se caigan (como el que camina en las antípodas, Australia, en relación con España), nada se conoce de su origen.
El propio siglo XXI genera renovadas cosmovisiones al constatar que no son tan exactas las ciencias exactas y naturales
No hay duda de que todo este enorme 'misterio' alberga suficientes materiales para alimentar nuevas 'cosmovisiones' indefinidamente. Hoy la razón humana se concentra, por su simple supervivencia, en las 'terravisiones', que se traduce en una tendencia al 'bien estar' a veces en contraste con el 'bien ser'. Esta forma de ser y de pensar evolutivos tiene lugar dentro de la burbuja 'endogámica' que es el ínfimo grano de arena que es el planeta Tierra a donde llegamos, ayudados por los conocimientos astrofísicos, como polvo con vida proveniente de las estrellas.
Al abrir las mentes a estos fenómenos naturales, unos optan por el agnosticismo en la intrahistoria de nuestro pequeño grano de arena inserto en una galaxia con cien mil millones de estrellas; otros, de la mano de la misma razón, creen que algo/alguien Totalmente Otro regula toda esta enorme maquinaria y alimenta a las conciencias individuales de cada persona humana de nuestro pequeño mundo, pieza de un engranaje en el que es imposible de definir el alfa y el omega de su existencia, a no ser con referencia al Totalmente Otro, que en sí mismo será el alfa y el omega del misterio que nos envuelve.
El ser humano es libre, a través de su razón endogámica, de dar un salto en el vacío y asumir la caída en la Fe, que acompaña a visiones de decisión de conciencia personal, que no excluyen la cosmovisión. Para ello, se nos dotó de libertad, se nos hizo iguales en los vientres de las madres y se nos inculcó la tendencia a la fraternidad como seres en proceso de socialización desde el momento del nacimiento. Cuando se inició, ya en la Era Axial, acotar territorios, la acumulación de poder puso en cuestión la libertad del otro, la igualdad y el ejercicio de la alteridad fraternal. Entonces surgió la tensión dialéctica, y por las armas de la sinrazón, entre el bien y el mal.
Por ello, la revolución planetaria de la Inteligencia Artificial, que es otro resultado de nuestro quehacer endogámico, necesitará de una regulación mundial, internacional, por su enorme poder concentrado, de momento, en pocas manos transnacionales. A semejanza de los controles de la proliferación del armamento nuclear. La condición humana requiere, más que nunca, de la reinstauración y respeto del Derecho internacional y de un poder regulador democrático a nivel del planeta Tierra.
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