Elon Musk en Londres en 2023. Kirsty Wigglesworth/REUTERS
EEUU Musk, bajo fuego por el recorte a la ayuda exterior de EEUU que hizo su agencia DOGE: causará 14 M de muertes en 5 añosEl departamento que lideró el magnate desmanteló la agencia de ayuda humanitaria de EEUU. Ahora se conocen las consecuencias.
Musk niega su responsabilidad y amenaza con querellarse con los políticos y periodistas que le acusan, tachándolos de "mentirosos".
Más información:El fracaso del experimento de Musk para 'adelgazar' el Estado: Trump contrata de nuevo a los empleados públicos que echó
Itziar Nodal Denver Publicada 5 julio 2026 01:22h Las clavesLas claves Generado con IA
Elon Musk llegó a Washington prometiendo limpiar el Estado con la lógica de Silicon Valley: menos burocracia, menos gasto, menos agencias inútiles. Pero la motosierra de DOGE no solo pasó por oficinas, contratos y organigramas.
También alcanzó a una red de ayuda exterior que financiaba ambulancias, antirretrovirales, mosquiteras, vacunas, comida terapéutica y clínicas en algunos de los lugares más pobres del planeta.
Ahora, cuando periodistas, epidemiólogos y antiguos responsables sanitarios empiezan a poner cifras —y nombres— al coste humano de aquel desmantelamiento, Musk ha elegido una defensa tan simple como agresiva: negar que sus recortes puedan vincularse a ninguna muerte.
"Dadme un solo nombre"
El desafío llegó en forma de mensaje. Musk no pidió un informe, ni una auditoría, ni una estimación sanitaria. Pidió un nombre. Si sus críticos decían que los recortes habían causado muertes, escribió en X, debían citar a una persona concreta fallecida por la desaparición de los programas de USAID.
El fracaso del experimento de Musk para 'adelgazar' el Estado: Trump contrata de nuevo a los empleados públicos que echóNicholas Kristof, columnista de The New York Times, recogió el guante. No respondió con una tabla, sino con cuatro historias. Yamah Freeman, una joven que murió durante el parto en Liberia tras quedar interrumpido el pago del combustible para ambulancias.
Gbessey Kiadu, un niño de un año fallecido de malaria. Ibrahim Koroma, un bebé muerto de sida en Sierra Leona después de la interrupción de suministros contra el VIH. Achol Deng, una niña de ocho años con sida en Sudán del Sur que perdió el acceso al trabajador sanitario que le llevaba la medicación.
La respuesta tocaba el punto exacto que Musk intentaba esquivar. En salud pública, las responsabilidades rara vez aparecen como una firma al pie de un certificado de defunción. Aparecen cuando una ambulancia no sale, cuando un tratamiento se corta, cuando una clínica se queda sin personal o cuando el trabajador sanitario que conectaba una aldea con el sistema desaparece de un día para otro.
Elon challenged everyone to name someone who was killed by his DOGE cuts to USAID. Nicholas Kristof, who did the study, accepted the challenge.
— Mukhtar (@I_amMukhtar) June 30, 2026
Instead of explaining why Kristof was incorrect, he responded with personal abuse.
He is clearly rattled. pic.twitter.com/rfISypfWMx
Musk intentó entonces mover la discusión a otro terreno. En otro mensaje sostuvo que las muertes en África habían disminuido tras el recorte de USAID porque la agencia ya no podía, según él, impulsar revoluciones violentas para instalar gobiernos de izquierda.
No aportó pruebas de esa afirmación. Algunos indicadores apuntan, de hecho, en dirección contraria: en Zimbabue, las muertes por malaria pasaron de 45 a 143 en los primeros cuatro meses de 2025 respecto al mismo periodo del año anterior, según datos del Ministerio de Sanidad del país.
La pelea saltó después del reproche moral al choque político. Ro Khanna, congresista demócrata por California y representante de parte de Silicon Valley, acusó a Musk de tener que responder por los niños que, según varios estudios médicos, podrían morir por el desmantelamiento de USAID.
No hablaba de un recuento cerrado de cadáveres, sino de proyecciones epidemiológicas sobre el efecto de cortar de golpe programas de malaria, VIH, nutrición infantil y atención básica.
Ro Khanna: “There needs to be accountability for Elon Musk. They’re celebrating that he created 4,400 millionaires, but they don’t talk about the 4.5M children around the world who he possibly sentenced to death by dismantling USAID. He needs to answer for that. He needs to be… pic.twitter.com/5bAGCrzLhp
— Marco Foster (@MarcoFoster_) June 21, 2026
Musk le llamó mentiroso y amagó con llevarlo a los tribunales. Khanna contestó que no se dejaría intimidar por un multimillonario capaz de amenazar a miembros del Congreso por hacer su trabajo.
La motosierra que llegó a las clínicas
USAID no era una agencia menor. Durante décadas fue una de las grandes herramientas de influencia exterior de Estados Unidos. No imponía poder con soldados, sino con vacunas, alimentos, escuelas, pozos y programas sanitarios. También fue uno de los mayores brazos públicos de ayuda humanitaria y desarrollo del mundo.
Financiaba programas de nutrición infantil, malaria, tuberculosis, VIH, salud materna, agua potable, educación, respuesta a desastres y asistencia en crisis. Para sus defensores, era una inversión relativamente barata en estabilidad global. Para Trump, Musk y buena parte de la derecha MAGA, era un símbolo del despilfarro progresista en países lejanos.
El 20 de enero de 2025, Trump congeló la ayuda exterior para revisión. Pocas semanas después, Marco Rubio anunció que se cancelaba el 83% de los programas de USAID: unos 5.200 de 6.200 proyectos. Los supervivientes pasarían al Departamento de Estado.
La Administración lo vendió como una reforma histórica para alinear la ayuda con el interés nacional. Sus críticos lo describieron como una amputación hecha sin distinguir entre programas discutibles y servicios que mantenían con vida a millones de personas.
El recorte, además, no encaja del todo con una idea extendida en Washington: que los estadounidenses rechazan de plano la ayuda exterior. Una encuesta publicada por Reuters un año después del cierre de USAID reveló que el 78% de los consultados apoyaba mantener o aumentar esos fondos.
Programas de la USAID en Nigeria. REUTERS/Sodiq Adelakun
Cuando se explicaba que la ayuda exterior representaba alrededor del 1% del presupuesto federal y se detallaban sus usos sanitarios y humanitarios, el apoyo subía del 54% al 70%. Incluso entre republicanos aumentaba hasta el 58%.
La diferencia entre ambas versiones está en el terreno. Refugees International calcula que la financiación humanitaria de Estados Unidos cayó de unos 14.000 millones de dólares en 2024 a 3.700 millones en 2025. Según esa organización, el golpe arrastró al sistema entero: menos dinero, menos personal, oficinas cerradas y programas recortados.
Su seguimiento documenta interrupciones de servicios en 5.687 instalaciones sanitarias de 20 contextos de crisis y 2.038 clínicas que suspendieron operaciones o cerraron. La consecuencia, según sus cálculos, fue un deterioro del acceso a servicios esenciales para unos 53 millones de personas.
Los ejemplos aterrizan la cifra. En Afganistán, más de 420 centros de salud cerraron o suspendieron servicios, dejando sin atención básica a unos tres millones de personas. En Mozambique, donde buena parte de la prevención del VIH dependía de PEPFAR y USAID, las interrupciones se han relacionado con una fuerte caída en pruebas virales infantiles.
En Uganda, los recortes obligaron a suspender o reducir asistencia alimentaria a refugiados, con raciones recortadas hasta un 80% y señales de aumento de la malnutrición aguda.
Musk insiste en que no hay pruebas de una matanza causada por DOGE. En sentido forense estricto, atribuir cada muerte a una partida presupuestaria es difícil. Pero esa dificultad no absuelve automáticamente al recorte.
Una de las empleadas del USAID despedidas por DOGE abandona su trabajo entre manifestantes. REUTERS/Brian Snyder
Una parte del problema es que el propio desmantelamiento deterioró sistemas de recogida de datos, seguimiento y auditoría. Cuando una clínica cierra, no solo deja de tratar. También deja de contar bien a los que ya no llegan a tiempo.
Las cifras que Musk no puede borrar
Por eso, el debate ya no gira solo en torno a los nombres que Musk exige en X. La pregunta de fondo es otra: cuántas vidas sostenía esa red de ayuda exterior y qué ocurre cuando se corta de golpe.
Un estudio publicado en The Lancet y difundido por UCLA calculó que los programas apoyados por USAID evitaron más de 91 millones de muertes entre 2001 y 2021, incluidos unos 30 millones de niños.
La misma investigación proyectó que, si los recortes se mantienen, podrían producirse más de 14 millones de muertes adicionales en el mundo hasta 2030. Entre ellas, más de 4,5 millones de niños menores de cinco años.
No es el único aviso. Otro estudio, centrado en malnutrición infantil, estimó que la pérdida de financiación podía dejar sin tratamiento a un millón de niños en países de renta baja y media, con hasta 163.000 muertes infantiles adicionales al año.
La Universidad de Boston ha creado además un contador para estimar el impacto de la interrupción de fondos en enfermedades como VIH, tuberculosis, malaria, neumonía, diarrea y malnutrición. No son registros oficiales de cadáveres. Son modelos para medir el tamaño del agujero que deja una red sanitaria cuando desaparece.
Ese riesgo empieza a verse en países concretos. En Nepal, una encuesta reciente a más de un millón de niños menores de cinco años detectó niveles "alarmantes" de malnutrición tras el final abrupto de programas nutricionales financiados por USAID.
En la provincia de Madhesh, el 12,3% de los niños sufría emaciación y casi uno de cada cuatro estaba por debajo de su peso. Solo alrededor del 35% de los niños malnutridos recibía tratamiento.
Bill Gates revela al Congreso de EEUU que Epstein le chantajeó: "Supo que yo había sido infiel y quiso usarlo para presionarme"También Bill Gates entró en la disputa. El fundador de Microsoft, que ha acelerado el calendario para donar buena parte de su fortuna a través de su fundación, acusó a Musk de “matar a los niños más pobres del mundo” con los recortes a USAID.
Gates recordó que la filantropía privada, por grande que sea, no puede sustituir a los gobiernos cuando se trata de vacunas, malaria, polio o SIDA. La réplica tenía además una carga personal: aunque Musk donó cientos de millones de dólares en 2024, buena parte de ese dinero fue a entidades vinculadas a sus propios proyectos. El multimillonario respondió llamándole mentiroso, uno de sus calificativos favoritos.
La pelea entre ambos deja una pregunta más incómoda que cualquier insulto en X: si un magnate puede ayudar a desmontar una red pública de ayuda global, ¿quién responde después por quienes dependían de ella? Musk pide certificados de defunción; sus críticos hablan de clínicas cerradas, tratamientos cortados y niños que ya no llegan a tiempo.