Un tribunal de California estudia la demanda del hombre más rico del mundo contra Open AI, la creadora del conocido 'chatbot'
Regala esta noticia 29/04/2026 a las 00:22h.En 2015, Elon Musk y Sam Altman se reunieron en un restaurante de lujo en Palo Alto, California, llamado 'Rosewood Hotel'. Hablaron sobre lo que ... pretendía ser el 'Proyecto Manhattan' de la inteligencia artificial. Como sucediera con la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial, se trataba de reunir a los mejores cerebros y fundar una organización sin ánimo de lucro para desarrollar esta tecnología en «beneficio de la humanidad». El enemigo, Google, el gigante que dominaba por entonces el sector. De aquella cita para cenar nacería Open AI, la compañía que alumbraría ChatGPT el 30 de noviembre de 2022. Ahora, el futuro del 'chatbot' más usado del mundo está en el alero por el juicio que ha comenzado esta semana en California. Musk demanda a Open AI y a Microsoft, su socio, por 150.000 millones de dólares. Pretende también echar a su archirrival de la dirección. Altman se defiende asegurando que Musk quería el control absoluto. El futuro de ChatGPT se decidirá en las cuatro semanas que durará el proceso.
Una «telenovela tecnológica»
El proceso, que ha sido calificado de «telenovela tecnológica en la que habrá muchos trapos sucios», arrancó este lunes con la elección del jurado que deberá decidir este cara a cara entre colosos de la tecnología. Se pidió a los candidatos su opinión sobre ambos y si podían dejar de lado cualquier sesgo al considerar las pruebas. Algunos de ellos no lo lograron. «A Elon no le importan las personas, al igual que a nuestro presidente», dijo un jubilado estadounidense. Otro, un empleado de Oakland –la ciudad donde se dilucida el caso–, se refirió a Musk como «un idiota». Por el contrario, la figura de Altman despertó menos rechazo.
Tras aquella cena fundacional, Open AI logró recaudar 135 millones de dólares en donaciones. Musk puso 35, de largo la mayor aportación. Participaron también otros millonarios de la tecnología como Peter Thiel, un defensor acérrimo de Donald Trump y fundador de Palantir, la oscura empresa que ayuda a la Casa Blanca a elegir objetivos militares y a expulsar inmigrantes; y Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn. Con ello, la entonces fundación sin ánimo de lucro atrajo a algunos de los mejores especialistas del mundo, «el equipo A», como los llama el periodista Stephen Witt en el libro 'Jensen Huang, Nvidia y el microprocesador más deseado del mundo'. Fue precisamente Nvidia la que proporcionó a Open AI su ordenador más potente hasta entonces, una máquina de 50 kilos y 129.000 dólares pensada exclusivamente para entrenar a los sistemas de IA. Gracias a los expertos que ficharon lograron adelantar a Google en la carrera por este enorme mercado.
La luna de miel no tardó en convertirse en un matrimonio mal avenido. Tres años después, en 2018, el hombre más rico del mundo salió de la compañía por desavenencias con la gestión. Altman y Greg Brockman, otro de los fundadores, impulsaron un cambio. La matriz altruista se mantenía pero se abría una filial que sí podía perseguir los beneficios. «Podría haber fundado Open AI como una corporación con fines de lucro. En cambio, la fundé, la financié, recluté talento y les enseñé todo lo que sé sobre cómo hacer que una startup sea exitosa por el bien público. Luego robaron la organización benéfica», ha recordado estos días en redes sociales Musk, que durante todo este tiempo ha calificado a Altman de «estafa». El multimillonario lanzó en 2023 xAI, su propia empresa de inteligencia artificial, y un año después trató de comprar Open AI a cambio de casi 100.000 millones de dólares. «No, gracias, pero compraremos X por 9.740 millones de dólares si quieres», respondió con sorna su némesis, que en este tiempo ha reforzado su posición en la compañía al deshacerse de sus críticos internos.
«Ninguno es trigo limpio»
El caso que se juzga ahora tiene su origen en una demanda presentada por el excéntrico propietario de X en 2024. De las 26 demandas presentadas, la jueza que lleva el caso ha admitido dos. Lo que busca Musk es apartar de la dirección tanto a Altman como a Brockman y que Open AI vuelva a ser una entidad sin ánimo de lucro. El juicio tendrá dos fases. En la primera, el jurado evaluará las acusaciones pero el veredicto solo tendrá un valor consultivo. Será después cuando la magistrada tome la decisión que determinará el porvenir de ChatGPT.
«Personalmente no sabría quién va a ganar. La justicia estadounidense es un circo mediático. Sí que creo que, gane quien gane, es necesario que la tecnología se use para el bien de todos. Siempre me pondré del lado de quien lo promueva, aunque en este caso creo que ninguno de los dos lo hace realmente», valora Del Ser. «Ninguno de ellos es trigo limpio. Me hace gracia que Musk hable del beneficio de la humanidad cuando él ha fundado su propia empresa de inteligencia artificial y busca el lucro. Por su parte, Altman necesita financiación y ha querido sustituir a Anthropic –otra empresa de IA que ha rechazado que el Pentágono use su tecnología con fines militares– para hacerse con sus contratos con el Gobierno», añade Fernández.
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