EDUARDO MUÑOZ CENTENO
Domingo, 12 de abril 2026, 02:00
... no hay barrera humana que limite la acción de Dios ni obstáculo que impida su presencia salvadora. Su saludo, «Paz a vosotros», no es solo un deseo o una fórmula habitual, sino un don real que restaura, reconcilia y recrea el corazón de los discípulos, devolviéndoles la confianza perdida.El envío misionero revela que la paz recibida no es para guardarla de manera individual, sino para comunicarla y compartirla con los demás. Del soplo del Espíritu nace una humanidad renovada, capaz de perdonar, reconciliar y abrir caminos nuevos, participando activamente en la obra misma de Dios en el mundo.
Tomás representa la lucha constante entre duda y fe que habita en el corazón humano. Su exigencia de ver y tocar refleja la necesidad profunda de certeza y de experiencia personal. Pero Jesús no rechaza su duda ni la desprecia; la acoge con paciencia y la transforma en una confesión profunda y sincera: «Señor mío y Dios mío». Así, la fe madura no elimina las preguntas, sino que las atraviesa.
Este pasaje nos invita a pasar del miedo a la paz, de la duda a la fe y del encierro a la misión, sabiendo que la vida verdadera nace del encuentro con el Resucitado.
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