Ideas prácticas y sencillas para negar las evidencias incluso cuando son del todo evidentes
Regala esta noticia Añádenos en Google Algunas de las joyas intervenidas en el registro del despacho de José Luis Rodríguez Zapatero. (R. C.) 27/06/2026 a las 00:02h.Hace tiempo que no podemos creer ciegamente en lo que vemos, como tampoco dar por indudable lo que oímos ni confiar del todo en lo ... que leemos: buena parte de la información que nos llega ha ido convirtiéndose en un espacio alucinatorio, como aquel país de las maravillas desconcertantes y de gente un poco loca al que fue a parar la niña Alicia. La credulidad ha sido sustituida por la susceptibilidad y la realidad ha ido derivando hacia el ilusionismo, hasta el punto de que nuestra primera reacción ante un simple dato objetivo no es la de darle una fiabilidad instantánea, sino la de hacerlo sospechoso de falsificación. Salvo que se trate, no sé, del vídeo de un gato que se peina ante un espejo, que se enlaza al cuello una pajarita, que se pone un frac y que sale a galantear a las gatas del barrio, salvo en casos así, en definitiva, sospecha uno de todo. ¿Ver para creer? Ver, más bien, para no creerse nada.
«Si una vez me preguntaron el precio de un café y no lo sabía, y tampoco sé lo que es una sociedad 'offshore', ¿cómo voy a saber el precio de unos calcetines convertidos en joyas?». Si tampoco colase, me quedaría un as en la manga: «Pues resulta que una vez estuve en Arabia Saudí, me perdí en un desierto, acabé en la cueva de los 40 ladrones, la misma que encontró Alí Babá, y me traje estas cosillas de recuerdo». Y asunto solucionado.
comentarios Reportar un error