Manifestantes libaneses contra las conversaciones de paz en Washington enarbolan banderas de Hezbolá y retratos de su fallecido líder, Hasán Nasralá. REUTERS/Adnan Abidi
Oriente Próximo Nadim Shehadi, académico libanés: "En la guerra de Irán hay dos clases de necios: los pro-Trump y los anti-Trump""La estrategia de Israel en el sur de Líbano parece ser despoblar, destruir por completo, hacer inhabitable la zona y convertirla en una franja de amortiguación", advierte el analista cuando las partes negocian en Washington el cese de la guerra.
Más información: Los libaneses chiíes rechazan la tregua con Israel: "Si Hezbolá acepta la paz con Netanyahu, yo mismo lucharé contra Hezbolá"
Marga Zambrana Beirut Publicada 15 abril 2026 02:53h Las clavesLas claves Generado con IA
Nadim Shehadi (Beirut, 1956) no finge neutralidad. Este economista y analista político libanés ha elegido bando y no se molesta en disimularlo: prefiere un Oriente Medio articulado en torno al Golfo y la paz con Israel antes que otro dominado por Irán.
Aclarado el sesgo, la conversación ya puede proceder con honestidad espontánea, erudición histórica, ironía feroz y digresiones mediterráneas.
Nadim Shehadi, durante una clase en la Universidad de Tufts.
Shehadi fue director del Fares Center for Eastern Mediterranean Studies de Tufts, del Centre for Lebanese Studies de Oxford, del centro académico de la Lebanese American University en Nueva York y del programa de Oriente Medio de Chatham House.
Ha escrito para The New York Times, The Guardian y CNN, y publica una columna semirregular en Arab News. Se ha iniciado también en Substack, donde se define como "economista arrepentido e historiador amateur".
Maestro de maestros, ha influido tanto en prestigiosos analistas de la SOAS como en Christiane Amanpour, una de las caras visibles de la CNN.
Desde su casa en Beit Meri, en el monte Líbano, Shehadi ve caer las bombas israelíes, que interrumpen esta conversación en diversas ocasiones.
Hablamos del Líbano, de Irán, y de analistas demasiado emocionales, mientras la guerra y todo Oriente Medio entra por la ventana.
Los libaneses chiíes rechazan la tregua con Israel: "Si Hezbolá acepta la paz con Netanyahu, yo mismo lucharé contra Hezbolá"¿Cómo ve las negociaciones directas entre Líbano e Israel?
Todo depende del mecanismo. Lo que importa en una negociación es quién habla con quién y sobre qué. El problema del alto el fuego del 27 de noviembre de 2024 es que el actual Gobierno libanés está intentando aplicar un acuerdo que no negoció, después de una guerra que no libró, y con condiciones que no puede cumplir.
La principal es el desarme de Hezbolá, y este mecanismo da la impresión de que Beirut le está pidiendo a Hezbolá que se desarme en nombre de Israel. Eso no va a ocurrir.
Lo que hay que hacer es separar las vías. Por un lado, el Estado libanés puede exigir el desarme de Hezbolá basándose en Taif, porque las milicias debían desarmarse y convertirse en partidos políticos. Por otro, Líbano tiene que negociar con Israel sin dar la impresión de capitular, porque eso fortalecería a Hezbolá.
Tras la reunión de hoy en Washington, el embajador israelí dijo que, si Hezbolá no se desarma, no habrá nada de qué hablar.
Las declaraciones del embajador israelí van a provocar un gran revuelo en Líbano. Estas conversaciones serán controvertidas y es muy valiente por parte de nuestro Gobierno implicarse en ellas. Pero son el único camino.
Declaraciones así se lo ponen más difícil al Gobierno libanés. Habrá una confrontación política con Hezbolá por este asunto. Está bien siempre que siga siendo política y no se convierta en violencia contra el Gobierno libanés.
¿No es contradictorio que Israel siga bombardeando?
No necesariamente. Cuando uno quiere negociar, también demuestra que va en serio. Y a veces eso significa bombardear. La historia europea está llena de tratados cuya negociación se prolongó porque, cada vez que las partes se atascaban, volvían a la guerra y renegociaban después a partir del resultado militar.
Netanyahu anuncia "negociaciones directas" con Líbano para un plan de paz que incluya desarmar a Hezbolá¿Cuál diría que es hoy la estrategia de Netanyahu en Líbano?
Para empezar, no creo esa historia de que la única razón por la que Netanyahu está haciendo esto sea retrasar un juicio. Eso es demasiado simplista. Pero su estrategia ya no parece ser la de antes.
Antes Israel ocupaba una parte del país, pero la población seguía allí. Ahora la estrategia parece ser despoblar, destruir por completo, hacer inhabitable la zona y convertirla en una franja de amortiguación.
Es una estrategia atroz. No funcionará y, a largo plazo, debilitará a Israel porque fortalecerá a sus enemigos.
Hezbolá puede salir políticamente robustecido, aunque acabe más débil militarmente. Ya ocurrió tras 2006: Israel destruyó el país y nadie vino a defenderlo, así que Hezbolá pudo volver y decir: "Si nosotros no estamos aquí, nadie os protegerá". Ese argumento gana fuerza con cada ciclo de destrucción.
Usted describe a Israel con palabras muy duras, aunque lo prefiere estratégicamente.
Sí, porque una cosa no invalida la otra. Israel se ha convertido en algo monstruoso. Lo que Netanyahu está haciendo tanto en Gaza como en Líbano tiene apoyo social dentro de Israel.
Mucha gente subestima el impacto que tuvo el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 sobre la sociedad israelí. Una población que se veía a sí misma como liberal, humanitaria y guiada por ciertos valores morales ha pasado a aceptar la destrucción y la despoblación de Gaza, y también la devastación de la población libanesa.
Si mañana hubiera elecciones, no ganarían quienes pidieran paz. Es una fase muy peligrosa, para Israel y para el conjunto de la región.
Europa presiona para extender el alto el fuego a Líbano: Meloni cancela el acuerdo militar con Israel y Macron llama a Trump¿Qué explica ese giro?
El 7 de octubre activó los peores miedos heredados: el Holocausto, los pogromos, la sensación de amenaza existencial. Eso ha creado un clima en el que se tolera la limpieza étnica y la despoblación del sur del Líbano y de Gaza.
Es un estado de ánimo muy peligroso. Y, a largo plazo, además, es impracticable. No se puede vivir rodeado de enemigos para siempre.
Usted sostiene que limitar la negociación con Irán al expediente nuclear sería repetir un error.
Exactamente. Esa fue la gran torpeza del acuerdo nuclear. Irán consiguió que Estados Unidos discutiera solo el expediente nuclear, y eso le dio tiempo y margen para actuar en todas partes: Hezbolá, Siria, Irak, los hutíes. Lo que vimos el 7 de octubre fue, en parte, el resultado de ese error.
Irán antes podía decir: negociamos sobre lo nuclear, no tenemos nada que ver con Hezbolá, ni con los hutíes, ni con Irak, ni con Palestina. Eso ya no es creíble.
Si se levantan sanciones y se vuelve a reducir la discusión a lo nuclear, se le estaría dando a Irán —o, más exactamente, a la Guardia Revolucionaria— tiempo y recursos para reconstruir sus redes y consolidar sus posiciones. No debería permitírsele esa maniobra otra vez.
Su tesis central es que la región ya no puede analizarse como una suma de conflictos separados.
Exacto. El arte de la guerra consiste en mantener la batalla lejos de tu propio territorio, y durante años Irán lo consiguió. Combatió a través de Hezbolá, los hutíes, las milicias iraquíes y el régimen de Siria. Podía intervenir en toda la región sin aparecer plenamente como protagonista. También los estadounidenses lo veían así.
Durante mucho tiempo, muchos expertos pudieron seguir fingiendo que esos actores eran autónomos, semiautónomos o simplemente locales. Después del 7 de octubre eso se volvió mucho más difícil de sostener.
Hubo una secuencia: el ataque de Hamás, luego Hezbolá, después los hutíes, después las milicias iraquíes y, finalmente, Irán lanzó una salva de misiles de prueba. Todo empezó a parecer un juego coordinado. Y una vez que el tablero se revela como un sistema interconectado, la única forma de combatirlo es enfrentarse a Irán.
Antes uno podía decirse: esto es Líbano, esto es Gaza, esto es Yemen, esto es Irak. Ya no. Irán ha mostrado demasiado hasta dónde llegan sus tentáculos y se ha convertido a sí mismo en objetivo.
Hay quien sigue tratando a Hezbolá como si no formara parte de esa red iraní.
Eso es falso. La relación no es superficial ni oportunista: es histórica, ideológica y orgánica. No hay duda de que Hezbolá se convirtió en una rama de la Guardia Revolucionaria. Lo mismo ocurre, de formas distintas, con los hutíes y con la Yihad Islámica palestina. Hamás también fue reclutado y financiado por Irán.
En ese marco, ¿por qué Irán golpea con tanta dureza a los países del Golfo?
Porque son su verdadero adversario regional. Irán representa un modelo islamista radical, militante, antiimperialista y antiestadounidense.
Los países del Golfo representan otra cosa: economías abiertas, modernización, integración en la economía global, festivales, grandes premios, inversión, paz con Israel.
No creo que esto sea, en esencia, una guerra chií-suní. Hay chiíes y suníes radicales en el mismo bando, como Hezbolá y Hamás. La verdadera división es entre el radicalismo y un modelo más liberal para la región.
Nadim Shehadi, experto en Oriente Próximo: "50.000 muertos es aterrador para ti y para mí. Pero no para Hamás"Usted insiste en que no es un observador neutral.
No soy un observador objetivo, neutral e independiente. Veo con claridad dos posibles futuros para la región, y estoy claramente del lado de uno de ellos. Quiero que uno prevalezca y el otro retroceda. Un modelo es el que hoy encarnan los países del Golfo: paz con Israel, integración en la economía global y un orden regional más liberal.
El otro es un escenario en el que, si Irán se impone, estos países acaben gradualmente sometidos a facciones militantes de estilo Guardia Revolucionaria.
Sí: quiero que ganen Estados Unidos y los países del Golfo, porque prefiero la paz. Estoy a favor de la paz con Israel, aunque no digo que quiera que ganen los israelíes, porque están destruyendo mi país.
Pero, estratégicamente, Israel está en el bloque de Estados Unidos y el Golfo frente a Irán y sus apoderados, y prefiero la visión general de ese bloque a la de la República Islámica, también por el bien de Irán y de su propia población.
Usted es muy crítico con los analistas occidentales. ¿Qué les reprocha?
Que proyectan demasiado. Por eso quería hablar de Hafez al Asad (1930-2000, el fallecido presidente de Siria). Cuando Israel se retiró del Líbano en mayo de 2000, algunos interpretaron el silencio de Asad como prueba de una sabiduría profunda, de una paciencia estratégica casi civilizatoria.
Dos días después estaba muerto: llevaba tiempo en coma y se le mantenía artificialmente con vida. El experto estaba imaginando una estrategia donde no la había.
Algo parecido ocurre con Irán y con Donald Trump. Mucha gente siente la necesidad de forzar una coherencia que no entiende. Y, además, hay muchísima emocionalidad, sobre todo en Estados Unidos.
Algunos expertos anti-Trump parecen preferir una derrota de Estados Unidos antes que admitir que Trump puede tener razón en algo. Eso deforma el análisis.
¿Por eso rechaza la idea de que Trump carece por completo de estrategia?
Rechazo la seguridad con la que muchos lo afirman. En la guerra, en el ajedrez, incluso en el amor, uno no revela del todo su estrategia. Cuanto más imprevisible eres, más margen tienes.
Trump lleva décadas funcionando así. Su mente siempre ha operado del mismo modo: incoherencia aparente, seguridad inquebrantable, capacidad para seguir hablando como si nada se torciera.
Eso no demuestra automáticamente que haya una estrategia brillante, pero tampoco demuestra que no la haya. El problema es cuando otros llenan ese vacío con fantasías. Francamente, en esta guerra hay dos clases de necios: los pro-Trump y los anti-Trump.
Trump es a la vez un emperador y un gánster. Un emperador porque Estados Unidos es una potencia imperial con una profunda aversión al imperialismo y al colonialismo, y una tradición histórica favorable a la autodeterminación. Trump no tiene paciencia para esos dilemas. Es puramente transaccional y está centrado en hacer el trabajo.
También se muestra muy crítico con Europa.
Porque quiero que tenga éxito. Europa está reaccionando de forma emocional, con viejos sentimientos antiestadounidenses. Y lo mismo ocurre en Washington, donde la polarización se ha vuelto casi tribal. Ese tipo de polarización contamina la lectura de la guerra.
Europa, desde luego, no está a favor del futuro que imagina la Guardia Revolucionaria iraní. Pedro Sánchez quiere hacerse el héroe, desafiar al "emperador del mundo", Trump, pero los intereses europeos no están con un Irán nuclear dueño de Oriente Próximo.
Los bombardeos contra Beirut vistos desde la casa de Nadim Shehadi. Cedida
¿Y qué lectura hacer de la sociedad y la diáspora iraní?
Es complejo. Hay una gran diferencia entre los iraníes dentro y la diáspora, los segundos tienden a verlo todo en blanco y negro. Viven en un dilema: quieren el fin del régimen, pero no con guerra.