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Necesitamos más CEO que hablen claro

Necesitamos más CEO que hablen claro
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Las opiniones sinceras son preferibles a la palabrería pretenciosa que abunda en la industria tecnológica. Leer
Financial TimesNecesitamos más CEO que hablen claro
  • PILITA CLARK
Actualizado 7 SEP. 2026 - 09:54El consejero delegado de Ryanair, Michael O'Leary, conocido por sus polémicas declaraciones, en una rueda de prensa en Madrid.Rodrigo JiménezEFESeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Las opiniones sinceras son preferibles a la palabrería pretenciosa que abunda en la industria tecnológica.

Aunque no recuerdo la última vez que algo en los periódicos dominicales me dejó boquiabierta, confieso haberme sentido así el fin de semana pasado al leer una entrevista con Alan Chang.

"No leo libros", declaró el CEO de Fuse Energy, una startup británica de energía tecnológica valorada en 5.000 millones de dólares, después de que un periodista de The Sunday Times le pidiera que enumerara algunos de sus intereses personales.

Tampoco ve películas, y de filantropía mejor ni hablar. "En realidad, no creo en las organizaciones benéfica. Me parece una forma totalmente ineficiente de invertir capital", aseguró.

Pero la frase que dejó a todos boquiabiertos llegó cuando Chang, ex alto ejecutivo de la fintech Revolut, reveló que había decidido fundar Fuse en 2022 tras llegar a la conclusión de que la industria energética británica estaba plagada de mediocres. "Entramos en LinkedIn y nos fijamos en quiénes trabajan allí, dónde estudiaron y cuál es su trayectoria. La verdad es que a la mayoría no los contrataría personalmente", espetó.

Como nunca he conocido al Sr. Chang, no tengo ni idea de si hizo este comentario tan arrogante para llamar la atención o porque está convencido de ello. En cualquier caso, me sorprendió mi propia reacción.

No es que no haya CEO que no tienen pelos en la lengua, pero sí parecen estar en peligro de extinción.

Michael O'Leary, de Ryanair, sigue siendo un caso aparte, ruidoso y provocador 17 años después de haberme dicho que se jubilaría en tres años para que un líder más conciliador pudiera dirigir la aerolínea. Eso fue en una entrevista donde calificó a un rival del sector como "un niño pijo que por fin se había puesto a hacer algo". También declaró que Richard Branson, de Virgin, "no es para tanto".

No ha cambiado mucho. Hace dos meses, llamó imbécil a Rachel Reeves, "idiota" a Ursula von der Leyen y se quejó de que los imbéciles e idiotas del Parlamento Europeo estaban creando "regulaciones de mierda".

En el sector financiero, Jamie Dimon, de JPMorgan Chase, sigue siendo una excepción en Wall Street, donde ha calificado de "estupideces" todo, desde la política estadounidense hasta algunos de los programas de diversidad de su propio banco.

Mientras tanto, en tecnología, el locuaz Alex Karp, de Palantir, destaca por fantasear con comprar un dron y "rociar con orina ligeramente impregnada de fentanilo a los analistas que intentaron fastidiarnos", y por comentar alegremente que algunos lo consideran un "imbécil arrogante".

¿Por qué la lista de ejecutivos tan directos es tan pequeña? No se trata solo del avance implacable del aparato de comunicación corporativa, ni de políticos vengativos dispuestos a hacerle la vida imposible a las empresas que no pasan por el aro.

Sospecho que los comentarios de Chang resultan especialmente impactantes porque provienen de una industria tecnológica que ha llevado las tonterías pretenciosas y la exagerada retórica de liderazgo a un nivel completamente nuevo en los últimos cuatro años.

Me refiero a los interminables ensayos que los líderes de la IA y sus inversores han estado publicando desde la llegada de ChatGPT en 2022

"La inteligencia artificial es nuestra alquimia, nuestra piedra filosofal", declaró Marc Andreessen en su "Manifiesto Tecnooptimista" de 5200 palabras de 2023.

"Una característica definitoria de la Era de la Inteligencia será la prosperidad masiva", añadió Sam Altman al año siguiente.

Un mes después, Dario Amodei, de Anthropic, publicó un extenso artículo de 14.700 palabras sobre cómo la IA podría transformar el mundo para mejor.

Resultó tener una continuación de 21.800 palabras, incluyendo notas a pie de página, en la que Amodei explicaba que estábamos entrando en una fase que "pondrá a prueba quiénes somos como especie".

El mes pasado, Mark Zuckerberg se animó con un discurso de 6.500 palabras sobre "el camino hacia un futuro positivo de la IA", elevando la retórica egocéntrica a un nuevo nivel.

La IA podría otorgar a todo el mundo "superpoderes de invención" y tutores personalizados con un "doctorado en cada materia", además de "herramientas potentes para crear nuevos negocios", escribió, pero solo si Meta tenía libertad para prosperar.

"Meta es la empresa centrada principalmente en construir una superinteligencia personal para todos", explicó con una solemnidad apabullante. "La mayoría de los demás laboratorios están enfocados en desarrollar IA para empresas, gobiernos u otras instituciones, así que, si esos laboratorios toman la delantera, el equilibrio de poder favorecerá a las grandes instituciones por encima de los individuos".

En serio. Prefiero mil veces un monólogo de O'Leary, una bofetada de Chang o cualquier cosa que no transmita el vacío asfixiante de tanta "comunicación" corporativa.

No estoy de acuerdo con todo lo que dicen los que van de cara. A veces son innecesariamente ofensivos y no creo que me gustara trabajar para ninguno de ellos, lo cual me viene bien, ya que estoy convencida de que ninguno me contrataría. También pienso que Fuse Energy, la empresa de Chang, es menos apasionante de lo que creen sus inversores. Pero necesitamos más consejeros delegados que no tengan miedo de hablar claro, especialmente aquellos que controlan una nueva y potente tecnología que podría transformar la vida tal y como la conocemos.

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Fuente original: Leer en Expansión
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