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Negar la evidencia

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Hay quienes no se suben a hombros de gigantes, sino de enanos

La última de verano

Negar la evidencia

Hay quienes no se suben a hombros de gigantes, sino de enanos

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Regala esta noticia Añádenos en Google Frederich von Mierers en 'Bring me the beauties: A Model Cult'. (HBO Max)

Rosa Palo

20/07/2026 Actualizado a las 02:17h.

Hoy, 20 de julio, hace 57 años que el hombre puso un pie en la Luna. O eso pensamos quienes tenemos los pies sobre la ... Tierra, que todavía hay gente que afirma que aquello fue un montaje: que si la bandera ondeaba sin que hiciese viento, que si no se veían las estrellas y que si se rodó en un estudio de Hollywood. Bueno, pues minipunto para ellos, que no voy a perder el tiempo desmontando semejantes insensateces con argumentos científicos. Servidora es un servicio público, pero especializado en el cotilleo. Además, ¿para qué esforzarse? Ahí tienen a los terraplanistas, desafiando siglos de conocimiento; a los acecinados, que niegan la autoridad de dermatólogos, de oncólogos y de todos aquellos que saben distinguir un melanoma de una lenteja; a los que señalan el cielo convencidos de que esas estelas son un invento para controlarnos; a los que proclaman que los campos electromagnéticos nos fríen las meninges, aunque se conectan a ellos en cuanto tienen ocasión para predicar sus ocurrencias. Hay quienes, voluntariamente, no se suben a hombros de gigantes, sino de enanos. Por eso no ven más allá de su propia estulticia.

Es cierto que me pierdo cosas: ya no sé cuántos artículos he leído últimamente sobre la «ventaja silenciosa» del atractivo físico. Hombre, será silenciosa si llevas la cara tapada. Y que tampoco hay que ser muy espabilado para escribir sobre el tema: de toda la vida les ha ido mejor a los guapos. Nacen con una fachada que funciona como una entrada VIP para acceder a cualquier sitio que se les antoje, mientras que el resto tenemos que encalarnos hasta el tejado para asomar el morro por la puerta.

Algunas, y también algunos, todavía se quejan. Y echan mano del refranero para justificar su lamento: «La suerte de la fea, la guapa la desea», dicen poniendo un mohín irresistible con sus labios carnosos, sus pómulos desafiantes y sus pestañas espesas. Julieta Serrano se lo contaba hace años a Virginia Drake en una entrevista en XL Semanal: «Yo tenía una amiga muy guapa que siempre nos decía: «Es que vosotras no sabéis la cruz que supone ser guapa». A mí me daban ganas de darle una hostia, porque yo no era fea, aunque me sintiera más fea de lo que era». Pues eso. Las ganas de arrear un sopapo no se te quitan, pero nos libramos del peligro de ser captadas por una secta con aversión a los feos. Cacofobia se llama eso. Y, al menos, no ponemos en duda que el hombre llegó a la Luna, ni negamos el cambio climático, ni pensamos que la Tierra es plana, ni nos pasamos la ciencia por la peineta. No seremos guapas, pero sabemos distinguir los hechos de las creencias. Excepto cuando se trata de cremas milagrosas que prometen fulminar la celulitis: ahí me lo creo todo. ¿Quién no quiere unos muslos de alabastro?

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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