Ángel en la puerta de su negocio en el polígono del Tarjal. Iranzu G. Vergara Ceuta
Reportajes Ángel, el último cristiano de El Tarajal: "Todo es una mentira, Mohamed VI ha usado a sus súbditos. Es una pesadilla”La mayor parte de persianas de El Tarajal están bajadas, apenas sobreviven una decena de ellos donde conviven con los asentamientos.
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Iranzu G. Vergara Ceuta Publicada 13 septiembre 2026 06:00h SíguenosLa carretera que bordea la costa ceutí va dibujando una silueta sobre la que deambulan miles de inmigrantes que entraron con la avalancha el pasado 30 de julio.
Algo que va evidenciando la proximidad a El Tarajal y a las naves de este polígono que casi está abandonado.
Nada más cruzar la fachada del CEIP Príncipe Felipe de Ceuta, al otro lado, se puede ver uno de los coches calcinados en los incidentes nocturnos.
Pero es ir adentrándose por la parte baja de las naves del antiguo polígono y un olor fuerte que coge la respiración empieza a apoderarse de cualquiera que transite estas calles.
Al principio tan solo un par de tiendas de campaña o asentamientos improvisados con cañas, aunque muchos de los asentamientos que se habían ido formando fueron retirados hace poco tiempo "por la visita del ministro Marlaska", según cuentan a EL ESPAÑOL.
En mitad de las naves abandonadas de mezcla tricolor con rosas, azules y amarillos que impregnan el polígono, se encuentra una pequeña tienda de Zapatos.
Tan solo unos metros más adelante en la puerta está Ángel, con un cigarro en la boca y contemplando cómo los migrantes deambulan de un sitio a otro por las calles que llevan a su asentamiento improvisado en mitad del polígono.
"Soy el único cristiano que queda en El Tarajal" cuenta bromeando Ángel.
Él es un ceutí que abandonó el centro de la ciudad y decidió irse a las afueras por eso de tener un "espíritu algo ermitaño", cuenta.
Pero, a pesar de haberse trasladado a un taller sin apenas luz y pequeño, sus clientas (principalmente) continuaban yendo asiduamente y haciéndole encargos.
Desde la invasión las ventas han caído y los clientes "ya no quieren venir aquí".
"Me dicen: pero tú estás loco, ¿qué haces ahí? Vente para aquí", relata Ángel a EL ESPAÑOL, pero él prefiere continuar en su pequeño fuerte que, de alguna forma, ha convertido en su refugio.
Sin embargo, la situación también es límite para él. Ángel lleva desde el día 31 cuando se produjo la invasión a escasos metros de su negocio, en la frontera, soportando cientos de chabolas y a miles de personas deambulando por esas calles.
Las chabolas rodeaban completamente su negocio, toda la calle en la que se encuentra y las de alrededor.
Aunque, ahora "les han metido a todos en la parte de abajo", relata a EL ESPAÑOL, se han vivido momentos de tensión.
"Venían y pedían de una forma muy humilde" que les cargasen el móvil o que les diesen algo, pero tras la construcción del asentamiento esas peticiones "se convirtieron en exigencias".
Miles de ellos pasaban cada día por las puertas de su nave y cuenta que esto ha sido "una pesadilla para todos los que estamos viviendo esto".
"Yo la he pasado porque tengo filosofía, pero esto ha sido una locura", se sincera con EL ESPAÑOL.
Y, es que, Ángel es el único cristiano que queda todavía en esta zona defendiendo su negocio como si de su pequeño -gran- fuerte se tratase.
Así lo relata mientras de fondo suena música de una radio antigua que tiene en la entrada de su tienda, detrás de la máquina de coser.
"Esto ha sido una mentira"
Ángel desde su pequeño fuerte en El Tarajal cuenta que "los ciudadanos de Ceuta estamos reventados", porque "los niños no pueden ir al colegio, los padres están asustados o los abuelos no pueden salir al parque", explica.
Por eso, la gente no puede más y asegura a EL ESPAÑOL que los que quedan "son lo peor de lo peor".
Estos últimos 40 días han sido muy duros para Ángel que tan solo lleva 1 año con su negocio en esta zona: "Ha sido todo muy difícil porque se quedaban hasta las tantas de la mañana, se drogaban, se pegaban entre ellos", explica.
Algo que se ha reducido después de que se hayan aglutinado en la parte de abajo del polígono, en la zona izquierda.
Pero, es que, para él "todo esto ha sido una mentira" y lamenta que "a su Rey Mohammed VI no le ha importado una mierda que mueran en el mar, ni los derechos humanos".
Algo que compara "con la Marcha Verde usando a sus súbditos" y echa la vista atrás a 2021.
"Lo hizo en 2021, lo ha hecho otra vez y lo volverán a hacer" y, mientras tanto, quienes pagan todo esto "somos los vecinos de Ceuta que no podemos más", explica.
Todavía se retrotrae más y cuenta: "Desde que lleva en el trono el rey de Marruecos, siempre ha querido reclamar Ceuta y Melilla", sentencia este hombre.
"Ha sido una locura, gracias a Dios no me ha pasado nada porque tengo un poco de kilómetros", hace uso del propio estilo caballa con un toque de humor en la tragedia.
Todo esto ha provocado un gran descontento en Ángel, el último cristiano de El Tarajal, con el Gobierno Central. Aunque no es el único en la ciudad que tiene esta sensación.
"Maldita sea la hora que voté yo a este capullo -refiriéndose a Pedro Sánchez-", se lamenta con EL ESPAÑOL tras arrepentirse del voto y, ahora ver, que no se les está dando una solución a la ciudad.
"El pueblo de Ceuta no les importa una mierda" y, para él, las consecuencias que tiene es "seguir aguantando" con todo esto tanto ceutíes como malagueños.
"Me he decepcionado completamente después de 40 años luchando por unas libertades" y ahora nadie da una solución.
Así traslada el abandono institucional que ha habido por parte del Gobierno a los ceutíes.
Pero, al final relata que a pesar de todo lo negativo y de que los ceutíes ya no pueden más, él también es "humano" y ha tratado de ayudar cuando iban a su tienda a pedir que "cargas del teléfono móvil, agua o que se les cosiese alguna cosa".
"Yo no tengo el corazón de piedra, pero si ayudas a uno tienes que ayudar a todos", algo que resulta imposible.
Lo que sí que está es agradecido porque no ha tenido "percances, tan solo un par de asuntos que se solucionaron".
Algo que es una gran victoria para Ángel porque su tienda se encuentra a escasos metros de todos los asentamientos de la parte baja del Tarajal donde hay algunos asentamientos y el olor junto con el ambiente se vuelven densos.
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