Bitcoin lleva años presentándose como un sistema descentralizado, resistente por diseño y menos expuesto a los puntos únicos de fallo que afectan a la banca tradicional. La idea es potente y, en buena medida, cierta. Pero tiene un matiz importante que suele quedar fuera de la conversación: para funcionar, Bitcoin sigue apoyándose en una infraestructura física muy concreta que conecta el mundo y que también condiciona su resistencia real.
El estudio que pone cifras a la resiliencia. Un estudio del Cambridge Centre for Alternative Finance, basado en once años de tráfico de la red y 68 incidentes reales en cables explica algo muy interesante. El umbral de desconexión significativa del clearnet de Bitcoin se sitúa entre el 72% y el 92% de los cables submarinos en escenarios de fallos aleatorios. Sin embargo, el mismo trabajo introduce un matiz decisivo: esa solidez cambia de forma notable cuando el problema deja de ser aleatorio.
Descentralización, pero no aislamiento. Que Bitcoin no tenga una autoridad central no significa que funcione al margen del resto de infraestructuras. Su red está formada por nodos distribuidos que intercambian información constantemente, pero lo hacen a través de proveedores, rutas y sistemas físicos que también sostienen internet. El propio estudio de Cambridge subraya esa interdependencia entre capas, donde lo lógico y lo material conviven.
Para que esa red distribuida funcione, los nodos necesitan intercambiar datos de forma continua, y eso ocurre sobre una infraestructura global compartida con el resto de internet. Hablamos de cables submarinos, enlaces terrestres, proveedores de servicios y sistemas de enrutamiento que determinan por dónde circula la información. La resiliencia de Bitcoin, según el estudio, depende en buena medida de cómo se organizan y conectan todos esos componentes.
Donde cambia todo es en los ataques dirigidos. Frente a la resistencia mostrada en escenarios aleatorios, el estudio advierte de una vulnerabilidad mucho más accesible cuando el ataque se centra en grandes ASNs o en infraestructuras de enrutamiento clave. No es lo mismo dañar cables de forma indiscriminada que golpear superficies concretas de la red, y esa diferencia dibuja un escenario muy distinto al de los fallos masivos e indiscriminados.
Los investigadores apoyan sus conclusiones en eventos documentados. Uno de los más significativos es el corte de cables registrado el 14 de marzo de 2024 frente a Costa de Marfil, que afectó a múltiples países de la región. A escala global, el impacto sobre la red Bitcoin fue minúsculo, aunque a nivel regional las consecuencias fueron mucho más visibles.
El papel de Tor en la resiliencia. El estudio identifica otro elemento que influye en la robustez de la red: el uso creciente del protocolo Tor. Según sus datos, en 2025 alrededor del 64% de los nodos de Bitcoin ya operan a través de esta red y, en el modelo de cuatro capas que emplean los investigadores, esa evolución no solo no debilita la infraestructura, sino que eleva su resiliencia frente a cortes de cables bajo la geografía actual de los relés.
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Así que, en conjunto, el estudio dibuja un escenario menos intuitivo de lo que suele plantearse. Bitcoin no parece especialmente expuesto a un colapso provocado por fallos masivos e indiscriminados en la infraestructura global, pero sí a disrupciones mucho más focalizadas. La clave, según los investigadores, no está tanto en la escala del daño como en dónde se produce, lo que obliga a replantear cómo entendemos su resiliencia.
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Ni cortar la mayoría de cables submarinos tumbaría Bitcoin: el problema es otro y está mucho más cerca
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por
Javier Marquez
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Ni cortar la mayoría de cables submarinos tumbaría Bitcoin: el problema es otro y está mucho más cerca
Bitcoin resiste fallos aleatorios de cables mucho mejor de lo que parece
El verdadero riesgo aparece cuando el ataque se dirige a puntos clave del enrutamiento
Bitcoin lleva años presentándose como un sistema descentralizado, resistente por diseño y menos expuesto a los puntos únicos de fallo que afectan a la banca tradicional. La idea es potente y, en buena medida, cierta. Pero tiene un matiz importante que suele quedar fuera de la conversación: para funcionar, Bitcoin sigue apoyándose en una infraestructura física muy concreta que conecta el mundo y que también condiciona su resistencia real.
El estudio que pone cifras a la resiliencia. Un estudio del Cambridge Centre for Alternative Finance, basado en once años de tráfico de la red y 68 incidentes reales en cables explica algo muy interesante. El umbral de desconexión significativa del clearnet de Bitcoin se sitúa entre el 72% y el 92% de los cables submarinos en escenarios de fallos aleatorios. Sin embargo, el mismo trabajo introduce un matiz decisivo: esa solidez cambia de forma notable cuando el problema deja de ser aleatorio.
Descentralización, pero no aislamiento. Que Bitcoin no tenga una autoridad central no significa que funcione al margen del resto de infraestructuras. Su red está formada por nodos distribuidos que intercambian información constantemente, pero lo hacen a través de proveedores, rutas y sistemas físicos que también sostienen internet. El propio estudio de Cambridge subraya esa interdependencia entre capas, donde lo lógico y lo material conviven.
Para que esa red distribuida funcione, los nodos necesitan intercambiar datos de forma continua, y eso ocurre sobre una infraestructura global compartida con el resto de internet. Hablamos de cables submarinos, enlaces terrestres, proveedores de servicios y sistemas de enrutamiento que determinan por dónde circula la información. La resiliencia de Bitcoin, según el estudio, depende en buena medida de cómo se organizan y conectan todos esos componentes.
Donde cambia todo es en los ataques dirigidos. Frente a la resistencia mostrada en escenarios aleatorios, el estudio advierte de una vulnerabilidad mucho más accesible cuando el ataque se centra en grandes ASNs o en infraestructuras de enrutamiento clave. No es lo mismo dañar cables de forma indiscriminada que golpear superficies concretas de la red, y esa diferencia dibuja un escenario muy distinto al de los fallos masivos e indiscriminados.
Los investigadores apoyan sus conclusiones en eventos documentados. Uno de los más significativos es el corte de cables registrado el 14 de marzo de 2024 frente a Costa de Marfil, que afectó a múltiples países de la región. A escala global, el impacto sobre la red Bitcoin fue minúsculo, aunque a nivel regional las consecuencias fueron mucho más visibles.
El papel de Tor en la resiliencia. El estudio identifica otro elemento que influye en la robustez de la red: el uso creciente del protocolo Tor. Según sus datos, en 2025 alrededor del 64% de los nodos de Bitcoin ya operan a través de esta red y, en el modelo de cuatro capas que emplean los investigadores, esa evolución no solo no debilita la infraestructura, sino que eleva su resiliencia frente a cortes de cables bajo la geografía actual de los relés.
Así que, en conjunto, el estudio dibuja un escenario menos intuitivo de lo que suele plantearse. Bitcoin no parece especialmente expuesto a un colapso provocado por fallos masivos e indiscriminados en la infraestructura global, pero sí a disrupciones mucho más focalizadas. La clave, según los investigadores, no está tanto en la escala del daño como en dónde se produce, lo que obliga a replantear cómo entendemos su resiliencia.