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Sánchez hace oídos sordos frente a la oposición, los usuarios de tren y el sector agrícola.
Pedro Sánchez compareció ayer en el Congreso de los Diputados, casi un mes después del trágico accidente ferroviario de Adamuz en el que fallecieron 46 personas, para ofrecer explicaciones respecto a lo sucedido. Pero lejos de arrojar luz sobre las causas de la crisis más grave de la red de alta velocidad en España en sus cuatro décadas de servicio, trató de minimizar lo sucedido en la línea Madrid-Huelva el pasado 18 de enero, así como con las cancelaciones y retrasos masivos que han tenido que sufrir los usuarios del tren desde entonces, que se suman a la larga lista de incidencias previas de menor repercusión.
El relato expuesto por Sánchez en la Cámara Baja choca con la percepción de la mayoría de los españoles, algo que se repite casi como un patrón de funcionamiento con cuestiones como la intensa pérdida de poder adquisitivo por la elevada presión fiscal, los problemas de acceso a la vivienda y el crecimiento de la ocupación ilegal de pisos, las consecuencias de sus pactos con los separatistas para el resto de los españoles, o la asfixia de costes que sufren sectores enteros como la agricultura o la ganadería.
Casi a la vez que el presidente del Ejecutivo desgranaba su edulcorada visión de la red ferroviaria de nuestro país, que el ministro Óscar Puente llegó a calificar de estar en "el mejor momento de su historia" hace sólo unos meses, cientos de agricultores colapsaban el centro de Madrid con sus tractores en protesta por la excesiva burocracia de las políticas medioambientales de la UE y el Gobierno, las insoportables cargas laborales a las que deben hacer frente por la subida encadenada del salario mínimo y las cotizaciones a la Seguridad Social, y las condiciones del acuerdo de libre comercio con Mercosur.
Pero, como es habitual, Sánchez hizo oídos sordos a las demandas tanto las de las organizaciones de agricultores y ganaderos como a las de la oposición e incluso de varios de sus socios, que expusieron su malestar por la falta de autocrítica ante las gravísimas deficiencias detectadas en el mantenimiento de la red ferroviaria a pesar de que Adif es el organismo que más fondos NextGeneration ha recibido. Lo más acadabrante fue que Sánchez trató nuevamente de culpar de la situación alarmante del servicio de ferrocarril a la herencia recibida, cuando lleva ya más tiempo en Moncloa que su antecesor, Mariano Rajoy, y ha tenido barra libre de gasto público desde la pandemia aunque no ha sido capaz de aprobar los Presupuestos desde 2022.
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