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Ni introvertido, ni extrovertido... Llegan los otrovertidos ¿te reconoces en esta 'personalidad'?

Ni introvertido, ni extrovertido... Llegan los otrovertidos ¿te reconoces en esta 'personalidad'?
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Pocos amigos y soledad elegida. Les gusta hablar y se desenvuelven bien en una reunión, pero no sienten la necesidad de pertenecer a un grupo
Ni introvertido, ni extrovertido... Llegan los otrovertidos ¿te reconoces en esta 'personalidad'?

Pocos amigos y soledad elegida. Les gusta hablar y se desenvuelven bien en una reunión, pero no sienten la necesidad de pertenecer a un grupo

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Carmen Barreiro

20/09/2026 Actualizado a las 00:08h.

Y tú, ¿te consideras una persona introvertida o extrovertida? Yo lo tengo bastante claro, la verdad. Pero no siempre es así. De hecho, hace más ... o menos un año empezó a popularizarse una tercera palabra para describir nuestra manera de ser: otrovertido. Este término –no se trata de un diagnóstico ni de un tipo de personalidad científicamente establecido– se refiere a esas personas que son perfectamente capaces de socializar, pero no sienten la necesidad de pertenecer a un grupo.

El primero en hablar de este concepto fue el psiquiatra estadounidense Rami Kaminski en su libro ‘El don de no encajar. Descubre la personalidad de la gente altamente independiente’ (Ed. Zenith), publicado en 2025. Su propuesta describe a «personas que pueden relacionarse con normalidad, ser cercanas, empáticas e incluso populares, pero que no sienten una inclinación intensa por formar parte de grupos o a definir su identidad a través de ellos». Piensa, por ejemplo, en alguien que puede disfrutar muchísimo de una charla de dos horas con un amigo, pero no tiene ningún interés en formar parte de esa cuadrilla. O es capaz de trabajar en grupo sin ningún problema, pero prefiere desarrollar parte del proyecto a solas.

Diferentes intensidades

Mientras los introvertidos giran hacia dentro para recargar energía y los extrovertidos lo hacen hacia fuera buscando un estímulo, los otrovertidos se sitúan como observadores, como si fuesen un turista o un visitante. «Ahora bien, que algunas personas se reconozcan en esta descripción es perfectamente aceptable. Lo que todavía no se puede afirmar es que exista una nueva clase de personalidad claramente separada del resto de la población», precisa la psicóloga. Mucho antes de que apareciese el término, la psicología ya llevaba décadas estudiando el sentido y la necesidad de permanencia en un grupo. Y la conclusión es que no todas las personas necesitamos pertenecer a un equipo o una comunidad con la misma intensidad.

Al margen de las clasificaciones científicas, Rodríguez explica cómo suelen desenvolverse los otrovertidos en diferentes situaciones de la vida cotidiana. ¿Te reconoces en alguna de ellas?

En las amistades: pueden tener dos o tres amigos muy significativos y sentir poco interés por mantener una cuadrilla estable. «No porque les caigan mal los grupos o no sepan gestionarlos, sino porque disfrutan más de la conversación individual o porque su identidad no depende tanto de formar parte de un 'nosotros' permanente», precisa la especialista de la Clínica Ocnos.

En el trabajo: colaboran correctamente, aportan ideas y se comunican bien, pero se sienten más cómodos cuando tienen margen de autonomía. Y eso no los convierte automáticamente en personas poco cooperativas. La cuestión aquí está en que puedan trabajar con otros cuando la situación lo requiera sin que ello les haga sentir un malestar desproporcionado.

En la familia: es habitual que les cueste entender ciertas lealtades grupales del tipo 'aquí siempre se han hecho las cosas así' o que pertenecer a una familia obliga a compartir todas sus opiniones. «Esa independencia puede ser saludable, aunque también requiere aprender a expresar diferencias sin tener que romper vínculos innecesariamente», aclara la especialista.

En redes sociales: a las personas otrovertidas no les suele interesar seguir tendencias, participar en comunidades o construir una identidad pública alrededor de un grupo. Ahora bien, es importante comprobar que ese distanciamiento nace de una preferencia y no del miedo al juicio a las comparaciones constantes o a experiencias de rechazo.

Parece lo mismo, pero no lo es

No necesitar una vida social muy activa no es un problema psicológico en sí mismo. «Es una forma de relacionarse perfectamente válida si existe una cierta flexibilidad y las necesidades básicas están razonablemente cubiertas», aclara Rodríguez. El tiempo a solas de una persona otrovertida suele ser elegido, no impuesto por el miedo. En este punto, es muy importante diferenciar entre 'hoy me quedo en casa porque me apetece o porque no me interesa demasiado el plan' (otrovertido) y 'quiero ir, pero mejor me quedo en casa porque estoy convencido de que si voy, me van a rechazar' (ansiedad social). La segunda frase describe una situación totalmente diferente a la primera. Porque estar a solas por elección no tiene nada que ver con sentirse solo.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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