Hay otros que analizan el impacto del calor en el cerebro de forma más controlada y directa. Pero sus resultados son difíciles de generalizar. Por ejemplo, un estudio se hizo en bomberos estadounidenses justo antes y después de realizar 15 minutos de entrenamiento en un edificio en llamas. Otro observó una clara caída del rendimiento y la productividad de un grupo de soldados estadounidenses a las 4-5 horas de realizar una prueba en una cámara con control de temperatura, pero eran soldados altamente entrenados y llevaban trajes de protección química.
Otra estrategia habitual consiste en utilizar tests para medir el impacto de las olas de calor en el rendimiento de los niños en la escuela. “Claro, los días que hace más calor los niños no están rindiendo como deberían”, explica Guxens, que está trabajando en un estudio de este tipo, “pero esto puede depender de mil cosas, incluso de lo que te han enseñado en la escuela”, matiza.
Francia y en Estados Unidos.Guxens, que estudia el efecto de la temperatura en morfología y conectividad cerebral, considera que el efecto está relacionado con el aumento de las hormonas del estrés, la inflamación en el cerebro, y, en general, con el esfuerzo por regular la temperatura en el cerebro. “También hay fatiga”, aclara la especialista en medicina preventiva. “El cuerpo se está intentando ajustar y está sufriendo”, explica, “por esto acaba afectando tanto la salud mental como la función cognitiva”.
Lo que sí está ampliamente reconocido es el impacto de la mala calidad del sueño. “Con estas olas de calor, no podemos dormir porque las temperaturas de la noche son muy altas”, razona la investigadora, ”y si no podemos dormir, el cerebro no hace ese reset que necesita por la noche, y esto afecta al día siguiente”, aclara. Tanto es así que el grupo Climate Central ha intentado cuantificar las horas de sueño perdidas como consecuencia del calor: 556 de media al año entre 2020 y 2025, según un análisis de 1,338 ciudades del mundo.
este, publicado en la revista Nature, o este otro de International Journal of Environmental Research and Public Health— que conectan el calor con la capacidad de asimilar información, tomar decisiones y, en general, las horas de trabajo generadas.un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima que la productividad de los trabajadores cae entre un 2 y un 3% por cada grado por encima de los 20 grados.“Existe una literatura científica amplia sobre la relación entre estrés térmico, capacidad física para trabajar y productividad laboral”, explica David García León, asesor científico del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España y uno de los autores principales del estudio de Nature.
En la región europea el daño no es menor y, como alerta la OMS, afecta a grandes industrias como la agricultura, el transporte, la producción o el turismo.
El estudio de Nature, por ejemplo, analizó el daño económico por la pérdida de productividad laboral durante episodios de calor extremo en 274 regiones europeas; y sus proyecciones son alarmantes. Para 2060, las pérdidas podrían ser hasta 5 veces mayores que las registradas en el periodo de 1981 a 2010 (en torno al 0,2% del PIB). En los países con mayores pérdidas (Portugal, España, Croacia y Chipre) podrían llegar a suponer el 3% del PIB.
Séptimo Informe de Evaluación del IPCC (AR7), los modelos económicos simplifican el funcionamiento de la economía y dependen de muchos supuestos y, en este caso, de la estructura económica de un año de referencia determinado.Además, aunque el estudio tiene en cuenta tanto los sectores afectados como su propagación al resto de la economía, solo contabiliza las pérdidas derivadas de la reducción de la productividad laboral.
daños en la agricultura y el transporte, entre otros.Guxens también considera que es importante tener en cuenta el retraso que acumulan muchos de estos estudios. “La investigación va muy lenta”, explica. “Cogemos datos ya recogidos de quizás los últimos diez años y, claro, las temperaturas no eran las mismas que ahora”.
El modelo de Naturese publicó en 2021 con datos de hasta 2018, y como señala García León, deja fuera muchos efectos indirectos, el impacto de la pérdida de sueño, los desplazamientos al trabajo o los efectos acumulativos de varios días de exposición.
la ropa, el esfuerzo, la humedad, la ventilación, etc., así como los efectos sobre el aprendizaje y el rendimiento cognitivo, o el impacto de las estrategias de adaptación, que también conllevan costes.Aunque quizá el mayor problema para medir el impacto del calor en la productividad es que no hay un baremo exacto.
Como explica Guxens, que analiza el efecto de las altas temperaturas en el desarrollo cerebral y cognitivo en niños, el impacto del calor no tiene tanto que ver con una temperatura concreta, como con la capacidad de nuestro cuerpo para adaptarse a esa temperatura.
“Lo que está pasando con el cambio climático es que las temperaturas están cambiando más rápido de lo que el cuerpo es capaz de irse adaptando”, explica la especialista en medicina preventiva y salud pública.
Es por esto que las olas de calor son tan dañinas para el cuerpo. Sobre todo en zonas donde la infraestructura y la cultura no están adaptadas a esas temperaturas.
estudios y expertos atribuyen al cambio climático producido por los combustibles fósiles, siguen azotando Europa.más de 1300 muertes adicionales relacionadas con las altas temperaturas en Europa. En España, el Sistema de Monitorización de la Mortalidad diaria (MoMo) registró más de 950 muertes atribuibles a las altas temperaturas solo en junio, y las estimaciones en países como Francia y Bélgica fueron aún mayores.El impacto social y económico de estos datos aún es incierto, pero si no se toman medidas de adaptación y no se frena el cambio climático producido por el hombre, como sugiere Guxens, el futuro podría ser aún más devastador.
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