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«No financiar los nuevos fármacos para la obesidad es discriminación»

«No financiar los nuevos fármacos para la obesidad es discriminación»
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La pandemia de obesidad puede tocar a su fin con terapias tipo Ozempic, cuya segunda generación ya está en fase de ensayo y con resultados más potentes

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Francisco Tinahones posa en el hospital Virgen de la Victoria de Málaga, donde lidera la Unidad de Endocrinología y Nutrición. Salvador Salas

Francisco Tinahones

Presidente electo de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición «No financiar los nuevos fármacos para la obesidad es discriminación»

La pandemia de obesidad puede tocar a su fin con terapias tipo Ozempic, cuya segunda generación ya está en fase de ensayo y con resultados más potentes

Rocío Mendoza

Madrid

Sábado, 28 de febrero 2026, 07:02

... inesperada revolución. La irrupción de los nuevos fármacos contra la obesidad, una de las patologías tratadas por estos especialistas, tienen parte de culpa. El interés en ellos es indiscutible. No obstante, lo que realmente subyace tras el fenómeno es la altísima incidencia que tiene hoy en día el exceso de peso y los problemas que éste acarrea. Tinahones y sus colegas luchan a diario desde la consulta contra esta enfermedad que, aventura, podría está iniciando el camino para llegar a ser historia. Algo que, reconoce, nunca llegó a soñar. Tras décadas sin grandes novedades terapéuticas en su área, el próximo 4 de marzo, Día Mundial contra la Obesidad, celebrarán el futuro prometedor que augura este campo de la Medicina.

–Quizá entonces la pregunta adecuada sea entonces a qué se debe el boom de estas patologías que cita.

–En nuestro país más de la mitad de la población no tiene un peso adecuado y la causa es multifactorial. Por un lado, vivimos en un entorno 'pesogénico', es decir, que nuestro hábitat tiende a contribuir a esta pandemia. Ha cambiado nuestro estilo de vida, la actividad física en los trabajos ha desaparecido, la oferta de alimentos es ahora generalizada, y sobre todo, de alto contenido calórico y, por último, tenemos hambre. Esto se debe a nuestra biología, que está preparada para acumular grasa. Los homínidos sobrevivieron a la hambruna de hace más de 2 millones de años porque tenían apetito y su fisiología estaba adaptada para acumular grasa. Ahora, de repente, nos encontramos con ese apetito, con esa biología y con una acceso a los alimentos –muchos hipercalóricos– generalizado. Esto no se ha vivido de forma tan global hasta después de la Segunda Guerra Mundial. Antes, nuestro planeta ha vivido en la escasez.

–¿Cree que, como sociedad, somos conscientes del peligro? Estudios señalaban que la gente no se ve mal a pesar de estarlo.

–Ese estudio que cita es antiguo y, ciertamente, un 20% de las personas que estaban obesas no lo veían como un problema. Ahora hemos hecho otro muy reciente y vemos que casi se han invertido las tornas. Todos los sujetos con obesidad –o un porcentaje muy alto– asumen que deben perder unos kilos. Es decir, estamos dando un giro en materia de concienciación y está empezando a verse la obesidad como una enfermedad, que es como hay que verla y afrontarla.

–Está reconocida como tal, pero no tratada así en España. Al menos, no con fármacos.

–No está tratada igual que otra enfermedad. Todavía existe el estigma sobre las personas que la padecen, que son valoradas como si tuvieran falta de voluntad. Algunos sectores sanitarios, incluso alguna administración pública, lo ven como algo que hay que abordar desde la prevención y decirle a las personas que tienen que cambiar sus hábitos, cuando no es tan fácil. Cuando lo intentamos, fracasamos en un porcentaje altísimo. Las herramientas terapéuticas que teníamos antes eran muy poco efectivas, pero ahora sí lo son (los antagonistas del GLP-1, tipo Ozempic), y mucho, pero no las cubren los sistemas públicos de salud. Esto es una discriminación de una enfermedad con respecto a otra.

–¿El problema es el precio? En otros casos los tratamiento son millonarios y se cubren.

–No, el problema es que afecta a mucha gente. En casos como los que cita, como los oncológicos, por suerte no es así. Con la obesidad hablamos de un 20% de la población afectada. Nuestra postura es que hay que empezar a pensar en financiar estas medicinas, por ejemplo, en casos de obesidad grave. Estamos sometiendo a sujetos a cirugías cuando podrían alcanzar los mismos resultados con estas nuevas terapias. No es muy razonable meter a un paciente en un quirófano teniendo estas herramientas. Y, sobre todo, no podemos negar la evidencia en individiuos que tenían una enorme cantidad de enfermedades derivadas de la obesidad han desaparecido tras ponerle estos tratamientos. Entendemos que desde la noche a la mañana no se puede adaptar el sistema, pero confiamos en que se estudie y que entren poco a poco para determinados perfiles.

–¿Le consta que haya conversaciones avanzadas con Sanidad en este sentido?

–Sí, de hecho, a nosotros como SEEN se nos ha pedido que informemos oficialmente de nuestra postura. Ahora mismo este tema está en el debate político y esperemos que salga pronto alguna decisión, al menos para un porcentaje determinado de pacientes obesos que puedan beneficiarse de estos fármacos, que literalmente les cambian la vida.

–Sanidad publicó hace poco el gasto sanitario y la 'familia Ozempic' suponía ya el mayor desembolso. ¿Salen las cuentas si solo se financian para la diabetes?

–Sí, la incidencia es altísima. Hay más de un paciente diabético por cada 10 habitantes. Y un 20% de los obesos la padecen.

–¿Han detectado el movimiento de opinión, especialmente en redes sociales, en contra de estos medicamentos que llevan directamente al miedo?

–Sí, sin duda. Sucede que la obesidad y la nutrición es probablemente el área del conocimiento médico donde hay más 'fake news' y más desinformación. Hay que recordar que estas nuevas terapias han tenido periodos de seguimiento de más de 6 años. Los mensajes por la pérdida de masa muscular, etc., son obvios. Pasa igual con las dietas y por eso aconsejamos la actividad física. No se puede negar que sea un efecto secundario en cualquier pérdida de peso. Sin más.

–¿Y el temido efecto rebote que tantas vueltas está dando tras aquel sonado estudio?

–Pues igual que si a un paciente con hipertensión le quitan el medicamento, vuelve otra vez a subir la tensión, con estos, vuelve el apetito. Deben verse como tratamientos a medio-largo plazo. No para tomarlos dos meses porque se dará el efecto rebote. Son para pacientes con obesidad o alguna enfermedad metabólica, no para quienes tienen un normopeso y se quieren quitar cuatro kilos para ir a una boda. Lo que sucede es que es difícil mantenerlos a largo plazo por su precio. Es la realidad.

–¿Qué consecuencias puede tener ese mal uso?

–Ahí sí hay preocupación porque los ensayos están hechos con personas con obesidad, no con el resto. Entonces no sabemos qué problemas de seguridad pueden dar en estos sujetos.

–Cita el medio-largo plazo, ¿de cuántos meses estamos hablando?

–Dependerá, pero si pensamos que es una enfermedad crónica, pues probablemente tendrán que estar largo plazo. La mayoría de los estudios que hay son a 6 años. También se puede jugar con las dosis. Para mantener el peso y evitar el efecto rebote se pueden reducir y así el coste sería menor. Ahí el clínico tiene margen para evitar que se recuperen los kilos. Pero quitarlo abruptamente, sin estar resuelto el problema, hará regresar el apetito.

–Ahora hablamos de semaglutida (Ozempic, Wegoby) y tierzepatida (Mounjaro) como los principios activos para la obesidad. ¿Van a ser superados pronto?

–Sí, y con un resultado brutal. Ahora mismo en nuestro laboratorio, en el hospital, estamos probando más de 10 moléculas nuevas. Los resultados de algunas de ellas se acercan a los de la cirugía bariátrica, con pérdidas de peso superiores al 30%. Vienen fármacos incluso más potentes que los que tenemos ahora.

–¿Cuál es su mecanismo de acción?

–La mayoría son moléculas que ya tenemos en nuestro aparato digestivo. Desde ahí, mandan señales al cerebro para decirle que hay alimento suficiente, que no hace falta comer más. Pero esas señales las tenemos reguladas a la baja porque hemos pasado hambruna durante toda nuestra existencia. Digamos que están programadas para llamar al cerebro con los nudillos y, ahora, las nuevas moléculas envían las mismas señales pero con un timbre potente.

–Pensábamos que el apetito estaba en el cerebro, pero no. ¿Era el error clave?

–Sí. Curiosamente, hemos diseñado moléculas que fueran directamente al cerebro en el siglo pasado y no hemos tenido éxito. Ahora, pensando en el intestino, hemos encontrado una diana terapéutica.

–¿Qué diría a tanto detractor de estos medicamentos?

–Les pediría que hablaran con el 80-90% de los pacientes a los que le ha cambiado su calidad de vida. De tener de diabetes a no tenerla; de tener apnea del sueño y a dormirse durante el día, a no tenerla; de tener un hígado lleno de grasa a no tenerlo. Es verdad que algunos pacientes no toleran la medicación por intolerancia digestiva, como otros medicamentos, pero en las encuestas de los ensayos sorprende el bienestar que recupera ese otro altísimo porcentaje de pacientes. Parece haber una lucha porque se cree que tras estos medicamentos los nutricionistas pierden su espacio, pero es al contrario. El acompañamiento nutricional ahora es muy necesario. Más, incluso.

–¿Llegará a ser la obesidad algo del pasado, como lo era pasar hambre?

–Puede ser, sí. Yo llevo investigando en obesidad desde hace más de 30 años y no podía esperar que aparecieran moléculas de esta potencia. No soñábamos con que esto existiera. Es verdad que hay pacientes que no toleran algunos efectos secundarios, la mayoría intestinales, y que hay que cuidar aspectos como los que citábamos antes. Pero en estudios a seis años tenemos pacientes que han perdido el 20% del peso, se siguen manteniendo y les ha cambiado la vida. Estamos en un momento interesantísimo, con una enorme cantidad de novedades para una enfermedad en la que, desgraciadamente, hemos tenido poquísimas novedades a pesar de tener tintes de pandemia. Ahora se ha demostrado que no basta con comer menos. Y no es una opinión, son datos científicos.

Referente desde Málaga

José Tinahones Madueño es catedrático de Medicina de la Universidad de Málaga, director científico del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga y Plataforma en Nanomedicina (IBIMA Plataforma BIONAND). Reconocido como una de las principales autoridades científicas en el ámbito de la obesidad, la diabetes y sus comorbilidades, Tinahones compagina el cargo con sus responsabilidades también como jefe de Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga y de profesor de la Facultad de Medicina de la UMA. Con una trayectoria científica de referencia internacional, ha sido investigador principal en más de 35 proyectos competitivos nacionales y europeos, y en más de 120 ensayos clínicos en los ámbitos de la diabetes y la obesidad.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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