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«No hay truco que supere la magia de la noche de Reyes»

«No hay truco que supere la magia de la noche de Reyes»
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«Los niños son imprevisibles. Una vez saqué a mi hijo al escenario. ¿Te conozco de algo?, le pregunté. No papá, me respondió«

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El mago Jorge Blass junto al templo de Debod, en Madrid. José Ramón Ladra

Jorge Blass

Mago «No hay truco que supere la magia de la noche de Reyes»

«Los niños son imprevisibles. Una vez saqué a mi hijo al escenario. ¿Te conozco de algo?, le pregunté. No papá, me respondió«

José Antonio Guerrero

Madrid

Sábado, 3 de enero 2026, 13:29

... truco», le gritan. «Claro que sí, venga acercaros». Jorge Blass se saca del bolsillo de la chaqueta una baraja, les da a elegir una carta, baraja los naipes y ¡tachán! aparece la escogida por arte de magia. La cara de pasmo de las chicas lo dice todo. Jorge les firma la carta y se marchan tan contentas con el asombro aún pegado a los ojos. «Esto es lo que más me gusta de mi profesión». Jorge Sánchez Blas (artísticamente se dejó por el camino el Sánchez, «difícil de pronunciar fuera de España», y sumo la S a Blas) nació en Madrid hace 45 años. Estudió Psicología, aprendió magia en la Escuela de Ana Tamariz, hija de Juan Tamariz, el maestro al que venera, y se empapó de las artes escénicas en cursos de teatro en Estados Unidos y otros países. Casado con Marga y padre de Max, de 14 años, es un devoto lector con una colección que supera el medio millar de libros solo de magia. Ha heredado el orden y la mente racional de su padre, ingeniero aeronáutico ya jubilado, y la creatividad de su madre, trabajadora social y muy aficionada al teatro. Su espectáculo 'Ilusionarte', con el que triunfa esta Navidad en Madrid, permanecerá hasta el 11 de enero en el Gran Teatro Pavón y luego iniciará una gira por España, con su primera parada en Vitoria. Blass ha llevado sus trucos por todo el mundo. Su magia fue reconocida en 2024 con el Stage Magician of the Year, considerado el Oscar de la magia, el único español en obtenerlo en la categoría escénica, la más importante. Este 4 de enero, víspera de la noche más mágica del año, Blass habla del arte de su oficio, del asombro, de los límites del engaño y naturalmente... de los Reyes Magos.

-¿Se acuerda del primer truco que le hizo pensar que se quería dedicar a esto?

-Sí, tenía 6 años y en el programa Magia Potagia de Juan Tamariz vi a Arturo Ascanio romper una carta y recomponerla. Fue mi primer impacto. Cogí una baraja de mi padre y la rompí entera pensando que iba a salir lo que había visto. A los 12 años tuve la suerte de encontrar a ese mismo mago en el Club de Magia y aprender de él. Era uno de los grandes maestros. No era mago profesional, era abogado y escribió los mejores libros de teoría mágica que ha habido nunca.

-¿La magia es un truco para seguir siendo un niño grande?

-Sí. Los magos nos negamos a crecer. Queremos llegar a ser niños otra vez y por eso pensamos distinto. Miramos la realidad de otra forma y nos inventamos cosas, convertimos cosas cotidianas en extraordinarias.

-Supongo que su hijo Max le pedirá un truco tras otro…

-Le gusta la magia, pero con 14 años sólo quiere aprender trucos para ligar.

-¿A usted también le sirvió para ligarse a su mujer…?

-Jajaja, no es mi caso. Con la magia entiendes un poquito mejor cómo piensan las personas. Y puedes acercarte mucho a la gente. De hecho, es un arte que a veces se usa con malos fines. Hay magos que se llegan a creer sus propios poderes, como Uri Geller, el que doblaba cucharas, que era mago y de pronto quiso convencer al mundo que tenía un poder sobrenatural.

-¿La magia se desvanece cuando se desvanece el niño que todos llevamos dentro?

-Hay fases. Hay un momento en el que la magia te entusiasma cuando eres un niño, luego creces, entiendes que hay un secreto y te puede decepcionar. Pero luego llegas a una madurez donde te encanta que te engañen con arte. O sea, al final, la magia es el arte de engañarte de una manera honesta, porque te avisamos de que te vamos a engañar. Es un engaño pactado con el espectador. Y es mucho más sano que la política, que a veces te engañan sin que tú lo sepas.

-¿Cómo era el niño mago Jorge Sánchez Blas?

-Muy inquieto, quería leer todo sobre magia y practicarlo todo. La única condición que me ponían mis padres era que aprobara. Me pasaba tardes y tardes practicando. Me regalaron la típica caja de Magia Borrás, pero no me atrapó. A los 12 años empecé a coleccionar los fascículos del Mundo Mágico de Tamariz. Y me enganché. Eran como 70 entregas. Luego me compré el libro 'Esto es magia', de Alfonso Moliné y me lo devoré en dos tardes.

La noche más mágica

-Mañana es Noche de Reyes… la más mágica del año…

-Sin duda. Porque ahí se mezcla la ilusión, el suspense, el misterio... Es una noche que tiene todos los alicientes para que sea mágica. Yo pongo todo lo que hay que poner a los Reyes Magos para que vengan, y el ritual funciona porque al día siguiente hay galletas medio mordidas y los camellos se han bebido el agua. No hay ningún truco que supere la magia de esa noche.

-Por cierto, quién es su Rey, qué le dejará en el zapato?

-Mi rey es Baltasar y bueno… alguna baraja siempre viene bien.

-¿Todo en la vida tiene truco?

-No, hay cosas que suceden y no tienen explicación. Yo soy muy pragmático, muy escéptico. La magia te genera un sano escepticismo porque conoces las herramientas que se usan para llevarte de un lado a otro. No creo en el esoterismo y cosas así. Pero creo que hay cosas que no tienen explicación y suceden.

-¿Qué truco le haría a Trump?

-Lo hipnotizaría para guiarle un poco mejor su camino.

-¿Qué poderes diría que tiene usted?

-Poder no sé, pero sí tengo un propósito, que es el de ilusionar. Desde el primer juego que hice siendo niño hasta ahora, me doy cuenta que ese es mi propósito de vida. Porque la magia no está en las manos del mago, en el truco; la magia está en la mirada, en lo que la gente siente. Y yo me he hecho adictivo a ese momento. Desde que le hice el primer truco a mi hermano, que tiene seis años más que yo, y vi lo que generaba, dije, 'Jo qué bueno es esto'. Cada vez que actúo en el teatro me encanta salir fuera, ver a la gente, ver sus caras y que te cuenten su experiencia. Ese es mi propósito, ilusionar y aportar mi pequeño granito de arena para que la gente se vaya más feliz.

-¿De ilusión también se vive?

-De ilusión es de lo que se vive, es lo que nos mueve.

-¿Y económicamente se vive bien?

-Hay mucho negocio alrededor de la magia, y sí, se vive bien.

-¿Cuándo se le dispara la adrenalina en un espectáculo?

-Antes de salir al escenario, pero es un nervio que tiene que pasar. El día que no tenga ese gusanillo, malo.

-¿Le gusta la palabra asombro?

-Me encanta, pero uso más flipar, que es un término transgeneracional, y define muy bien lo que produce la magia. También me gusta la palabra secreto, que es fundamental para mantener la ilusión. Y los magos sabemos guardar secretos, somos personas de confianza.

-¿Cuándo fue la última vez que ha flipado?

-Pues el otro día conocí a Ferran Adrià y flipé porque es un hombre que no para. Me dijo tres ideas seguidas, y dije, guau, ahora entiendo por qué este hombre es el mejor chef de la historia.

-¿Cuánto se tarda en preparar un número? 

-Pueden pasar semanas, meses e incluso años. Para desarrollar un truco de teletransportación que vendimos los derechos a David Copperfield tardamos nada menos que tres años.

«Tamariz es el mago más genial que nunca te podrás encontrar. Nos ha inspirado a todos»

-¿De dónde le llega la inspiración?

-La idea puede surgir leyendo un libro o viendo una película, y luego tienes que desarrollarla y si hay una parte mecánica, pues fabricar, fallar, volver a empezar otra vez y luego probarlo con algún público y que te digan qué está bien o mal y cambiarlo.

-¿Qué pide que se saquen de la chistera los políticos en 2026?

-Entendimiento. Nos lo deben a todos. Y podían sacarse también algunas miles de viviendas.

-¿La realidad supera la ficción?

-Sin duda. He creado cosas de magia que luego he visto la realidad y digo, esto es mucho más mágico. Me pasó en Islandia el año pasado al ver las auroras boreales. Ves eso y dices, esto es mucho mejor que la ficción.

-¿Con qué sueña un mago?

-Con intentar el más difícil todavía. El mérito de la magia es crear caminos nuevos. Voy a investigar por aquí o voy a inventarme algo que no se haya hecho antes. En la magia lo más difícil es innovar, proponer algo nuevo.

-¿Qué truco le dejó ojiplático?

-Hay un cartomago en Estepona que se llama Dani Daortiz. Es de los mejores del mundo. Lo que hace no tiene explicación, nos deja a los propios magos con la boca abierta. Es de los magos que más flipado me ha dejado.

-Si pronuncio el nombre de algunos magos, qué me diría de… Houdini

-Un gran escapista, un pésimo mago.

-David Copperfield.

Un genio que ha reinventado la magia durante varias generaciones. Y sigue haciéndolo.

-Juan Tamariz

-Mi maestro, el mago más genial que nunca te podrás encontrar en el mundo. Nos ha inspirado a todos. Sus teorías sobre la percepción de la memoria, las pistas falsas, el efecto cometa... las estudian magos de todo el mundo.

-El Mago Pop.

-Me abstengo.

-Anthony Blake.

-Un genio del mentalismo.

-El Mago Yunke

-Un extraordinario creador de grandes ilusiones, que además no copia a los demás magos y no usa compinches en el público.

La mente y la magia

-¿En sus espectáculos el desgaste es más físico o mental?

-En mi caso, es más mental. De estar concentrado, recordando cosas porque en la magia se juega mucho con la percepción y la memoria. Hay juegos de magia que te exigen estar muy alerta y aparte, está lo que no ves, todo lo que estamos haciendo sin que os deis cuenta.

-¿El poder está en la mente o en las manos?

-Un poco de todo, pero la magia tiene gran carga de psicología. En la magia puedes hacer que alguien recuerde algo que no ha pasado y que olvide algo que sí ha pasado. Esto está interesando mucho a los neurocientíficos. Hay una neurocientífica gallega que se llama Susana Martín-Conde, que trabaja en Estados Unidos, y ha escrito 'Los engaños de la mente', que es un libro maravilloso donde te cuenta qué pasa en la mente cuando vemos un juego de magia.

-¿Hay espectadores que se creen lo que ven y acuden a los magos en busca de ayuda?

-Sí, hay mucho 'creyente', que es lo que a mí me da un poco de miedo. Me han dejado notas en el teatro de que lo están pasando mal y necesitan que les toque la lotería…Llegan a creer que si les has adivinado algo de ellos, puedes adivinar el número del Gordo. Y no.

-La inteligencia artificial, las nuevas tecnologías, ¿ponen en riesgo la esencia del asombro?

-Nos lleva al límite del asombro, eleva un poco el listón, nos pone más difícil crear nuestra magia, pero la gente siempre tendrá la inquietud de ver a un mago haciendo algo extraordinario y eso, por mucha IA, no pasará de moda.

-¿Preferimos no saber qué hay detrás del truco o queremos destriparlo a toda costa?

-No es bonito que se desvele el truco porque al final queremos ilusionar. Mi hermano se quedó asombrado con mi primer truco de magia. Y mi primer impulso fue contárselo. Entonces vi cómo su cara de asombro hizo, ¡ah, vaya tontería!, y se desilusionó. Ahí entendí que no hay que contar nunca el truco, no por el mago, sino por el espectador que se desilusiona.

-¿Y hay quien se fija para ver si pilla el truco?

-Claro, por escepticismo o por curiosidad, pero en el fondo estoy convencido de que no lo quieren saber. Se ve en internet, cuando hay un vídeo viral de magia, al lado está el 'making of' y apenas tiene visitas porque nos decepcionamos cuando sabemos los trucos. Aunque hay trucos tan ingeniosos que dan ganas de contarlos, pero sabemos que no haríamos felices al público.

-¿Y entre los magos se cuentan los trucos?

-Entre nosotros hay total confianza, hay congresos donde contamos los nuevos avances. Hay un pacto de silencio que algunos se saltan, siempre hay alguna oveja negra que copia.

«Una vez actué ante una tribu masái. Se quedaron descolocados pensando que yo era un tío poderoso»

-Ha hecho magia en todo el mundo… ¿todos los públicos reaccionan igual?

-No, el público es muy diferente, y eso te desconcierta. En Estados Unidos y en China son muy entusiastas, pero en la India la gente se queda callada, no es un público efusivo, pero es una forma de respeto. Una vez actué ante una tribu masái que nunca había visto magia. Se quedaron descolocados, no entendían… O sea, se pensaban que yo era un tío poderoso y uno me preguntó cuántos leones había matado.

-Dicen que los magos son buenos jugadores de póker…

-Hay varios compañeros que juegan al póker y se han metido en ese mundo y les va bien.

-¿Se pasa la vida fabricando imposibles, hay alguno que se le ha resistido?

-Muchos, muchos y esa es la buena noticia, que todavía hay retos.

-Dice que la magia es una mentira honesta, ¿dónde pone el límite ético del engaño?

-En el pacto que tenemos con el espectador. Ese pacto es que yo te voy a engañar con algo que es ingenioso, difícil y que he trabajado, pero no con un compinche en el público.

-¿Los niños son un público difícil?

-¡Mucho! La gente piensa que la magia es para niños y en realidad está creada para adultos, porque nos servimos de la mente del adulto, de los fallos, de la distracción… Y en un niño todas las técnicas psicológicas no funcionan, el niño mira donde quiere, te dice lo que piensa, tienen una mente inquieta difícil de atrapar. Un niño en un escenario te la puede liar, estás en la cuerda floja. Al adulto lo puedes llevar a donde quieres, pero al niño no, es imprevisible. Una vez saqué a mi hijo al escenario cuando tenía cinco años, y yo iba preguntando cosas a un grupo de niños, y entonces le dije a él, '¿te conozco de algo? Y dijo, no, papá'. El teatro se cayó a carcajadas. Fue un momento muy divertido.

-¿Qué errores cometen los magos que empiezan?

-Estudiar magia en YouTube y en redes. Aprenden de una forma muy desordenada. La forma de aprender magia es en los libros, y con el contacto con otros magos.

-¿Cómo se activa el cerebro en un espectáculo de magia?

-La magia hace que tu día parezca más largo porque continuamente estás expuesto a sorpresas y tu mente está sometida a esa ilusión de lo inesperado. Por eso los adultos disfrutan como niños y cuando salen del teatro rejuvenecen dos o tres años.

-Usted hace magia altruista en hospitales, residencias de ancianos...

-Sí, con Abracadabra. Hay magos profesionales, pero también abogados o pilotos de avión que son magos aficionados. Imagínate. Entras en una habitación de Oncología y te encuentras con una familia destruida y de pronto les haces magia y ves cómo cambian sus caras. Lo que pasa ahí es muy fuerte. Y si al niño le enseñas algún truco, él luego se lo hace a las enfermeras y desarrolla aspectos de psicomotricidad, de comunicación, de autoestima…

-¿Cuál es su varita mágica para superar los reveses de la vida?

El optimismo. Es lo que siempre me ha acompañado y trato de trasladarlo a todo el equipo y a la gente que me rodea.

-Especialista en desapariciones, ¿cuándo has querido desaparecer de la vida real?

-Viendo los debates del Congreso, jajaja.

-¿Cuánto se paga por vender los derechos de un truco?

-Depende, hay trucos de 5.000, de 15.000 o hasta de 100.000 euros.

-Por cierto, ¿todos los polvos son mágicos?

-Los mejores sí, jejeje.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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