En su histórica visita a Gran Canaria, el papa defendió la dignidad de los migrantes y criticó las políticas migratorias europeas
Regala esta noticia Añádenos en Google El papa León XIV saluda desde el papamóvil a su llegada a Estadio de Gran Canaria. (Cober)Darío Ojeda
11/06/2026 a las 23:54h.Tras la abundancia de Madrid y el espectáculo visual de Barcelona, Gran Canaria ofreció al papa el entorno que mejor encajaba con el mensaje central ... de su visita a España: el drama de la migración que empujó a su predecesor en el cargo, Francisco, a plantear un viaje a las islas que ha heredado León XIV.
Arguineguín no hubo multitudes ni fuegos artificiales, solo el recuerdo de lo que sucedió en 2020, suficiente para elevar un acto sobrio que puso en el centro a quienes tuvieron que abandonar sus casas buscando una vida mejor, a quienes los rescataron y ayudaron cuando llegaron y a tantos que intentaron atravesar el mar y no lo consiguieron.Entre los testimonios que escuchó el papa hubo uno, el de una mujer nigeriana víctima de trata, tan desgarrador que emocionó a quien lo leía en su nombre, ya que por motivos de seguridad no lo pronunció ella misma. «Tuve que elegir: morir intentándolo o quedarme y no tener nada», contó sobre su decisión de atravesar el mar tras dejar atrás a dos hijas y ser captada por las mafias.
«La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra», dijo León XIV. «No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera».
Sánchez en Arguineguín
El de Arguineguín fue el primero de los tres actos del papa en Gran Canaria. Pedro Sánchez lo recibió en Gando poco antes de las once de la mañana y lo acompañó también en el sur de la isla. Uno de los asuntos más controvertidos de la visita de León XIV era la presencia del presidente del Gobierno en el puerto de Arguineguín, lugar que no visitó en 2020 cuando miles de migrantes pasaron semanas hacinados y su Ejecutivo miraba para otro lado.
Si Sánchez ha intentado aprovechar esta visita para sacar rédito político, no ha sido el único en hacerlo: hay que esforzarse para encontrar a un cargo público, desde el ámbito local al nacional, que no se haya lanzado de cabeza a la piscina papal, aprovechando que tenía agua de sobra y, a diferencia de la ruta atlántica, no había peligro de ahogarse.
Lo que ocurrió hace casi cinco años en Arguineguín fue una vergüenza. También lo que ha sucedido en los últimos tres años con la gestión de los menores no acompañados. Y todavía llegan cayucos a Canarias (por fortuna, con mucha menos frecuencia), sobre todo a El Hierro, a la que el papa hizo un guiño en su discurso. Contra todas las políticas que perpetúan esas realidades, León XIV lanzó un mensaje contundente.
«Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante» dijo León XIV sobre la misma explanada que años atrás había acogido a miles de personas a las que «la pobreza, la guerra, la amenaza o la explotación les cerraron todos los caminos».
Sin colapso en la isla
Hasta Arguineguín llegó el papa por carretera y desde allí salió de la misma manera rumbo a Las Palmas de Gran Canaria. Si el objetivo del dispositivo de seguridad y los cortes de tráfico era evitar problemas de circulación, funcionó a la perfección.
Ni rastro de las habituales retenciones en la GC-1, donde hubo mucho menos tráfico que en un día normal, incluso en sentido contrario al de la caravana papal. Tampoco en la Avenida Marítima, sensible a cualquier contratiempo. Las dos ciudades, la que abrazó la visita de León XIV y la que la ignoró, convivieron en paz.
Algunos que querían ver de cerca al papa y tenían acreditación esperaron desde muy temprano en Vegueta para acceder a la plaza de Santa Ana. Vieron llegar a León XIV sobre las dos de la tarde, tras un acto fugaz en el que la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Carolina Darias, le entregó la llave de oro de la ciudad. Luego, un breve recorrido en el papamóvil desde la plaza de Stagno hasta la puerta de la catedral de Santa Ana.
El templo acogió el acto más enfocado al mundo eclesiástico. León XIV se reunió con sacerdotes, religiosas y demás agentes pastorales de la Diócesis de Canarias, a los que reconoció su labor y animó a continuar. A su salida del templo, atravesó a pie la plaza y saludó a quienes siguieron el acto a través de las pantallas, antes de dirigirse al palacio episcopal. Allí no solo comió y descansó lo que pudo, sino que tuvo una recepción privada con el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, que le hizo entrega de un obsequio.
El último acto de la jornada comenzó pasadas las 18.00 horas, momento en el que el papa llegó en coche a Siete Palmas. Allí se cambió al papamóvil y realizó otro breve recorrido saludando alrededor del Estadio de Gran Canaria y por el interior del Gran Canaria Arena, para volver de nuevo al estadio y comenzar la misa.
Las gradas estaban llenas, con gente que en algunos casos había esperado desde primera hora de la mañana, haciendo tiempo en la 'fan zone', para acceder en cuanto abrieran las puertas. Tres horas antes de que llegara León XIV lo habían hecho las imágenes de la Virgen del Pino y el Cristo de Telde, que después presidieron la eucaristía en el altar construido a toda prisa frente a la grada Naciente.
La logística del acto más masivo no fue un problema, como no lo fue en ningún momento durante todo el día. Salvo algún pequeño retraso por la mañana en el traslado desde el sur a Las Palmas de Gran Canaria, los horarios previstos por la organización se cumplieron.
¡Pío, pío!
La misa tuvo acompañamiento musical, a cargo de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y su coro, y contó con la participación de personas canarias y extranjeras que realizaron las distintas lecturas durante la ceremonia.
Durante su intervención, León XIV destacó la labor desinteresada de acogida que se realiza en Gran Canaria y pidió rezar «por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar», reforzando un mensaje que estuvo presente cada vez tomó la palabra durante la jornada.
El obispo Mazuelos agradeció la presencia del papa en la isla con un «Papa León, te queremos un montón». Y la misa terminó con todo el estadio entonando el ¡Pío, pío! Para que luego digan que no existen los milagros: el Gran Canaria terminó la temporada celebrando un ascenso, aunque fuera el de Jesús.
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