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«No preguntamos de dónde vienes sino qué necesitas»

«No preguntamos de dónde vienes sino qué necesitas»
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Voluntaria desde hace 40 años, admite que necesitó atención psicológica tras ayudar a una patera en Almería en la que venía una niña muerta

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La almeriense María del Mar Pageo, en su despacho de la sede central de Cruz Roja en Madrid. Esther Vázquez

María del Mar Pageo

Presidenta de Cruz Roja Española «No preguntamos de dónde vienes sino qué necesitas»

Voluntaria desde hace 40 años, admite que necesitó atención psicológica tras ayudar a una patera en Almería en la que venía una niña muerta

José Antonio Guerrero

Madrid

Sábado, 14 de febrero 2026, 13:17

... firmeza tras la tragedia ferroviaria de Adamuz. Defiende el papel clave de la atención psicológica en las emergencias, alerta sobre la erosión de los principios humanitarios y reivindica la neutralidad como columna vertebral de su organización. Pageo fue presidenta de Cruz Roja Almería de 2015 a 2018, presidenta de Cruz Roja en Andalucía de 2018 a 2023, y desde entonces dirige la mayor organización humanitaria de España, con más de 231.000 voluntarios y presencia territorial en casi 1.300 municipios. Sólo en 2024 auxiliaron a 2,8 millones de personas y este año les hemos visto en primera línea en la catástrofe de Adamuz y atendiendo a los desalojados de Grazalema, entre otras grandes emergencias. Es madre de una hija, también médico, que la ha dado dos nietas «maravillosas», Martina y Carlota, sus pequeñas quitapenas, aunque se ve que es una mujer alegre y optimista. De sus padres, él ferroviario y ella ama de casa, recuerda su fuerte vocación social y la ayuda que prestaban en la parroquia de su barrio. Pageo no se prodiga en entrevistas en los medios. Confiesa que se pone muy nerviosa. No es para tanto María del Mar. Vamos con la primera pregunta.

–¿Se siente una chica de la Cruz Roja, como en la película?

–Sí, me siento una chica de la Cruz Roja, pero no en el sentido estereotipado de la película. Para mí es una forma de estar en el mundo, una especie de sacerdocio. Al mes siguiente de terminar la carrera de Medicina empecé como voluntaria. Han pasado 40 años y no lo he dejado. Incluso antes, en los 70, fui socorrista en las playas de Almería, las mismas donde años después atendí a personas migrantes que llegaban en patera.

–¿Qué diría que es Cruz Roja?

–En el funeral de Huelva por la tragedia de Adamuz, Liliana, hija de una de las víctimas, nos impresionó con su discurso, y dedicó unas palabras al personal voluntario de Cruz Roja «que no ha soltado nuestra mano en ningún momento», como dijo. Eso es Cruz Roja. Es humanidad. Es la mayor organización humanitaria del mundo y tiene un mandato muy claro: proteger la vida y la salud, defender la dignidad y aliviar el sufrimiento. Y hacerlo siempre bajo los principios de imparcialidad y neutralidad. No nos mueve la caridad entendida como condescendencia o buenismo, sino la convicción de que las personas tienen derechos y merecen preservar su dignidad.

«El impacto emocional de la tragedia de Adamuz ha sido brutal. También para nosotros ha sido traumático»

El siniestro de Adamuz dejó 46 fallecidos y una herida emocional muy profunda. El despliegue de Cruz Roja fue impresionante, especialmente en atención psicológica. ¿Cómo se acompaña en momentos de shock tan tremendos?

–Si algo forma parte de nuestro ADN es la respuesta a la emergencia. En 162 años hemos aprendido a organizarnos con rapidez y rigor. En cuanto recibimos la primera llamada, activamos los equipos: ambulancias, logística, atención social y, en este caso, un dispositivo muy potente de atención psicológica. En una tragedia como Adamuz el impacto emocional es brutal. No basta con atender físicamente, hay que contener el shock, acompañar el duelo, crear espacios de ventilación emocional para que las personas puedan expresar lo que sienten.

–¿Cómo cuidan a los voluntarios que atienden emergencias como la de Adamuz?

–Adamuz ha sido tremendamente traumático y pasa factura. Tenemos equipos específicos para acompañar a nuestros voluntarios y profesionales. Yo misma, siendo voluntaria, atendí una patera en la que venía una niña fallecida. Aquello me impactó muchísimo y necesité apoyo psicológico. En Adamuz también ha sido necesario cuidar a quienes cuidan.

–¿Qué lecciones ha extraído?

–No hablaría de lecciones, porque la respuesta fue eficaz. Lo que más me impacta es comprobar, una vez más, la generosidad y el compromiso de nuestro voluntariado. Llevo 40 años en Cruz Roja y todavía me sorprende la capacidad de entrega, la profesionalidad y la humanidad con la que responden.

–¿Le entristece la deriva política de la tragedia?

–Sí, me entristece mucho por lo que supone de pérdida de los principios humanitarios que deberían ser intocables.

–¿Estamos perdiendo humanidad?

–No quiero generalizar, pero sí creo que una parte de la sociedad está cuestionando valores que antes parecían indiscutibles. Lo humanitario ya no es un terreno protegido. Hay una hostilidad creciente, y eso me preocupa profundamente. El espacio humanitario se está reduciendo. Antes parecía incuestionable que quien sufría, debía ser atendido. Ahora eso se pone en duda. Además, vemos cómo disminuyen los fondos internacionales destinados a cooperación, lo que significa que mujeres, niños y niñas dejarán de recibir ayuda básica. Y todo eso me genera una enorme frustración e indignación.

–¿Por qué ve tan amenazado el modelo de sociedad humanitaria?

–Porque cada vez se cuestiona más el derecho de las personas vulnerables a ser atendidas: migrantes, personas sin hogar, víctimas de violencia de género, toxicómanos, niños... Y también se cuestiona el deber de las organizaciones sociales de dar esa ayuda.

–¿Se están vulnerando los derechos humanitarios?

–Sí. El derecho internacional humanitario se está incumpliendo de forma visible en conflictos bélicos actuales. Las líneas rojas morales se están diluyendo. Y eso nos pone en riesgo como sociedad.

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María del Mar Pageo, junto a sendas ilustraciones de la Cruz Roja y la Media Luna Roja que cuelgan en la pared de su despacho. Esther Vázquez

–¿La polarización amenaza la neutralidad de Cruz Roja?

–Cruz Roja siempre se va a inclinar hacia el sufrimiento de las personas. Atendemos por necesidad, no por origen ni por religión ni identidad de género. No preguntamos de dónde vienes sino qué necesitas. A mí me da igual de dónde venga la persona. Lo que veo es a alguien en situación de vulnerabilidad y le vamos a dar respuesta. Que no me digan 'es persona migrante y no tienes que atenderla'. Lo de migrante me sobra. Es una persona con una dignidad y lo que me preocupa es su sufrimiento.

–Me viene a la memoria aquella conmovedora fotografía de una joven voluntaria abrazando a otro joven senegalés con el rostro desencajado recién llegado en patera a una playa de Ceuta....

–La voluntaria se llama Luna. Me acuerdo perfectamente de esa foto. Fue en mayo de 2021. Es una foto que es otro reflejo fiel de lo que es Cruz Roja. Una persona que viene buscando mejorar su vida, huyendo de la muerte y esa foto muestra a Cruz Roja dando una respuesta de calidad humana. Si muchos miraran a los ojos a quienes llegan a nuestras costas, cambiarían de opinión.

–Hubo críticas muy duras a Luna por ese abrazo...

–Algunas tremendamente crueles, que no voy a repetir, pero que son, de nuevo, una muestra de esa deshumanización que hablábamos antes.

–Esas críticas se asociaron a movimientos ultras…

–Me vas a permitir que aquí no entre, ni me posicione. Lo que sí te digo es que esos discursos de odio y de absoluta desinformación nos hacen muchísimo daño. Pero nosotros no vamos a entrar en valoraciones políticas. Nuestra posición es humanitaria.

–Regularización o devolución, ¿qué hacemos con los inmigrantes que llegan a nuestras costas

–Darles una respuesta humanitaria. Atenderles y acogerles. Yo no voy a entrar en debates políticos porque mi obligación es la neutralidad. Lo que sí pido es que cualquier decisión ponga a la persona en el centro, proteja su dignidad y favorezca su acceso a derechos. Si la regularización lo va a permitir, bienvenida sea.

«Una parte de la sociedad está cuestionando valores humanitarios que antes eran indiscutibles»

–Estos días les hemos visto también en Grazalema y Ronda con las inundaciones... ¿Cómo ha vivido esos desalojos en su tierra andaluza?

–Lo vivo, y perdón por la inmodestia, con orgullo de saber que estamos dando respuesta a situaciones muy dramáticas. Desde hace tiempo nos estamos preparando para responder ante fenómenos meteorológicos que van a ser cada vez más complejos por el desafío del cambio climático. Hacemos simulacros, formamos a la población y reforzamos nuestra capacidad logística. El desafío climático es ya un desafío humanitario.

Ataques y bulos

–¿De qué se siente más orgullosa?

–Del compromiso de las más de 230.000 personas voluntarias y de los socios y empresas que nos apoyan. Ellos hacen el milagro de que podamos impactar en la vida de otras personas, mejorándola.

–¿Cruz Roja cae bien?

–Diría que sí, aunque hemos sufrido ataques y bulos. Durante la dana de Valencia se difundió que el dinero recaudado no iba a los afectados, sino a personas migrantes. Eso era falso. Todas nuestras donaciones son trazables y rendimos cuentas con total transparencia. Aquellos bulos nos hicieron daño reputacional, pero también fue el momento en que más fondos recaudamos para una emergencia. Más que caer bien, lo que necesitamos es confianza.

–¿Le gustaría que Cruz Roja no existiera?

–Sí claro, que no existiera porque no hiciera falta. Lo que me preocupa es que pueda dejar de existir porque se cuestione su función, no porque desaparezcan las necesidades.

–¿Qué piden quienes llaman a su puerta?

–Alimentos, ayuda para pagar la luz, material escolar, empleo... Nosotros intentamos abordar cada caso de manera integral. Si alguien no puede pagar la luz, nos preguntamos por qué: por desempleo, por enfermedad, porque tiene un trabajo precario... Si no abordamos la raíz, es muy difícil salir adelante.

–Usted es la cara, pero ¿cuál es la cruz de Cruz Roja?

–El cuestionamiento del ámbito humanitario y el riesgo de pérdida de confianza y recursos.

–Como geriatra que es, ¿cómo están nuestros mayores?

–Muchos están solos y con necesidades físicas y emocionales no siempre cubiertas. Tenemos un desafío demográfico enorme y estamos reformulando nuestra estrategia para mayores y para quienes les cuidan.

–¿Y la salud mental en España?

–El bienestar emocional está muy mermado. La pandemia puso el foco en algo que ya venía de antes: soledad no deseada, fragilidad emocional en jóvenes y mayores, pérdida de vínculos. Lo vemos cada día. Hay mucho sufrimiento silencioso.

–¿Qué ve en las colas del hambre?

–Mucha necesidad, mucha tristeza, muchísima soledad... y mucha injusticia. Hay gente que no acude por vergüenza. En la pandemia ocurrieron cosas muy dramáticas, que ya se nos han olvidado. Familias con una vida normalizada, que de pronto perdieron el trabajo, necesitaban ayuda y no la pedían porque les resultaba denigrante. No tengo para comer, no tengo para asearme. Es que eso es muy triste. Nosotros pusimos en marcha una tarjeta monedero para que las familias lo invirtieran en lo que necesitaran y no tuvieran que salir de nuestras sedes con unas bolsas llenas de comida.

–Por cierto, creo que el mejor regalo que se le puede hacer es un libro, que es una gran lectora.

–Sí, me gusta le lectura y hacer un poquito de deporte. Me ayuda mucho a mi salud mental. Corro y hago entrenamiento de fuerza.

–¿Qué libro nos recomendaría?

–'Calle Este-Oeste', de Philippe Sands, un libro excepcional sobre el Holocausto y el juicio de Núremberg.

–Si tuviera que escribir un libro sobre Cruz Roja, ¿cómo lo titularía?

–(Piensa un buen rato). 'Y un día decidieron cuidar'. Cuidar es una opción de vida y es lo que hace cada día Cruz Roja.

–¿Qué haría el último día de su vida?

–Lo pasaría conversando con tranquilidad con mi hija y con mi pareja. Solo pensarlo me emociona.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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