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«No quiero que EE UU e Israel cambien el régimen por nosotros, tiene que ser el pueblo iraní el que lo haga»

«No quiero que EE UU e Israel cambien el régimen por nosotros, tiene que ser el pueblo iraní el que lo haga»
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La comunidad persa en Málaga, unas de las más numerosas de toda España, vive con preocupación la operación militar lanzada por Trump y Netanyahu

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Dos iraníes que viven en España desde hace tres décadas. SUR «No quiero que EE UU e Israel cambien el régimen por nosotros, tiene que ser el pueblo iraní el que lo haga»

La comunidad persa en Málaga, unas de las más numerosas de toda España, vive con preocupación la operación militar lanzada por Trump y Netanyahu

Cristina Vallejo

Martes, 3 de marzo 2026, 00:26

... de las cuales, 2.915, han escogido la provincia de Málaga para asentarse, de acuerdo con el último censo anual de población correspondiente al año 2025. Esto significa que prácticamente el 20% de la comunidad persa en el país reside en la Costa del Sol. La instalada en Málaga es, además, la tercera colonia iraní más abundante de España, sólo por detrás de la ubicada en Madrid (4.803) y la de Barcelona (3.349).

«No quiero que cambien el régimen por nosotros. No quiero que sea la intervención del 'big money' la que acabe con los ayatolás. Tiene que ser el pueblo iraní el que lo haga. Estados Unidos e Israel no actúan en beneficio de la gente de Irán, sino por sus propios intereses»

Declara que mantiene una enorme esperanza en el movimiento de las mujeres iraníes, que han sido las que en los últimos años han capitaneado la oposición al régimen: «Las jóvenes han estado luchando por su libertad, por poder vivir su vida, por poder elegir como lo hacen las europeas».

Respecto a la posibilidad de que vuelva la dinastía Pahlevi a Irán en la persona del hijo del último sha, Sarah tampoco se manifiesta partidaria: «Su padre (en referencia a Reza Pahlevi, destituido por la revolución iraní de 1979) fue un dictador que puso Estados Unidos. No es la solución. Quizás una minoría de iraníes quiere que vuelva esa dinastía, pero no la mayoría». «Lo que queremos es que haya una democracia libre en Irán», concluye.

«No estoy ni con el régimen islámico ni con Trump o Netanyahu»

La historia de Nick Vaziri es parecida. Difiere simplemente en que, como tiene más edad, el impacto de la revolución de Jomeini le golpeó de lleno: le llevó a la cárcel y le robó la vida de su novia a la que mataron en 1983 cuando cuando apenas tenía 23 años. Narra que también él estuvo al borde de la muerte: más de una vez le colocaron en el paredón y lo amenazaron con el fusilamiento. Por eso en cuanto que pudo cruzó la frontera a Pakistán por las montañas y de ahí cogió un vuelo a Holanda. Pero pronto se vino a España: en este país acumula 30 de los 42 años que lleva fuera de Irán. Ha sido autónomo, ha tenido negocios y ahora está jubilado en Benalmádena, donde vive desde hace 27 años. Militante de izquierdas en su país desde joven, nunca ha abandonado la política y está involucrado en diferentes movimientos iraníes por los derechos humanos, no sólo en España, también en Austria, Holanda o Alemania. Pese a ese compromiso de años contra la dictadura islámica, no está de acuerdo con la operación militar de Estados Unidos e Israel: «No estoy ni con el régimen islámico ni con Trump o Netanyahu. Irán necesita ayuda internacional, que Europa y la ONU colaboren con la oposición al régimen, pero ninguna guerra ha traído nunca la democracia a ningún país».

«No estoy ni con el régimen islámico ni con Trump o Netanyahu. Irán necesita ayuda internacional, que Europa y la ONU colaboren con la oposición al régimen, pero ninguna guerra ha traído nunca la democracia a ningún país»

Coincide con Sarah en que el hijo del último sha no debe comandar la nueva era iraní: «Cómo una persona de izquierdas va a apoyar al hijo del sha», lanza.

Ésa es también la opinión de Wahid Rahmani, que vive en Mijas desde el año 2010, aunque lleva fuera de Irán desde 1982: «El hijo del sha sería un títere de Estados Unidos y de Israel. Él no es la solución. Nosotros queremos una democracia».

Pero respecto al ataque de Estados Unidos e Israel a su país, Wahid Rahmani tiene una opinión discrepante con sus otros dos compañeros: «Cuando los musulmanes tomaron el poder, quitaron todos los derechos al pueblo. Es una dictadura incomparable. No hay ejemplo similar en el mundo. La población iraní no puede protestar contra el Gobierno, que tiene el control de todo». Así que continúa: «Aunque siento que mi pueblo reciba las bombas, no hay otra solución. Los políticos que consideren que esto es imperialismo americano, desconocen que en realidad no hay otra opción. Las bombas son bienvenidas si la alternativa es que el régimen mate a veinte o treinta jóvenes diarios en las cárceles antes del amanecer».

Sarah tiene 50 años y lleva doce en la Costa del Sol, donde se ha metido en el negocio de la hostelería. Dice que no quiere que se den muchos datos sobre ella y mucho menos su imagen porque asegura que las redes del régimen iraní llegan a todas partes y tiene miedo. Hace referencia, como todos los anteriores testimonios, a los miles de muertos que ha habido en su país durante las protestas contra el régimen en las últimas semanas. «No estoy feliz con los bombardeos de estos días, pero tampoco con el régimen. A nadie le gusta este gobierno», afirma. Lleva la mitad de su vida fuera de su país. Salió de ahí con su familia hace un cuarto de siglo y se refugió en Dubai, donde vive su madre. «Los ataques no sólo los están sufriendo los iraníes. Está afectada toda la región. Es muy loco lo que está sucediendo. Hay mucha gente sufriendo», zanja.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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