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Luis Landero Isabel WagemanLuis Landero
Escritor «Nos hemos resignado a la mentira y lo peor es que no nos importa»El diálogo y la verdad han muerto en la era de la hiperconexión, lamenta el autor de 'Coloquio de invierno'
Martes, 24 de febrero 2026, 00:50
... la era de la hiperconexión en la que los móviles «nos agilipollan» y las redes «asesina el diálogo y la verdad». Lo cree Luis Landero (Alburquerque, 1948) autor de 'Coloquio de invierno' (Tusquets), un pequeño 'Decamerón' de nuestros días que remite a los 'Los cuentos de Canterbury' o 'Las mil y una noches'.–¿Político y diálogo se ha vuelto un oxímoron?
–Sí. Parece inviable que nuestros políticos puedan dialogar no diré tres o cuatro días, sino unas horas, ante de terminar a leñazos.
–¿Vivir siempre conectados nos agilipolla?
–Es cierto. El móvil es una plaga. Es tóxico para la mente, como la nicotina para los pulmones. No sabemos el daño que hará en el futuro a los chavales enganchados al móvil.
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Luis Landero Isabel Wageman–¿Anquilosa la inteligencia?
–Sí. La inteligencia no trabaja, no se desarrolla. Se convierte en algo pueril y pasivo que impele a consumir las chorradas infantiles que te venden. No vives tu vida de primera mano. No miras con tus ojos ni piensas por ti mismo. Miras con ojos ajenos y algoritmos vendedores.
–'Coloquio de invierno' podría titularse 'Los cuentos de Filomena'. El aislamiento fue el germen del libro.
–Es un coloquio, y en los coloquios la gente cuenta cosas y opina. Ejercen de narradores y filósofos, como los personajes. Vivo casi confinado. Es mi estado natural. Salgo poco y acepto pocos compromisos. Soy un animal de madriguera y me gusta. Llevé muy bien lo de Filomena y con el Covid estuve 49 días sin salir de casa. Mi ideal. Pero ver sufrir y morir la gente era perturbador.
–¿Un animal-escritor solitario?
–Soy sociable y me gusta estar con la gente. Pero en una sociedad hípercomunicada soy casi revolucionario. Prefiero estar solo, tranquilo. No soy el único. La soledad se presenta como una enfermedad. A los solitarios se les aconseja ir al psiquiatra para curarse. Es verdad que la soledad puede pesar y abrumar y que hay mucha gente que huye de ella como de la peste. Pero es buena para la literatura, los ensueños, para ver películas, leer, pensar o mirar las musarañas. Para no hacer nada.
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Portada del libro–El diálogo, está hoy muerto dice. ¿También la verdad?
–Sí. La matan las redes sociales y las ingentes inversiones de los tecnomagnates que compran medios. La independencia en el periodismo se ha diluido. En las redes las mentiras campan sus anchas. Nadie tiene ya problemas en mentir. Trump menos que nadie. Suelta trolas gigantescas y no pasa nada.
–¿Nos hemos acostumbrado a la mentira?
–Nos hemos resignado a la mentira, y lo peor es que no nos importa. Es como hacerse a respirar a un aire tóxico porque no hay otro.
–¿La literatura es una mentira que cuenta verdades?
–Rulfo decía que toda novela es una suma de mentiras cuyo producto es una verdad. Son mentiras imaginarias pero verdaderas. La buena literatura explora las zonas de la condición humana donde no hacemos pie.
–¿Vivimos en mundo que no soñamos en la peor pesadillas?
–Sí. Una ola de barbarie, irracionalidad y mercantilismo recorre el mundo. Con un piloto loco que se llama Donald Trump y sus discípulos, que surgen como hongos. Vuelven los bárbaros. Es terrible. Da miedo. Todos sabemos el dolor que la barbarie irracional han creado en la historia. Que pueda haber una guerra ya no es extraño, cuando hace poco era impensable. Pero también es una gran oportunidad para Europa. Si algo soy, es europeísta. Mi verdadera patria es Europa y los 3.000 años de civilización que hay atrás.
Aterrador«Una ola de barbarie, irracionalismo y mercantilismo recorre el mundo. Da miedo»
–¿No ha sido tibia la reacción de Europa frente a Trump?
–Sí, pero empezamos a enseñar la mano. Y podría ser un acicate para unirnos. Si hay que defender con las armas la cultura occidental, cuya cuna es Europa, se defiende. Hay que jugar con las reglas que se están imponiendo.
–¿Hay luz más allá del túnel autocrático trumpista?
–Las barbaridades, locuras y tonterías que está haciendo Trump son tantas que no pueden durar mucho. Se debe quebrar por algún lado. Incluso en EE UU empiezan a reaccionar en contra.
–¿También hemos perdido la capacidad de escuchar?
–El arte de dialogar es el de escuchar. Es lo primero que hace buen conversador. Lo que diga el otro te inspirará. Conversar es sumar. El diálogo enriquece. Pero entre los tertulianos y a veces en conversaciones privadas, se lleva el discurso aprendido de casa y no se escucha los otros. Piensan como rebatirle sin oírle y gritan.
–El gallinero catódico y digital.
–Un gallinero de grescas monumentales en el que todos se arrojan de todo a la cabeza. El arte de dialogar necesita lentitud y reflexión. Hay que pensar. Imposible con el vértigo actual. Con tertulianos hablando a toda pastilla. Sin pensar, ¿qué diálogo va surgir?
–¿Cómo combatimos el odio que se inocula desde tantos frentes?
–Ese odio está arriba. No entre la gente de a pie. El odio televisivo y digital anida entre políticos, tertulianos y demás, movidos por un ansia de poder que les pierde. No está en la calle. La gente común es mejor que los políticos que los gobiernan. Si ese odio se inoculara en el pueblo sería terrible.
¿Enfermedad?«A los solitarios se les aconseja ir psicólogo o al psiquiatra para curar su tendencia»
–Creció en una casa sin libros, escuchaba a su abuela, un analfabeta que era una enciclopedia andante.
–Como tantos analfabetos heredó la cultura campesina y popular, no escrita, riquísima y milenaria. Trabajaban con las manos. Sin escribir ni leer, sabían infinitud de cuentos transmitidos oralmente. John Berger dijo en 'Puerca Tierra' que la mayor catástrofe cultural del siglo XX es la extinción de la cultura campesina. Y es cierto.
–¿Vale de algo prohibir las redes a los menores de 16 años?
–Creo que sí. Habría que limitar el uso de las redes sociales a niños y primeros adolescentes. En los colegios de élite se prohíben las pantallas. Los amos de Silicon Valley mandan a sus hijos a escuelas sin móviles donde la enseñanza tiene un aire tradicional en el mejor sentido. Saben mejor que nadie el daño que hacen las pantallas. Que un niño de siete u ocho años acceda al porno duro y a violencia sin límite es tremendo.
–Hecha la ley, hecha la trampa. En Australia, pionera en la prohibición de los móviles a menores, dos días todos accedían a través de VPNs.
–No se pueden poner puertas al campo y menos al campo digital, por desgracia.
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