Mi hermosa lavandería
Nostalgia de cuando el futuro era un robot con cofia Regala esta noticia Añádenos en GoogleIsabel Coixet
28/08/2026 a las 14:49h.El astrofísico Hubert Reeves (1932-2023) decía que nuestra imaginación se detiene cuando vemos algo que ya conocemos: no hay nada que se parezca más ... a los años 60 que la ciencia ficción de los años 60, con sus naves domésticas en colores pastel y los trajes ajustados de licra beige con capas y capuchas pegadas a la cabeza. Cuando veía de pequeña The jetsons o Perdidos en el espacio (durante años mi serie favorita), yo creía que el futuro sería así, que volaríamos con dispositivos personales, que podríamos disolvernos en partículas para rehacernos a miles de kilómetros como si nada y que no habría que cocinar ni planchar ni limpiar porque habría un simpático robot de lata con cofia que lo haría todo sin una queja y luego se desconectaría él mismo hasta que lo reclamáramos para asarnos un pollo en medio nanosegundo.
Desde su publicación, el cuento ha sido interpretado de mil maneras distintas, como una crítica al colonialismo, a la indiferencia, a la amoralidad, al egoísmo…
Yo sólo sé que ese cuento, más que Un mundo feliz o Fahrenheit 451 o 1984, pulverizó mi idea de una sociedad utópica sin conflictos, sin pobreza, sin tristeza.
Y desde que lo leí, me he preguntado mil veces si me quedaría en Omelas, tapándome los oídos a los ecos de los gemidos del niño que ocasionalmente se mezclarían con la orquesta interpretando a Mozart, o sí cogería mi petate y me alejaría de allí para no volver nunca.
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