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Jaime Aguilera en Diario Sur por la presentación de su nuevo libro, 'Gibalto'. Carmen Barainca Nostalgia en el nuevo libro de Jaime Aguilera: «Nos damos cuenta de lo felices que éramos cuarenta años después»El malagueño presenta 'Gibalto', una novela que evoca al recuerdo a través de un amor adolescente ubicado en la serranía andaluza de los años ochenta
Carmen Barainca
Jueves, 22 de enero 2026, 00:40
... parecían haber quedado en un rincón llamado olvido. En la penumbra de un coche detenido a mitad del campo, los cristales empañados por el vaho y la escarcha dibujando un mapa frágil sobre la chapa, suena una canción en la radio. Afuera, el frío muerde. Dentro, dos cuerpos jóvenes aprenden a reconocerse mientras los faros iluminan la nada. Hay quien no sabe aún que ese instante, aparentemente insignificante, se convertirá cuarenta años después en una grieta hacia el pasado. La nostalgia.Aguilera, licenciado en Derecho por ICADE y doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga, combina desde hace tres décadas su labor como alto funcionario de la Junta de Andalucía, especialmente vinculado al Servicio de Protección de Menores, con una trayectoria literaria sólida y constante. Novelista, ensayista y articulista ocasional de SUR, considera Gibalto su obra «más madura y personal», escrita durante casi cinco años como un ejercicio de memoria agradecida transformada en ficción.
Un viaje que evoca al hogar
La idea germinal surgió lejos de Andalucía, en un viaje a Santiago de Compostela. En un bar, entre amigos de la universidad, empezó a sonar 'La chica de ayer'. «Ahí apareció la imagen de una persona mayor que se reencuentra con un amor de juventud», recuerda. Pero esa premisa inicial fue mutando. El proyecto, que iba a llamarse precisamente 'La chica de ayer', terminó siendo devorado por el lugar. «Gibalto se lo fue comiendo todo», admite. El espacio acabó imponiéndose a la trama sentimental hasta convertirse en el verdadero protagonista.
«Gibalto no es solo un nombre». Es una sierra entre Málaga y Granada, visible desde Villanueva del Trabuco, omnipresente como una espalda protectora. «Ese paisaje se ve siempre, es como una montaña que protege al pueblo. Por eso, copiándome un poco de Muñoz Molina, cuando hablo del Trabuco, hablo de Gibalto», explica el autor. Como Mágina o Macondo, Gibalto funciona como territorio simbólico, real y a la vez reinventado.
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Jaime Aguilera presenta 'Gibalto', una novela ubicada en Villanueva del Trabuco. Carmen BaraincaLa novela despliega un coro de casi 150 personajes: vecinos secundarios que crecen, historias mínimas que brotan «como setas» y acaban formando un retrato colectivo. «Si tengo que quedarme con un personaje, me quedo con ese personaje coral, casi kaleidoscópico, de todos los habitantes del pueblo», subraya. Entre todos ellos, el lector se mueve guiado no solo por la vista, sino por el olfato, un sentido clave en el libro. «Los olores de la infancia son los últimos que se pierden», apunta Aguilera, consciente del poder de la memoria sensorial.
El final de 'Gibalto', que el autor adelanta que no es muy complaciente, no estuvo claro hasta el último momento. «El dolor pesa tanto como la belleza del recuerdo», reconoce el autor. Quizá por eso quienes han leído la novela ya le piden una segunda parte, posibilidad que no estaba en sus planes pero que no descarta.
«Lo más importante que he aprendido es ejercer una labor de servicio público»
Más allá de la literatura, Aguilera reflexiona desde su doble condición de escritor y servidor público. «No se trata solo de ganar dinero; es importante el compañerismo y sentirse útil a la sociedad. Nos estamos convirtiendo en una sociedad demasiado individualista», advierte, trasladando a sus novelas los valores aprendidos en su trabajo con menores.
'Gibalto' se cierra como empezó, mirando al pasado para entender el presente. En ese gesto circular, Aguilera suscribe una idea dotada de experiencia: «el mundo es un lugar maravilloso que nos empeñamos en hacer difícil». Quizá por eso recurrimos a lo conocido cuando escribimos. A la memoria. A la nostalgia.
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