Sus empresas de pagos podrían ser las primeras víctimas
Regala esta noticia Añádenos en Google 21/07/2026 a las 01:35h.El mes pasado, Jamieson Greer, máximo responsable comercial de Estados Unidos, se quejó de que Pix, el sistema brasileño de pagos instantáneos, perjudica injustamente a ... empresas estadounidenses como Visa y Mastercard. En respuesta, Estados Unidos propuso imponer un arancel adicional del 25% a Brasil. Sin embargo, los brasileños parecen imperturbables. «Pix es un logro brasileño y no vamos a renunciar a él», respondió Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil y crítico habitual del poder estadounidense. Hasta su rival de la derecha, Flávio Bolsonaro, afirmó que no está dispuesto a renunciar al sistema. En su lugar, propuso un compromiso por el que Brasil se comprometería a no vincular Pix a una infraestructura de pagos transfronterizos que compita con la estadounidense.
En enero, Aurore Lalucq, presidenta de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, advirtió de que un Estados Unidos hostil podría cortar fácilmente el acceso de Europa a la infraestructura de pagos. «No podrán decir que no se les advirtió», afirmó, al tiempo que defendía que el continente debe desarrollar sus propias alternativas. Semanas después, según diversas informaciones, un grupo de directivos de bancos británicos se reunió en Londres para debatir la creación de un competidor británico de Visa y Mastercard.
«Es importante para todos nosotros tener los pagos digitales bajo nuestro control», declaró Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, en una entrevista radiofónica a principios de este año.
Hasta hace poco, el temor a las redes de pagos lideradas por Occidente se limitaba a países con «relaciones geopolíticas conflictivas» con Estados Unidos, señala John Collison, de Stripe, empresa especializada en pagos. Tras las sanciones estadounidenses y europeas que aislaron a Rusia de la infraestructura internacional de pagos, el país recurrió a su propio sistema de mensajería (SFPS) y a su red de tarjetas (Mir). China también ha desarrollado su propia infraestructura transfronteriza, tanto mediante iniciativas públicas como a través de la expansión de gigantes privados como Alipay y WeChat Pay, por temor al dominio estadounidense.
China debería priorizar «garantizar que el país disponga de canales de pago internacionales seguros»
Ya no son casos aislados. Hoy en día, la diversificación con respecto a Estados Unidos es «el deseo ardiente de los responsables políticos de prácticamente todos los países», afirma Eswar Prasad, de la Universidad de Cornell. Aunque gran parte del debate se ha centrado en el papel del dólar, los responsables de las políticas consideran cada vez más que la infraestructura de pagos constituye una forma más viable hacia la independencia. En mayo, Xu Gao, economista de Bank of China International, sostuvo que, en lugar de centrarse en convertir a yuanes los flujos transfronterizos, China debería priorizar «garantizar que el país disponga de canales de pago internacionales seguros» y «ampliar la red de pagos en renminbi a escala mundial».
Quienes buscan diversificar las vías por las que circulan sus pagos transfronterizos disponen de varias opciones. Una consiste en desarrollar sistemas propios. Es el caso de varios proyectos europeos recientes, que están cobrando impulso tras años de retrasos. La Zona Única de Pagos en Euros (SEPA), un conjunto de infraestructuras para pagos denominados en euros, cuenta ya con 41 países miembros. Asimismo, una coalición de bancos europeos y empresas de tecnología financiera respalda Wero, un monedero digital concebido para integrar sistemas nacionales de pagos rápidos, como la plataforma neerlandesa iDeal. «Es sencillo, fluido y Made in Europe», presume la página web de la plataforma. Por su parte, el Banco Central Europeo espera lanzar un euro digital emitido por el banco central en 2029.
Otra alternativa consiste en alejarse de los sistemas estadounidenses y acercarse a otros vinculados a la otra superpotencia. El Banco de China ha incorporado recientemente a decenas de países a su sistema de yuan digital para transacciones transfronterizas, señala Josh Lipsky, del Atlantic Council, un centro de estudios. En marzo, el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos de China (CIPS), alternativa a la red interbancaria SWIFT —con sede en Bélgica, pero dominada por Estados Unidos—, canalizó un volumen medio diario récord de 920.000 millones de yuanes (134.000 millones de dólares), un 20% más que en el mismo mes del año anterior. En abril volvió a batir un récord, al alcanzar 1,2 billones de yuanes en transacciones en un solo día, según FXC Intelligence, proveedor de datos.
La inmensa mayoría de los pagos transfronterizos sigue circulando por canales estadounidenses
Una tercera opción consiste en prescindir de los grandes proyectos internacionales en favor de acuerdos bilaterales. United Payments Interface (UPI), el sistema indio de pagos mediante códigos QR, ya opera en otros nueve países, y hay varios más en proyecto. Ritesh Shukla, de NPCI International, un organismo encargado de gestionar la expansión internacional de UPI, afirma que su equipo dispone de «una amplia hoja de ruta» para seguir creciendo, tanto mediante la interconexión de sistemas existentes como ayudando a otros países a desarrollar los suyos. «Nuestra marca promete que les haremos soberanos, para que puedan cumplir sus propios compromisos nacionales e impulsar su propia agenda nacional», afirma.
Por ahora, la inmensa mayoría de los pagos transfronterizos sigue circulando por canales estadounidenses o por infraestructuras a las que Estados Unidos tiene acceso. Sin embargo, los acuerdos bilaterales y multilaterales que conectan sistemas nacionales de pago, como Pix y UPI, podrían permitir a los países desviar una parte significativa de esos flujos de los actuales sistemas de tarjetas y de banca corresponsal, señala Prasad.
A corto plazo, la escasa liquidez de algunas divisas podría limitar el volumen de pagos en esos corredores. Con el tiempo, las innovaciones en el ámbito del dinero digital podrían hacer que muchos más pagos minoristas eludan por completo los canales tradicionales, pero, a medio plazo, es probable que los operadores tradicionales del sector de los pagos empiecen a notar el impacto.
La hora de la verdad
El auge de los sistemas «soberanos», especialmente en Europa —una importante fuente de negocio internacional para Visa y Mastercard—, podría erosionar sus envidiables márgenes operativos, superiores al 50%. En sus últimos informes anuales, ambas empresas señalaron el trato «preferencial» concedido a los sistemas nacionales de pago como uno de los riesgos para su negocio. Esa podría ser una de las razones por las que los inversores se han mostrado últimamente menos entusiastas con los dos gigantes, pese a sus sólidos resultados. Tras una subida sostenida iniciada en 2023, la cotización de ambas compañías ha retrocedido durante el último año
Oliver Jenkyn, presidente de mercados globales de Visa, afirma que ha recorrido el mundo para tranquilizar a los gobiernos y asegurarles que la empresa es sensible a las preocupaciones locales. En mayo, Visa anunció una inversión de 500 millones de euros (571 millones de dólares) en infraestructuras europeas, incluido un centro tecnológico en Polonia cuya inauguración está prevista para 2027. En abril, sus directivos anunciaron también una asociación con UnionPay, empresa china de pagos, para ofrecer pagos en tiempo real en China.
Mastercard también se está apresurando a proteger su negocio frente a los cambios geopolíticos. «Hoy existe una red europea de pagos que opera en beneficio de Europa. Esa red es Mastercard», escribió Kelly Devine, presidenta de Mastercard para Europa, en 2025. Para respaldar esa afirmación, la empresa está construyendo tres centros de datos en Francia por un valor de 250 millones de euros, que se sumarán a la docena que ya posee en Europa.
Si se mantienen las tendencias actuales, la fragmentación financiera podría reducir el PIB mundial en un 2,6% de aquí a 2030
El giro hacia la soberanía podría plantear problemas no solo para los gigantes de las tarjetas. El Consejo de Estabilidad Financiera, organismo internacional que ha supervisado los avances en los pagos transfronterizos, estima que la fragmentación probablemente impedirá que el G-20 alcance los objetivos en materia de pagos internacionales —en particular, hacer las remesas más rápidas y baratas— que se fijó en 2020.
Sin embargo, el riesgo más grave, señala Lipsky, es que la búsqueda de la soberanía en materia de pagos pueda acabar provocando que los distintos sistemas regionales se vuelvan incompatibles entre sí, lo cual incrementaría el fraude financiero y facilitaría la evasión de sanciones. Además, perjudicaría a la economía mundial. Un informe patrocinado por SWIFT (y elaborado por Economist Impact, nuestra empresa asociada) estima que, si se mantienen las tendencias actuales, la fragmentación financiera podría reducir el PIB mundial en un 2,6% de aquí a 2030. Los países podrían descubrir que el precio de la soberanía en materia de pagos es más alto de lo que imaginan. Y lo mismo podría ocurrirle a Estados Unidos.
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