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«Nuestra mayor tasa de pobreza tiene que ver con el limitado desarrollo industrial»

«Nuestra mayor tasa de pobreza tiene que ver con el limitado desarrollo industrial»
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La economista incide en las causas de que la región tenga peores indicadores sociales que el resto de España que, a su vez, también sufre más carencias que otros países europeos
La economista Elena Bárcena, en su despacho en el campus de El Ejido. Marilú Báez 28F | Elena Bárcena, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga «Nuestra mayor tasa de pobreza tiene que ver con el limitado desarrollo industrial»

La economista incide en las causas de que la región tenga peores indicadores sociales que el resto de España que, a su vez, también sufre más carencias que otros países europeos

Cristina Vallejo

Sábado, 28 de febrero 2026, 00:05

–A España, como a cualquier país, le influyen los ciclos económicos. Pero lo que caracteriza a España es que en los momentos de expansión económica no se reduce la pobreza como se esperaría que se hiciera; es decir, no aprovechamos bien esos momentos de expansión que serían los ideales para reducir la pobreza. Desde 2008 la pobreza aumentó bastante y después se ha ido reduciendo con altibajos debido a la Covid, etc., pero hemos tardado muchísimo en llegar a valores cercanos a los de 2008. Es una buena noticia, evidentemente, que se haya reducido la pobreza; pero quizás deberíamos haber alcanzado esos niveles mucho antes y creemos que no son suficientes, claro. Aquí estamos hablando de pobreza monetaria, pero si nos vamos a un concepto de pobreza más multidimensional, que abarca otros ámbitos, como son llegar a fin de mes, poder salir de vacaciones, comer adecuadamente... ahí ya empezamos a ver el reflejo de las dificultades concretas y reales de las personas y sí, tienen posibilidades de comer todos los días, pero no una alimentación adecuada, o tienen posibilidades escasas de ocio.

El espacio profesional de Elena Bárcena. Marilú Báez

–Pero parece que a veces falta sensibilidad para estas cuestiones. No es raro que se niegue la existencia de pobreza en el país, en la región, en la ciudad...

–Cuando hablamos de pobreza monetaria, de lo que estamos hablando es de una pobreza relativa, de no poder llevar el nivel de vida que llevan las personas que están en tu país. Cuando nos vamos a la tasa Arope (riesgo de pobreza o exclusión social), ésta mide otras dimensiones, una de ellas es la monetaria, pero otra es la material, que estudia la carencia de determinados bienes materiales y también sociales, como la capacidad de irse de vacaciones, de tomarse algo con los amigos al menos una vez por semana... Y claro, ahí ya depende de cómo lo perciba la población, pero creo que son necesidades básicas: si alguien no es capaz de poderse ir una semana de vacaciones al año, da una señal de que existe un deterioro social. Y lo que también marca un deterioro real es la tercera dimensión, que es la intensidad laboral, que es la capacidad de trabajar al menos el 20% de las horas del potencial que tiene la familia. Tenemos un problema con el mercado laboral. Es cierto que las cifras son muy buenas, vemos que el paro desciende y que el número de personas empleadas aumenta. Pero nuestro problema principal no está en la incorporación al trabajo, sino en qué condiciones se hace. Se trabaja a tiempo parcial de forma indeseada y el salario que se percibe es bajo. Eso lo vemos muy claramente en las cifras de pobreza laboral, es decir, en las personas que aún trabajando caen en la pobreza porque las horas que se trabajan no son las suficientes. En esta situación de pobreza laboral, obviamente, se encuentran las personas que trabajan, que son principalmente jóvenes y con hijos.

«El salario mínimo se ha fijado en un nivel que permite que una persona que trabaje a tiempo completo y viva sola salga de la pobreza. Pero si vives con una pareja que no trabaja a tiempo completo y tienes hijos a cargo, ese salario ya no consigue que el hogar en su conjunto escape de la pobreza»

–Durante todos estos años se han tomado medidas como la subida del salario mínimo, la creación de nuevas prestaciones como el ingreso mínimo vital, se han subido las pensiones... ¿Qué es lo que falla en el diseño de las políticas públicas?

–Aquí depende de a qué medida concreta nos refiramos. En el salario mínimo es cierto que se ha fijado en un nivel que permite que una persona que trabaje a tiempo completo y viva sola salga de la pobreza. Pero si vives con una pareja que no trabaja a tiempo completo y si tienes hijos a cargo, ese salario ya no consigue que el hogar en su conjunto escape de la pobreza. Ese salario mínimo es una medida, pero no es la única medida, se debe complementar con otras. Y el ingreso mínimo vital es una ayuda muy buena, pero con unos resultados muy limitados porque muchos potenciales perceptores no la están solicitando muchas veces por falta de información, otras veces porque a la gente no les es rentable invertir el tiempo necesario para solicitarlo por la burocracia que conlleva.

–Parece que España es menos eficaz para luchar contra la pobreza que otros países.

–Nuestro principal problema es la pobreza infantil: las familias con hijos en España tienen una situación más precaria que otros hogares. En Europa hay ayudas universales que recibe cualquier niño independientemente de la situación de su familia. Son ayudas que se han revelado eficaces para salir de la pobreza.

«En Europa hay ayudas universales que recibe cualquier niño independientemente de la situación de su familia. Son ayudas que se han revelado eficaces para salir de la pobreza»

–Aterrizamos en Andalucía: es una región que persistentemente tiene unas tasas de pobreza superiores. ¿Qué sucede?

–En la pobreza hay un claro patrón geográfico. Si se analiza geográficamente la pobreza, hay una división norte-sur. Evidentemente, con claras excepciones en determinados núcleos; por ejemplo, ya que estamos hablando desde Málaga, pues en Marbella quizás hay menos pobreza. Pero en general en el sur hay una mayor tasa de pobreza y eso responde a muchos factores. No hay una única causa. Por ejemplo, en el mercado laboral, quizás en el sur hay un desarrollo industrial más limitado; y el sector predominante es el turismo, sobre todo en Andalucía, una actividad que tiene una capacidad limitada para repartir el crecimiento: no todas las personas que trabajan en el sector turístico se benefician de ese crecimiento que produce el turismo. En hostelería, la restauración, los sueldos son más bajos y los horarios son muy demandantes.

–¿Qué falta entonces para lograr esa redistribución, más impuestos, más gasto público, o medidas predistributivas, como subidas salariales?

–Una única medida no sería nunca la receta adecuada. Tiene que haber una confluencia de distintas actuaciones. La actuación distributiva a través de impuestos está bien, es necesaria, pero también se necesitan una serie de actuaciones predistributivas que permitan reducir esa discrepancia entre salarios, de ingresos entre distintos individuos para hacer que antes de la acción de los impuestos ya sea más reducida esa desigualdad.

–En una comunidad autónoma donde la pobreza es más alta, donde también la desigualdad es más elevada... ¿una bajada de impuestos es buena o mala? Que no haya impuesto de sucesiones y donaciones, que no se grave el patrimonio, ¿es bueno o es malo?

–Desde el punto de vista estrictamente científico, las herencias tienen un papel fundamental en la distribución de la riqueza y también en la distribución de la renta, porque el patrimonio genera rentas. Estos impuestos, si se eliminan, lo que hacen es perpetuar las diferencias. Además, si lo ponemos en perspectiva, vemos que la clase más acomodada quizás sea la que menos hijos tenga, lo que va a redundar en que en las generaciones venideras se acrecentará mucho la desigualdad sólo por efecto de las herencias. En vivienda eso lo vemos muy claramente: si una persona hereda varias viviendas tiene una posición muy diferente a otra persona aunque ambas hayan alcanzado el mismo nivel de formación.

–¿La publicación de los datos de pobreza y desigualdad tiene efectos en la autoestima de los andaluces?

–Pues no, no lo creo, porque es verdad que salimos como los que más pobreza tenemos, como quienes tenemos la renta más baja, y también como los que tenemos en algunas ciudades los precios más altos de la vivienda, donde más turismo se recibe o donde vienen más extranjeros a jubilarse. Es decir, tenemos otras virtudes y yo creo que los andaluces las valoramos mucho. Vivir en Andalucía es un privilegio. Tenemos muchísimos elementos muy buenos; también tenemos deficiencias que queremos que se corrijan y las reclamamos.

«Tener una buena educación abre muchas puertas. Pero a veces, si estamos hablando de Andalucía, quizás las oportunidades hay que buscarlas fuera»

–Hemos hablado del modo en que la estructura productiva andaluza ayuda a explicar sus indicadores sociales. ¿En qué medida interviene la educación en ello?

–La educación es un factor clave, yo creo que el fundamental, para luchar contra la pobreza. Por eso una educación pública y de calidad creo que es una primera medida necesaria para luchar contra la pobreza. Tener una buena educación abre muchas puertas. Pero a veces, si estamos hablando de Andalucía, quizá las oportunidades hay que buscarlas fuera. Sí, cada vez tenemos más industria y Málaga, con su parque tecnológico, está trayendo industria que demanda trabajadores formados, lo que nos va a permitir que esa mano de obra tan educada se pueda quedar aquí, pero hay otras veces que tiene que salir de Andalucía e incluso de España.

–De lo que se trata es de llevar en paralelo la educación con un cambio del sistema productivo en la línea que está llevando Málaga. ¿Es así?

–Que se retroalimente una cosa con la otra. Porque ni una cosa ni la otra por separado son suficientes. Podemos tener una población muy bien educada, que si no tenemos dónde darle trabajo... Y podemos tener un sector productivo demandante de mano de obra muy cualificada, que si no disponemos de ésta, no podremos beneficiarnos. Por tanto, son dos vías que tienen que ir evolucionando de manera simultánea. Yo creo que Málaga sí está trabajando muy bien: tiene una universidad pública que está produciendo mano de obra tan cualificada que sus propios egresados están atrayendo industria, como sucede con el caso de Bernardo Quintero.

–Tenemos Málaga o Sevilla, por razones evidentes, que van por delante. Pero quizás otros territorios de Andalucía que se han quedado rezagados, como, no sé, Jaén quizás.

–Cada provincia tiene sus puntos fuertes. Jaén tiene una industria olivarera que requiere una mano de obra con una alta cualificación en ese cultivo. Andalucía está apostando además por esa investigación en agricultura, en impulsar nuevos cultivos...

«Esa afirmación de que en Málaga no hay pobreza surge de la posición en la que no se tiene conocimiento de toda Málaga»

–Andalucía también tiene niveles de desigualdad algo más altos que la media española.

–Lo ideal es tener poca desigualdad acompañada de altos niveles de renta. Y éste no es el caso de Andalucía. En desigualdad simplemente estamos diciendo si las rentas son o no iguales, no cuán grandes o pequeñas son éstas. Una forma de completar el análisis sería hablar de bienestar, lo que conlleva en la fórmula para medirlo corregir la renta media por la pérdida de bienestar que supone que haya desigualdad. También ligado a ello está el concepto de privación, que se ve condicionado por el grupo de referencia con el que cada cual se compara, que suele ser quien está por encima. Un problema que tiene la sociedad es que nos dejamos llevar por ese sentimiento de privación, que implica desconocimiento de lo que está fuera de tu ámbito, que si alguien vive en una zona acomodada del este de Málaga, quizás le hablan de pobreza y no lo entiende y lo que es más, igual piensa que no hay pobres en Málaga. ¿Qué ocurre? Que no está en su grupo de referencia. Esa afirmación de que en Málaga no hay pobreza surge de la posición en la que no se tiene conocimiento de toda Málaga.

–¿Se puede hablar en Andalucía de perdedores de la globalización?

–La pérdida de la clase intermedia yo creo que no se produce tanto por la globalización como por el cambio tecnológico. Hay determinadas tareas vinculadas a esos puestos intermedios que son los que más fácilmente se pueden hacer con la tecnología, que son los que se están perdiendo. Hay una mano de obra más básica que no es posible hacer con tecnología y hay otra parte más ligada a la dirección de la empresa que tampoco sustituye la tecnología. En cambio los puestos intermedios, que son los que se corresponden a las rentas medias, a la clase media, ésos son los que realmente están viéndose afectados por el cambio tecnológico. Esos son, además, los que hacen de conexión entre los polos. Si esa clase media desaparece, la polarización cada vez será más evidente.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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