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«Nuestro bebé ha hecho que todo merezca la pena»

«Nuestro bebé ha hecho que todo merezca la pena»
Artículo Completo 2,102 palabras
El parto de Dani ha durado tres días, como una fiesta «de las buenas». Hombre trans, se partió «por la mitad» en cada contracción. A Regina, mujer trans, le dieron la enhorabuena cuando salió del hospital: «¡Estás divina, parece que no has parido!». Y en el centro de sus vidas, ahora, el pequeño Alessandro
(Dani Maldonado)

Una historia de vida (y capítulo III)

«Nuestro bebé ha hecho que todo merezca la pena»

El parto de Dani ha durado tres días, como una fiesta «de las buenas». Hombre trans, se partió «por la mitad» en cada contracción. A Regina, mujer trans, le dieron la enhorabuena cuando salió del hospital: «¡Estás divina, parece que no has parido!». Y en el centro de sus vidas, ahora, el pequeño Alessandro

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Ana Pérez-Bryan

05/10/2026 Actualizado a las 05:45h.

Cuando sea mayor y vea las fotos, Alessandro sabrá que fue su padre el que lo gestó durante nueve meses, el que le dio a luz y el que no se ahorró «ni un solo minuto de dolor» porque no dio tiempo a que la epidural hiciera efecto. Sabrá que fue su madre la que le sostenía las piernas al padre cuando llegaba una contracción y que, con eso, también le sostenía el miedo y el «no voy a poder con esto». Que en los '¡empuja!' ella le acariciaba las manos y se acercaba a su oído para darle las gracias por el milagro. Que mientras Dani paría, los dos se convertían en una familia de tres.

Cuando sea mayor y vea las fotos, Alessandro sabrá que mientras su madre le cortaba el cordón, a su padre, en la camilla, se le cortaba la respiración. «Volvería a ese momento todos los días… aún lo recuerdo y me pongo a llorar», arranca Dani recorriendo todos y cada uno de los detalles de un parto que se prometía rápido pero que duró tres días. Como las fiestas de las buenas.

Cuando sea mayor y vea las fotos, los tres harán bromas porque fue salir del hospital con el cuco y las flores y las primeras noches sin dormir y le soltaron a la madre en toda la puerta un «¡Joder, qué envidia, estás divina! ¡Como si no hubieras parido!». Como si no. O como si sí. Porque Regina no lo había hecho pero es un sí como una casa. Como si para ser madre hubiera que parir.

al principio de esta historia para contar a Dani y a Regina, que estrenaron el título de primerizos -y pioneros, que no es lo mismo- mucho antes de ser padres. Daniel Lo Destro (24) es un hombre trans y Regina Varanski (30), una mujer trans. Se casaron hace tres años después de cinco de relación y el pasado mes de noviembre llegó la noticia de que iban a tener un bebé. Como la mayoría, «fruto del amor». Y como la mayoría, también, «concebido de manera natural»; porque en la transición a medida que ambos eligieron, Dani decidió conservar sus genitales biológicos y Regina, los suyos. Y Alessandro es el final feliz de esa historia de amor.

A Dani aún le cuesta mantener a raya la emoción cuando recuerda el parto: «Volvería a hacerlo todos los días»

Regina: «Yo le decía que iba a ir todo bien, pero en realidad no hacía más que temblar»

Atrás quedan los márgenes. Los de fuera y, sobre todo, los de dentro. Los 'para haber llegado a esto os podíais haber quedado como nacisteis', el género femenino impuesto a Dani en las primeras visitas a la matrona porque las que paren son las mujeres y no-hay-más-que-hablar y los paseos casi a escondidas y con una barriga enorme para evitar comentarios o algo peor. Los de dentro; el cambio físico en el cuerpo de Dani, un hombre pleno desde que transicionó a los 16 pero que en los últimos nueve meses se ha sentido en la casilla de salida porque quiso ser padre, gestar y parir. La disforia, el no reconocerse, también en Regina, mujer plena aunque no haya disfrutado de la biología de un embarazo pero que quiso ser madre y, además, ser ella la que inseminara al marido. Y Alessandro es el final feliz a esa historia de amor. Y no hay más que hablar.

«Por mucho que te lo cuenten, ni en sueños pensé que ese momento iba a ser tan intenso, tan tierno, tan íntimo, tan bonito... Me dejó sin palabras». Regina va a lo importante y trata de encontrarlas para describir los primeros días y el punto exacto en que dejó de pensar en si sería capaz de sentir ese 'clic' que te convierte en madre por puro instinto a pesar de no haber gestado. Bastó el contacto contra su pecho del cuerpecito caliente de su bebé para compensar ese tiempo en sólo un segundo. Y por qué no, también bastó la salida triunfal por el hospital con su vestido pegado y los tacones y los piropos y los 'como si'.

Más gente de la cuenta por el morbo

«Es la madre más guapa del mundo», le regala otro Dani mientras Regina se arregla el pelo y le coloca a Alessandro el patuco torcido. A Dani se le cae «la baba» con la mujer y el hijo. «Cuando los veo, me doy cuenta de que todo ha merecido la pena». Y el padre que gestó entra entonces de lleno en los detalles de esos tres días yendo y viniendo a las urgencias del Hospital Costa del Sol para ver si «ya sí». Las primeras contracciones, los monitores, el «aún no», volver a casa y, sobre todo, saber desde el primer momento que no se habían equivocado en la decisión de elegir ese hospital. «Esto quiero que lo pongas en el reportaje, por favor». Ahí va: «El trato fue maravilloso y muy humano; yo iba muy asustado y me hicieron sentir cómodo en todo momento. Desde el principio me preguntaron cómo quería que se dirigieran a mí, con qué pronombre; todo el equipo fue muy respetuoso, nos contaron quiénes iban a entrar al paritorio y qué iban a hacer… por si pensábamos que iba a haber más gente de la cuenta por el morbo».

El morbo de ver cómo un hombre da a luz a su hijo.

El milagro de ver cómo un chico sano y normal da a luz a su hijo.

«Soy muy joven, así que lo he tenido más fácil». Dani ha hecho suyo el diagnóstico de la matrona y lo reproduce con precisión casi quirúrgica ahora que ha olvidado el dolor, aunque para él se quedan «las horas partiéndome literalmente por dentro». «Todo el mundo me decía: 'Cuando estés de parto, lo sabrás'. ¡Y vaya si lo supe!», bromea el padre joven, sano y orgulloso. La madre también partida por dentro, pero de miedo: «Estaba acojonada, le decía que todo iba a ir bien para que estuviera tranquilo, pero yo no hacía más que temblar». Empezó a hacerlo cuando Dani la llamó al trabajo con un escueto «esto viene ya» y no dejó de sentirse así hasta que entraron en la sala de partos, tres días después. Las falsas alarmas y las idas y venidas: en una de ellas se metieron en un «atascazo» sin salida por un concierto de Alejandro Sanz. «Y yo no hacía más que pensar, ¿te imaginas que nace en el coche por su culpa?». Corazón partío, bromeaba la madre contando las contracciones del marido.

Una, dos, tres, cuatro… «Me habían contado cosas traumáticas de los partos, pero nada que ver. Si tuviera que elegir…», se lo piensa Dani como quien tiene que decidir en un segundo a quién quiere más, a papá o a mamá. «El más bonito, el de empujar; pero fue ver a nuestro hijo y ponernos a llorar. Y ya cuando me lo pusieron encima…». Los brazos de Regina cogiendo al bebé por primera vez y por los dos, el primer biberón en el paritorio, la emoción de las matronas. Cuando Alessandro abrió los ojos, a los cinco minutos de nacer.

A Alessandro, que sigue con los ojos muy abiertos, le gusta la calle, «el follón», la música y las canciones de Bad Bunny. Porque todo lo que sus padres vivieron encerrados los últimos meses de gestación por el miedo a las miradas lo han compensado a la misma velocidad con la que se cambia un pañal. Debí tirar más fotos, cantaría el de PR. «Tendríamos que haber disfrutado más de aquellas semanas, vivirlo con más calma», dicen ellos.

Dani: «El trato en el hospital ha sido muy humano. Iba bastante asustado pero hicieron sentir cómodo en todo momento»

Regina: «Mi visión de Dani ha cambiado al cien por cien. Admiro lo que ha hecho, mucho más allá de gestar a nuestro hijo»

A cambio, las últimos días se han convertido en un 'clic-clic-clic' de entradas y salidas. De fotos. De anécdotas. Dani coge carrerilla y dispara: «¿La primera salida con el bebé? Eso tiene su historia, porque fuimos a Carrefour a comprar un microondas y fue un 'show'. Todo el mundo nos miraba porque nos llevamos uno enorme y veían que era Regina la que llevaba todo el peso de la caja… Claro, yo iba con Alessandro en brazos, pero la gente asumía que era ella la recién parida y se acercaba a ayudarla y a quitarle ese 'muerto'…». Al final fue Dani el que tuvo que hacer el paseíllo, cinco días después de dar a luz, aún con los puntos, el peso de la caja y las miradas -ahora sí- de 'es que los tíos están para eso'.

Regina lo mira y no puede evitar la carcajada. «Nos ha pasado mucho en estos días… no hay vez que no salgamos, o vayamos a tomar algo por ahí, que no nos hagan sentir que no podemos salirnos de nuestro papel. ¿Sabes? Es automático: cuando Dani sale solo a darle un paseo al bebé se le acercan al carrito… ¡Le han llegado a preguntar dónde está la madre!».

Los 'como si'. Como si los padres no parieran y todo lo demás.

En todo lo demás, también, el futuro. Las preguntas que haría una abuela: «¿Para cuándo el segundo?». Dani y Regina se miran y se ríen. Acaban de salir de la batalla de la lactancia y los cólicos y de la guerra de las hormonas y pensar en eso les parece artillería pesada. «Nooooooooo…», arrastra mucho la respuesta Regina, que nada más salir de la sala de partos le dijo a la matrona que ella quería hacerse «la vasectomía». Que con uno basta. El marido le mantiene la mirada y le deja dos minutos de desahogo antes de lanzarle el tirito de gracia: «¡Pues yo sí quiero otro!». Más risas.

Y la madre que mira al hijo aprovechando la tregua de la segunda siesta de la mañana. Mirar a Alessandro y soltar a bocajarro un «me pregunto si cuando sea mayor se avergonzará de mí». Las dudas de si será «buena madre» y la mano de Dani sobre la suya antes de que haya terminado la frase. «Es que ahora estamos los dos muy sensibles», sigue él entrando de lleno en cómo la familia de tres ha transformado a a la pareja de dos. «Mi visión de Dani ha cambiado al cien por cien. Admiro lo que ha hecho, mucho más allá de gestar a nuestro hijo… Si antes lo quería, lo de ahora es una forma de amor que no sé explicar». Por eso lo intenta él: «Mi mujer es mi alma gemela, y jamás hubiera podido hacer esto sin ella. El vínculo es ahora mucho más fuerte que antes».

- «¿Qué le contaréis cuando sea mayor y conozca vuestra historia?».

-«Pues justo eso, que él viene de esa historia. De una historia de amor».

Una historia de vida (III): «Nuestro bebé ha hecho que todo merezca la pena».

Este reportaje es el tercero y último de una serie que ha contado el embarazo y el parto de Dani. comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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