Un momento de la película 'Mi vecino Totoro' (1988), de Studio Ghibli
Cine Nueve grandes películas de Studio Ghibli y dónde verlas: maratón con Totoro, Chihiro y la princesa MononokeLa filmografía esencial del estudio de animación japonés está llena de personajes inolvidables, espíritus benévolos, comunión con la naturaleza y una dulce melancolía.
Más información:El estudio de cine japonés Ghibli, Premio Princesa de Comunicación y Humanidades 2026
Fernando Díaz de Quijano Publicada 6 mayo 2026 14:00hStudio Ghibli, que ha ganado este miércoles el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, se ha consolidado en las últimas décadas como uno de los pilares del cine de animación contemporáneo, un referente de estilo, narrativa y sensibilidad estética.
Aunque la filmografía del estudio japonés es amplísima, podemos destacar seis títulos imprescindibles para sumergirse en su particular universo, lleno de fantasía, defensa de la naturaleza y una dulce melancolía, y poblado por personajes inolvidables y espíritus benévolos.
Juntas, estas películas conforman un mapa simbólico del imaginario, las obsesiones y la ambición artística del estudio fundado en 1985 por los directores Hayao Miyazaki e Isao Takahata y el productor Toshio Suzuki.
Todas las películas citadas a continuación (entre las que se incluyen dos galardonadas con el Oscar a mejor película de animación) están disponibles en Netflix para su visionado en streaming con suscripción. También se pueden alquilar en Apple TV y, en el caso de El chico y la garza, también en Prime Video.
Nausicaä del valle del viento (1984)
Esta película, realizada antes de la fundación del estudio, suele considerarse, en sentido estricto, la película “pre‑Ghibli” de Hayao Miyazaki, aunque hoy se la incluya de forma natural en el canon del estudio.
La historia sigue a Nausicaä, princesa de un pequeño reino devastado por la contaminación y la guerra, que vive junto a un inmenso “mar de esporas” poblado por insectos gigantes y restos de una civilización tecnológica desaparecida.
La película combina aventura, mitología ecológica y un tono de ciencia‑ficción postapocalíptica que anticipa buena parte de las obsesiones de las obras posteriores: el conflicto entre progreso tecnológico y equilibrio natural, la responsabilidad del poder y la capacidad de la vida para regenerarse.
En términos de producción, Nausicaä destacó por su complejidad de diseño, su uso del color y unas secuencias de vuelo que ya mostraban el talento de Miyazaki para el movimiento y la perspectiva. Su éxito fue fundamental para que, pocos años después, se fundara Studio Ghibli, convirtiéndola en la pieza inaugural de un universo cinematográfico que hoy sigue expandiéndose.
El castillo en el cielo (1986)
Primera película realizada bajo el paraguas formal de Studio Ghibli, El castillo en el cielo mezcla steampunk, aventura de piratas y mitología acuática. La cinta gira en torno a Sheeta y Pazu, dos niños que intentan descubrir el misterio de un castillo flotante que se dice posee un poder capaz de destruir el mundo.
Desde el punto de vista de producción, El castillo en el cielosentó las bases de la narrativa Ghibli: personajes infantiles como agentes de cambio, la búsqueda como motor de la acción, paisajes naturales y arquitectónicos de gran detalle, y un gusto por la tecnología ambivalente, a la vez prodigiosa y peligrosa.
La película tiene un tono más folletinesco que otros títulos posteriores, pero adelanta algunas de las obsesiones de Miyazaki: la gravedad, la flotación, las ciudades perdidas y la tensión entre conocimiento y poder.
El título original de la película era Tenkū no Shiro Laputa, siendo Laputa el nombre de la isla flotante, pero en la versión en español, por su fonética malsonante, se decidió obviar esta palabra, e incluso en el doblaje al español se cambió "Laputa" por "Lapuntu". En los nuevos doblajes hechos en España y México, la isla flotante conserva su nombre original.
La película volverá a los cines este 15 de mayo por su 40 aniversario, de la mano de Vértigo Films.
La tumba de las luciérnagas (1987)
Dentro de la filmografía de Ghibli, La tumba de las luciérnagas ocupa un lugar aparte: dirigida por Isao Takahata, no es una fantasía, sino un drama bélico austero y devastador. La historia narra las peripecias de Seita y Setsuko, dos hermanos huérfanos que buscan sobrevivir en Japón durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.
La película se distingue por su crudeza visual y emocional, su rechazo a la redención simplista y su estilo de animación más expresionista y minimalista.
Aunque compartió cartelera con Mi vecino Totoro en un estreno conjunto concertado por el estudio, su impacto fue más lento: hoy se considera un clásico del cine bélico y una de las obras más desgarradoras de la historia de la animación.
Mi vecino Totoro (1988)
Dos hermanas, Satsuki y Mei, se trasladan al campo con su padre para estar cerca del hospital donde su madre se recupera de una larga enfermedad. Al entablar contacto con los espíritus de la naturaleza, conocen a Totoro, una criatura gigantesca, benigna y misteriosa que se convierte en figura de consuelo y fantasía.
La película es, en apariencia, una fábula pastoral, pero también un retrato de la relación entre el Japón rural y una modernidad que avanza. Su impacto fue inmediato: la imagen de Totoro, tan reconocible, se convirtió en el logo del estudio, y la banda sonora de Joe Hisaishi se erigió como una de las más queridas de la animación.
Totoro funcionó como la puerta de entrada al universo Ghibli para varias generaciones de espectadores y reforzó el diálogo entre naturaleza, niñez y melancolía que atraviesa todo el cine del estudio nipón.
Porco Rosso (1992)
Es una de las películas más singulares de Miyazaki: la historia de Marco, un expiloto de combate convertido en cazador de recompensas que, por una especie de maldición, ha tomado la forma de un cerdo antropomórfico. Ambientada en el Adriático de entreguerras, la película mezcla aviación, nostalgia, humor seco y una melancolía adulta poco habitual en la animación comercial.
Es también una obra muy personal de Miyazaki, marcada por su fascinación por los aviones y por una visión romántica, pero no ingenua, de la libertad.
Además, tiene una frase icónica: "Prefiero ser un cerdo a ser un fascista".
La princesa Mononoke (1997)
En un Japón feudal marcado por la deforestación, la caza de especies sagradas y la expansión de las industrias, Ashitaka, un joven samurái, se ve atrapado entre el mundo de los dioses y el de los humanos.
La cinta explora la lucha entre la naturaleza y la modernidad, encarnada en la figura de la princesa Mononoke, una niña criada por lobos que se resiste a cualquier forma de domesticación.
La princesa Mononoke supuso un salto de escala: presupuesto más elevado, combates de gran envergadura, paisajes más oscuros y una paleta tonal menos “familiar” que lo habitual en Ghibli.
La película fue un hito en la independencia creativa del estudio frente a los grandes grupos de medios japoneses y marcó el inicio de una nueva fase: más adulta, más compleja, más política. Su influencia se ha visto en buena parte de la animación ecológica y post‑apocalíptica que le ha seguido.
El viaje de Chihiro (2001)
Es probablemente la película más emblemática de Studio Ghibli. Basada en un cuento inédito de Miyazaki, la película sigue a Chihiro, una niña de diez años que se ve arrastrada a un mundo de baños termales habitado por dioses, espíritus y monstruos. A medida que se interna en ese universo, Chihiro debe renunciar a su nombre, transformarse en trabajadora y aprender a sobrevivir en un sistema de poder y magia regido por reglas arbitrarias.
Más allá de su narrativa fantástica, Chihiro es un texto político sobre la infancia, la identidad y la explotación del cuerpo y el trabajo.
La producción fue enorme: varias decenas de miles de dibujos a mano, con un diseño de personajes y paisajes que marcaron un antes y un después en la estética Ghibli.
La cinta se convirtió en el mayor éxito taquillero japonés de su tiempo y ganó el Oscar a la mejor película de animación en 2003, consolidando a Ghibli como fenómeno global.
El castillo ambulante (2004)
Adaptación de la novela de Diana Wynne Jones, se trata de una de las películas más populares del estudio en el siglo XXI. Sigue a Sophie, una joven convertida en anciana por un hechizo, y a Howl, un mago brillante y evasivo que habita un castillo mecánico en constante movimiento.
La cinta combina fantasía, guerra, metamorfosis y una estética visual deslumbrante, y fue leída en su momento como una obra de fuerte carga antibelicista, especialmente por el contexto de la guerra que atraviesa el relato.
El chico y la garza (2023)
Con este título, que ganó el Oscar a la mejor película de animación, Japón redescubrió el debate sobre la “herencia” de Miyazaki. Aunque el director firmó públicamente su retirada varias veces, regresó con una película de tono más oscuro, introspectivo y, en algunos momentos, casi onírico.
El chico y la garza sigue a un joven que, tras la muerte de su madre, se muda a vivir con un compañero de su padre, y comienza a descubrir un mundo paralelo al que entra cada vez más profundamente.
La producción se caracterizó por un diseño de animación especialmente detallado, con un uso de la luz y el color que recuerda a pinturas de interiores europeas.
La película se estrenó en pleno resurgimiento del cine de animación japonés y fue recibida como un testamento poético: menos lineal que las obras anteriores, más elíptica, con un énfasis en el duelo, la memoria y la continuidad del legado creativo más que en la acción pura.