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Odesa no se rinde

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El último gran puerto que le queda a Ucrania sufre ataques constantes de Rusia y los ciudadanos se han adaptado a la fuerza a vivir bajo drones y misiles

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Fachada del Liceo de Construcción y Arquitectura en Odesa. M. Ayestaran Odesa no se rinde

El último gran puerto que le queda a Ucrania sufre ataques constantes de Rusia y los ciudadanos se han adaptado a la fuerza a vivir bajo drones y misiles

Mikel Ayestaran

Enviado especial a Odesa

Martes, 24 de febrero 2026, 21:07

... enero tres drones impactaron contra este edificio de diez plantas en pleno centro de Odesa y desde entonces profesores y alumnos trabajan por turnos en la reparación. Igor Chernenko lleva veinte años como director de la institución y está al frente del equipo que retira escombros y da los últimos retoques al búnker, que ya está listo para poder retomar las clases de forma segura lo antes posible.

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Tras un periodo de estancamiento, los ataques rusos contra la zona se han intensificado en los últimos meses con la reactivación del frente del mar Negro. El jefe del Kremlin, Vladímir Putin, reclama desde hace años el principal puerto ucraniano como propio, y en diciembre amenazó con aislar la ciudad del mar. Tomar Odesa, o incluso imponer un bloqueo naval, está fuera del alcance actual de Moscú por lo que la alternativa es bombardear la localidad con misiles y drones como los que impactaron contra el liceo.

Ilia y Serguéi, de 16 años, son dos de los estudiantes a quienes les toca participar en las tareas de reparación. Están contentos porque han limpiado la sexta planta, donde estaba su clase, pero no ocultan la sensación de miedo de volver a este lugar alcanzado en dos ocasiones. «Soy de este barrio y escuché las explosiones, estamos habituados y sabemos que le puede tocar a cualquier edificio. Quiero pensar que volveremos todos los alumnos y que no habrá más drones, que la guerra acabará pronto», asegura Ilia.

El Kremlin amenaza con aislar la ciudad del mar, clave para la exrepública soviética

El mar es una forma de protección para Odesa, pero hace también que la ciudad sea complicada de defender. En diciembre, después de un ataque masivo de drones, el 60% del millón de habitantes se quedó sin electricidad, calefacción y agua corriente, lo que obligó a establecer una red de puestos públicos para socorrer a la población. Les bautizaron como 'puntos de invencibilidad', y allí acuden los vecinos a cargar sus teléfonos y calentarse un rato, sobre todo en un invierno en el que la localidad costera ha visto la nieve por primera vez en años, y se llenan o vacían en función de la intensidad de los bombardeos y la velocidad de las reparaciones.

Una economía hundida

«Nadie se acostumbra a esto, pero nos han obligado a adaptarnos. Resistimos porque tenemos aquí a nuestras familias, a nuestros hombres combatiendo en el frente, pero el día a día es muy duro. La falta de electricidad, de trabajo y las complicaciones cotidianas te hunden un poco más y hay muchas depresiones», señala la psicóloga Oksana Plakhotka, voluntaria de la ONG Nonviolent Peaceforce, que ofrece atención a la salud mental desde hace dos años. A sus instalaciones llegan sobre todo «mujeres entre los 35 y los 50 que ya no pueden más, que están a punto de estallar. Lo que trato de hacer es ayudarles a dar soluciones a los problemas del día a día, a adaptarse a esta situación y resistir», explica.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció a comienzos de año que los rusos «quieren cortar el acceso a Odesa y a otras ciudades en términos de infraestructuras. Están atacando y matando tanto a personas como a la economía al reducir nuestra capacidad de exportación a través del corredor marítimo». Una vía por la que sale al exterior el 90% de la producción agrícola del país.

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Dos de los voluntarios que ayudan a la reconstrucción del centro. M. Ayestaran

«Putin tiene un deseo personal con esta ciudad y la castiga con dureza. Los ataques han hundido la economía local.Es imposible para comercios y restaurantes vivir con generadores las 24 horas», comenta el joven político Petr Obuhov, aspirante a alcalde de Odesa.

Desde la orilla del mar Negro, Obuhov no tiene esperanza alguna en la negociación con Rusia –que se retomará esta semana en Ginebra con la mediación de Estados Unidos– porque Putin «es una persona que solo parará la guerra cuando ya no pueda más. Su sueño es conquistar el país y no se conformará con el Donbás, no se puede confiar en él». Odesa resiste gracias a unos ucranianos adaptados a la fuerza a vivir bajo los drones y misiles que envía la persona que sueña con conquistar el último gran puerto que le queda a la antigua república soviética.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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