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Olazábal, 60 años, brilla en Augusta hasta donde alcanza

Olazábal, 60 años, brilla en Augusta hasta donde alcanza
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El de Fuenterrabía lideró el torneo, pero los errores se agolparon a partir del hoyo 14 y acaba con 74 golpes, dos sobre par<span class=""></span>
Masters de AugustaOlazábal, 60 años, brilla en Augusta hasta donde alcanza

El de Fuenterrabía lideró el torneo, pero los errores se agolparon a partir del hoyo 14 y acaba con 74 golpes, dos sobre par

José María Olazábal (60) agradece los aplausosLAPRESSE
  • GERARDO RIQUELME Augusta
Actualizado 09/04/2026 - 19:50CESTMostrar comentarios0

A los 60 años, los nuevos 40 para los optimistas, José María Olazábal dio una lección de diligencia en la primera jornada del Masters de Augusta, el día que se conmemoraba el 69 aniversario del malogrado Seve Ballesteros, su gran amigo. Una corbata y una bola al lago deslucieron una tarjeta que no reflejó el mérito adquirido. Treinta minutos tormentosos que llevaron al de Fuenterrabía a firmar 74 golpes, dos sobre par.

Pero hubo un momento, donde el vasco se convirtió en tendencia. Todo el trabajo que ha exhibido en la cancha de prácticas del Augusta National, casi 600 bolas pegadas en los tres últimos días, encontró recompensa en la fría mañana, 7 grados en su turno -se llegaría hasta 22-, del primer grande del curso. "El green del 1 estaba tan duro que ni dejábamos pique", reveló. De pronto, gracias a un birdie en el hoyo 2, el único par 5 al que puede sacar partido por su menor potencia, y un putt fabuloso en el 3, con caída de derecha a izquierda, le puso liderando el Masters en solitario.

Fue algo circunstancial, pues luego aparecería Patrick Reed con sus dos eagles en los hoyos largos para dominar, pero entrañable. Y delicioso. Olazábal estaba en lo alto de la pizarra de un lugar que ya no le es familiar. Cuando ganó su última chaqueta en 1999, el recorrido medía 6.388 metros. Ahora, 6.915, que es como si hubiese crecido un par 5 más. Allí donde los jóvenes, cultivados en el gimnasio, pegan hierros cortos o wedges, José Mari, como le llaman sus íntimos, tiene que sacar una madera 7 o un hierro 2, que en estos tiempos es una reliquia. 

Olazábal, en el hoyo 3LAPRESSE

Jugaba al lado de Potgieter, un sudafricano que lo parte, que pega drivers de 303 metros, mientras que Olazábal apenas llega a 251 cuando le pega en el punto dulce. "Es como si estuviese jugando el partido de atrás", reconoce al observar la descompensación. Pero no todo es potencia en este deporte. Miró la pizarra en el 3 y se vio líder. Y luego, en el 8, gozó de la misma sensación. Y en el 11. "Supongo que todos estaríais en shock", soltó. "Ha sido una anécdota, pero la he disfrutado mucho. Ya sé donde estoy y no estoy en disposición de luchar por el torneo ni mucho menos, pero me ha encantado".

El de Fuenterrabía siempre se ha visto en desventaja a la hora de pegar. "Desde pequeño, el resto de los chicos iban más lejos que yo. Por eso me he esmerado siempre en el juego corto. También como profesional". Acostumbrado al Davis frente a Goliat, ahora, después de 37 participaciones en el Masters, es un ejercicio automatizado. Lo salvó todo, hasta el díficil approach del 12, donde no hay espacio para el error.  La embocó en el 11 desde el anillo. Soberbio hasta que una corbata en el hoyo 14 abrió la caja de los males. El preludio de un error que le descabalgó definitivamente.

El hoyo 15, el último par 5 del Augusta National, el del lago que traga bolas, aunque también el del albatros de Gene Sarazen en 1935 y el del golpazo de Rory McIlroy en la edición pasada, se ha convertido en un tormento para Olazábal. El viernes de 2025 falló el corte porque la tiró al agua. Y también en la ronda de prácticas del martes, dos veces. El mismo resultado aconteció el jueves, el borrón de una gran obra. Dio demasiado retroceso al tercer golpe y tras posarse en el green se aceleró hacia la charca. "Es un golpe infravalorado, porque no es tan sencillo", sostiene Rahm. Para el doble ganador de la chaqueta verde se ha convertido en la hipótesis de Riemann.

"Tampoco te quieres pasar el green en ese hoyo porque luego el golpe de vuelta es dificilísimo, así que aprietas tanto con la distancia que pones en riesgo acabar donde he acabado", lamentó. Sin ese '7', hubiese sido una vuelta maravillosa.

La secuencia bogey-doble bogey-bogey lo sacó de los focos definitivamente. Pero le abrió la opción de pelear el corte el viernes, algo que entraba en sus sueños no en sus planes. "Butch Harmon me ha dicho que ya no tengo remedio", contaba el martes entre bromas. A veces la mejor solución para los males es la actitud. Y con eso puede resultar suficiente. Por muy en desventaja que estés.

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Fuente original: Leer en Marca
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