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Oliver Blume debería irse, cobra más de 10 millones de euros y culpa de la crisis en Volkswagen a China y a 100.000 empleados

Oliver Blume debería irse, cobra más de 10 millones de euros y culpa de la crisis en Volkswagen a China y a 100.000 empleados
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Oliver Blume arruinó Porsche con sus decisiones, y ahora va camino de acabar con el Grupo Volkswagen.Business Insider Oliver Blume pretende presentar el mayor plan de despidos en los 89 años del Grupo Volkswagen: 100.000 empleos se eliminarán y cuatro plantas se cerrarán. Mientras, el CEO cobra 10,35 millones por una de las peores gestiones en la historia del fabricante. Oliver Blume llegó a la presidencia del Grupo Volkswagen en septiembre de 2022 entre aplausos. Herbert Diess salió por la puerta de atrás tras un enfrentamiento con el consejo de supervisión y los sindicatos, y Blume aterrizó desde Porsche con el prestigio de haber ejecutado la mayor OPV de Europa. La salida a bolsa de la marca deportiva alcanzó una valoración de entre 70.000 y 75.000 millones de euros, con un beneficio operativo que había crecido un 40,6 % hasta los 5.050 millones en los nueve primeros meses de ese año. Blume no saneó Porsche desde la ruina, sino que recogió una siembra excelente y la convirtió en un evento financiero histórico. Ese matiz cambia la lectura de lo que está ocurriendo ahora en Wolfsburgo. Neckarsulm, cuna del nuevo Audi A6, del R8 y de los RS más brutales, podría cerrar en poco tiempo. Lo que está ocurriendo en Volkswagen es difícil de defender El plan que Blume quiere presentar al consejo de supervisión, según adelantó un importante diario alemán ayer, contempla hasta 100.000 despidos en todo el mundo y la paralización de cuatro plantas: Hannover, Zwickau y Emden en la marca Volkswagen, más Neckarsulm en Audi. Solo esas cuatro instalaciones emplean a más de 45.000 trabajadores. Se trata de la mayor reestructuración en los 89 años de historia del grupo. El número no aparece de la nada. A finales de 2024, Volkswagen ya había alcanzado un acuerdo con los sindicatos para recortar 50.000 empleos en Alemania hasta 2030 y reducir la capacidad de producción en 500.000 unidades. El nuevo plan casi dobla esa cifra. Desde 2023, el grupo ya había eliminado 28.000 empleos a través de ese proceso previo. Los recortes, por tanto, no están funcionando como palanca de recuperación. Son una escalada. «La contradicción más difícil de justificar no es la magnitud de los despidos. Es lo que ocurre en paralelo con ellos».El beneficio neto del grupo se hundió un 44 % en 2025, de 12.400 a 6.900 millones de euros. El dividendo, en cambio, apenas bajó un 17 %, hasta los 2.600 millones repartidos entre los accionistas. El payout ratio real se sitúa en torno al 38 %, ocho puntos por encima del umbral mínimo de referencia que la propia empresa se había fijado. Dicho de otra forma: en el año en que seis de cada nueve miembros del consejo de administración admitieron en una encuesta interna que la compañía corría riesgo de desaparecer, el dividendo se mantuvo por encima de lo que las propias reglas internas exigían. Volkswagen necesita volver a fabricar coches baratos, sólo de esa forma saldrá de la crisis. La contradicción que no tiene defensa A Blume, mientras tanto, se le pagaron 10,35 millones de euros en 2024, un 5,4 % más que el año anterior, sumando su retribución en Volkswagen y en Porsche, donde seguía siendo también consejero delegado hasta el pasado otoño, que lo dejó presionado por los accionistas. La renuncia al 5 % del salario fijo en Volkswagen que anunció como gesto de austeridad se compensó con creces desde Porsche. El resultado neto: más dinero para él, menos empleados en las fábricas. El problema estructural que Blume identificó correctamente -una organización mastodóntica con capas de vicepresidencias, juntas y comités que multiplican la burocracia sin añadir valor- sigue intacto en las plantas nobles de Wolfsburgo. Los ajustes han recaído sistemáticamente sobre la base operativa: jubilaciones anticipadas, no renovaciones, acuerdos de salida para trabajadores de fábrica. La cúpula directiva no ha experimentado una reducción equivalente en términos proporcionales. Hay además una pregunta que nadie en la dirección ha respondido con claridad: dónde se fabricarán los modelos que hoy salen de las plantas que se quieren cerrar. Zwickau y Emden son instalaciones orientadas al vehículo eléctrico. Cerrar Bruselas le costó dinero a Audi y le seguirá costando mientras permanezca vacía. El CUPRA Born, los Audi Q4 e-tron, la ID.Buzz, la Caravelle, el Multivan, el California y el Transporter en sus variantes eléctricas necesitan líneas de producción. Por el momento, no hay respuesta. La coartada china Blume considera que despedir a 100.000 trabajadores y cerrar esas cuatro fábricas hará que el grupo Volkswagen vuelva a la senda del beneficio, pero está equivocado. Como también echarle la culpa a la competencia china, que llegó cuando Volkswagen ya llevaba años acumulando ineficiencias que cualquier auditoría interna habría detectado. Usarla como argumento central para justificar 100.000 despidos es cómodo. De hecho, la irrupción de los fabricantes chinos en Europa es un factor del mercado, no la causa de los problemas de Volkswagen. BYD, Chery o SAIC no obligaron al grupo a gastar miles de millones en un software -CARIAD- que tardó años en ser mínimamente funcional, ni diseñaron una estructura organizativa con tantas capas de mando que necesita comités para tomar decisiones operativas básicas. Los trabajadores y sindicatos darán la batalla a Blume El consejo de supervisión tiene convocada una reunión para el 9 de julio, donde se analizará formalmente el plan. IG Metall y el comité de empresa ya han anunciado que lo combatirán con todos los medios disponibles. La batalla sindical está servida, pero el problema de fondo es anterior a ella: una gestión que lleva tres años diagnosticando la misma enfermedad sin conseguir curarla, mientras mantiene intactos los privilegios en la cima. Eso, más que los 100.000 despidos, es lo que debería estar en el centro del debate. Blume debería irse. No lo decimos nosotros, Audi y Porsche lo están pidiendo a gritos, desde hace tiempo, y los sindicatos también. Falta saber cuántos apoyos sigue teniendo el CEO después de la reunión.
Oliver Blume debería irse, cobra más de 10 millones de euros y culpa de la crisis en Volkswagen a China y a 100.000 empleados

Oliver Blume pretende presentar el mayor plan de despidos en los 89 años del Grupo Volkswagen: 100.000 empleos se eliminarán y cuatro plantas se cerrarán. Mientras, el CEO cobra 10,35 millones por una de las peores gestiones en la historia del fabricante.

Oliver Blume arruinó Porsche con sus decisiones, y ahora va camino de acabar con el Grupo Volkswagen. - Business InsiderFran Romero[email protected]

Publicado: 28/06/2026 18:00

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Oliver Blume llegó a la presidencia del Grupo Volkswagen en septiembre de 2022 entre aplausos. Herbert Diess salió por la puerta de atrás tras un enfrentamiento con el consejo de supervisión y los sindicatos, y Blume aterrizó desde Porsche con el prestigio de haber ejecutado la mayor OPV de Europa.

La salida a bolsa de la marca deportiva alcanzó una valoración de entre 70.000 y 75.000 millones de euros, con un beneficio operativo que había crecido un 40,6 % hasta los 5.050 millones en los nueve primeros meses de ese año. Blume no saneó Porsche desde la ruina, sino que recogió una siembra excelente y la convirtió en un evento financiero histórico. Ese matiz cambia la lectura de lo que está ocurriendo ahora en Wolfsburgo.

Neckarsulm, cuna del nuevo Audi A6, del R8 y de los RS más brutales, podría cerrar en poco tiempo.

Lo que está ocurriendo en Volkswagen es difícil de defender

El plan que Blume quiere presentar al consejo de supervisión, según adelantó un importante diario alemán ayer, contempla hasta 100.000 despidos en todo el mundo y la paralización de cuatro plantas: Hannover, Zwickau y Emden en la marca Volkswagen, más Neckarsulm en Audi. Solo esas cuatro instalaciones emplean a más de 45.000 trabajadores. Se trata de la mayor reestructuración en los 89 años de historia del grupo.

El número no aparece de la nada. A finales de 2024, Volkswagen ya había alcanzado un acuerdo con los sindicatos para recortar 50.000 empleos en Alemania hasta 2030 y reducir la capacidad de producción en 500.000 unidades. El nuevo plan casi dobla esa cifra. Desde 2023, el grupo ya había eliminado 28.000 empleos a través de ese proceso previo. Los recortes, por tanto, no están funcionando como palanca de recuperación. Son una escalada.

El beneficio neto del grupo se hundió un 44 % en 2025, de 12.400 a 6.900 millones de euros. El dividendo, en cambio, apenas bajó un 17 %, hasta los 2.600 millones repartidos entre los accionistas. El payout ratio real se sitúa en torno al 38 %, ocho puntos por encima del umbral mínimo de referencia que la propia empresa se había fijado.

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Dicho de otra forma: en el año en que seis de cada nueve miembros del consejo de administración admitieron en una encuesta interna que la compañía corría riesgo de desaparecer, el dividendo se mantuvo por encima de lo que las propias reglas internas exigían.

Volkswagen necesita volver a fabricar coches baratos, sólo de esa forma saldrá de la crisis.

La contradicción que no tiene defensa

A Blume, mientras tanto, se le pagaron 10,35 millones de euros en 2024, un 5,4 % más que el año anterior, sumando su retribución en Volkswagen y en Porsche, donde seguía siendo también consejero delegado hasta el pasado otoño, que lo dejó presionado por los accionistas. La renuncia al 5 % del salario fijo en Volkswagen que anunció como gesto de austeridad se compensó con creces desde Porsche. El resultado neto: más dinero para él, menos empleados en las fábricas.

El problema estructural que Blume identificó correctamente -una organización mastodóntica con capas de vicepresidencias, juntas y comités que multiplican la burocracia sin añadir valor- sigue intacto en las plantas nobles de Wolfsburgo. Los ajustes han recaído sistemáticamente sobre la base operativa: jubilaciones anticipadas, no renovaciones, acuerdos de salida para trabajadores de fábrica. La cúpula directiva no ha experimentado una reducción equivalente en términos proporcionales.

Hay además una pregunta que nadie en la dirección ha respondido con claridad: dónde se fabricarán los modelos que hoy salen de las plantas que se quieren cerrar. Zwickau y Emden son instalaciones orientadas al vehículo eléctrico. Cerrar Bruselas le costó dinero a Audi y le seguirá costando mientras permanezca vacía.

El CUPRA Born, los Audi Q4 e-tron, la ID.Buzz, la Caravelle, el Multivan, el California y el Transporter en sus variantes eléctricas necesitan líneas de producción. Por el momento, no hay respuesta.

La coartada china

Blume considera que despedir a 100.000 trabajadores y cerrar esas cuatro fábricas hará que el grupo Volkswagen vuelva a la senda del beneficio, pero está equivocado. Como también echarle la culpa a la competencia china, que llegó cuando Volkswagen ya llevaba años acumulando ineficiencias que cualquier auditoría interna habría detectado. Usarla como argumento central para justificar 100.000 despidos es cómodo.

De hecho, la irrupción de los fabricantes chinos en Europa es un factor del mercado, no la causa de los problemas de Volkswagen. BYD, Chery o SAIC no obligaron al grupo a gastar miles de millones en un software -CARIAD- que tardó años en ser mínimamente funcional, ni diseñaron una estructura organizativa con tantas capas de mando que necesita comités para tomar decisiones operativas básicas.

Los trabajadores y sindicatos darán la batalla a Blume

El consejo de supervisión tiene convocada una reunión para el 9 de julio, donde se analizará formalmente el plan. IG Metall y el comité de empresa ya han anunciado que lo combatirán con todos los medios disponibles. La batalla sindical está servida, pero el problema de fondo es anterior a ella: una gestión que lleva tres años diagnosticando la misma enfermedad sin conseguir curarla, mientras mantiene intactos los privilegios en la cima.

Eso, más que los 100.000 despidos, es lo que debería estar en el centro del debate. Blume debería irse. No lo decimos nosotros, Audi y Porsche lo están pidiendo a gritos, desde hace tiempo, y los sindicatos también. Falta saber cuántos apoyos sigue teniendo el CEO después de la reunión.

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Fuente original: Leer en Motor - Noticias
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