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Otoño caliente en Washington

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Las elecciones 'midterms' de noviembre serán importantísimas: se trata de quién supervisará los mecanismos de control de la democracia estadounidense los próximos años y si crecerá la desconfianza sobre la limpieza del proceso electoral

El Foco

Otoño caliente en Washington

Las elecciones 'midterms' de noviembre serán importantísimas: se trata de quién supervisará los mecanismos de control de la democracia estadounidense los próximos años y si crecerá la desconfianza sobre la limpieza del proceso electoral

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Francisco Rodríguez Jiménez

Doctor en Historia Contemporánea, investigador posdoctoral en Harvard y Fulbrighter en George Washington University

05/07/2026 Actualizado a las 00:50h.

La realidad superó la ficción en las escalinatas del Capitolio estadounidense una gélida mañana de enero de 2021. Espoleada por el presidente derrotado, una turba ... irrumpió en la sede parlamentaria. Destrozó mobiliario y coreó consignas. Una de las más escalofriantes: «Ahorcad a Mike Pence». Los más enfervorecidos incluso improvisaron una horca simbólica. La democracia estadounidense contra las cuerdas. No obstante, el vicepresidente Pence resistió la presión de Trump para que alterase la certificación del resultado electoral. La maquinaria burocrática siguió su curso y Biden se convirtió en el 46 presidente de Estados Unidos. Es pura ucronía, pero ¿qué hubiera pasado si Pence, acongojado por los asaltantes y la coerción de su multimillonario superior, hubiese colaborado con el intento de subvertir el resultado electoral?

Es casi imposible estar al quite informativo de los múltiples cambios de guion, los exabruptos y las ocurrencias geoestratégicas del presidente Donald Trump. No es cosa suya. Es una estrategia de comunicación política encapsulada por el gurú ultraconservador Steve Bannon. El Partido Demócrata no importa; la verdadera oposición son los medios de comunicación contrarios. Y la mejor forma de tratar con ellos es inundarlo todo con «mierda informativa», dijo Bannon en marzo de 2019. Suena escatológico, pero es literal.

Con tanta desinformación, olvidamos a veces el tsunami político que está suponiendo la presidencia segunda de Donald Trump. Con oleajes de intensidad variada, es evidente que Donald Trump está tratando de expandir sus poderes presidenciales. En honor a la verdad, es algo que han deseado presidentes anteriores. Pero no con el ímpetu y enfoque multidimensional trumpiano. El mismo día que juró el cargo en 2025 pulverizó todos los récords, firmando 26 órdenes ejecutivas. Por ejemplo, Biden rubricó nueve en su toma de posesión; Obama, dos; Clinton, una; y el propio Trump firmó una en su estreno de 2017. Tal acelerón de órdenes ejecutivas es una parte de la ecuación. El envite ha adoptado formas diversas: tijeretazos a la burocracia federal, con Elon Musk motosierra en mano al frente del DOGE; estirando plazos y recurriendo para, de facto, ignorar órdenes judiciales; amenazando con recortes a las universidades que se opusieran a sus designios; blandiendo el bastón arancelario a troche y moche; etcétera.

Que sólo el 60% de los estadounidenses crea que las elecciones son limpias muestra la magnitud del problema

Con esos precedentes, las elecciones a celebrar en noviembre próximo serán importantísimas. La competencia no es solo de agendas políticas contrapuestas. Se trata, fundamentalmente, de quién supervisará en los próximos años los mecanismos de control de la democracia estadounidense. Y más importante incluso: se verá si sigue aumentando la desconfianza de una parte de la ciudadanía estadounidense sobre la limpieza de los procesos electorales, o si se disipan tales dudas. Varias encuestas recientes subrayan la magnitud del problema. Una sobre la percepción de las próximas 'midterms' reveló que solo alrededor del 60% de los estadounidenses confía plenamente en que los votos se cuenten con precisión, una cifra muy inferior al 77% registrado ante las presidenciales de 2024.

Tal pérdida de confianza trasciende líneas partidistas. Demócratas, republicanos e independientes se han vuelto más escépticos durante el último año, aunque sus razones difieran: desde la preocupación por el voto por correo hasta la redistribución de distritos. El resultado no es una crisis aislada, sino una brecha de legitimidad compartida, donde los votantes dudan cada vez más del sistema en sí. Y no es para menos. Todavía hoy, centenares de candidatos trumpistas cuestionan la legitimidad de las elecciones presidenciales de 2020. La alargada sombra del supuesto fraude de Biden… o lo que es lo mismo: difama que algo queda. A escasos tres meses de la cita electoral, no sorprende el empeño de Trump por este asunto de política interna, máxime con ardores que le está produciendo la volátil tregua con Irán. Trascendental, rimbombante, casi mesiánico. 'Save AMERICA Act' es el nombre dado a un proyecto de ley impulsada por el regente de la Casa Blanca para escudriñar quiénes pueden votar o no.

Entretanto, ¿qué fue de los 'siete generales y un almirante'? La mayoría de los militares que mostraron su oposición a la «sedición e insurrección» de 2021 está fuera de servicio. Pero quizás más importante fue lo ocurrido en septiembre de 2025 en una Base de Marines en Virginia. Trump convocó a más de 800 oficiales de alta graduación, desplegados por el mundo, para una reunión informativa. Tuvieron que trasladarse en menos de 48 horas sin saber exactamente para qué se les convocaba. Trump les arengó de una posible «guerra interna», en relación a la inmigración ilegal y la inestabilidad social. Entre chascarrillos espetó: si alguien no está contento con mi discurso, que se marche. Prietas las filas. Por su parte, Pete Hegseth, que a veces sueña con reencarnarse en Ken, el luchador de aspecto ario del videojuego Street Fighter, también recalcó la potencialidad de una «guerra interior». Dijo asimismo que no quería barbas hípsters, ni barrigas recolgonas en los cuarteles; y para las mujeres, las mismas exigencias en las pruebas físicas de acceso.

Quizás piensa usted que exagero. Pero conviene vislumbrar posibles escenarios. Si llegase a producirse un altercado similar al de enero de 2021, o una contestación generalizada, no en Washington, si no desperdigada en localidades de la América Profunda -menos mediática, pero igual de corrosiva para la democracia-, ¿estarán preparados los próximos siete generales y un almirante para actuar en defensa de la Constitución? Ojalá me equivoque. Ojalá…

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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