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Edificio de Telefónica en su sede central. EP Otro año, y no será el último, de cambios y sangría de empleos en las telecos españolasLa transformación del sector ha destruido 7.000 puestos en apenas un año en plena ola de fusiones y bailes accionariales
José A. González y Edurne Martínez
Madrid
Domingo, 1 de marzo 2026, 00:23
... la cuestión tiene una traducción más inmediata: 7.000 empleos menos en apenas un año. Y todo apunta a que no será el último ajuste.Mientras en China operan tres compañías y en India otras tres, en Europa el mapa sigue fragmentado. «En China hay tres empresas de telecomunicaciones, en India hay tres y en Europa hay 38», resumía Marc Murtra, presidente de Telefónica, una idea repetida ante inversores y autoridades comunitarias. La conclusión implícita es clara: crecer o desaparecer. Y cuando crecer es difícil, la variable de ajuste suele ser interna.
Para entender cómo se ha llegado hasta aquí hay que retroceder a los años noventa. La Unión Europea decidió entonces desmontar los antiguos monopolios y abrir el mercado. Más operadores, más competencia, precios más bajos. Funcionó. España es hoy uno de los mercados más competitivos del continente, pero el éxito tuvo efectos secundarios.
Entre 2008 y 2017 los precios de las telecomunicaciones en España bajaron todos los años sin excepción, según el INE. Incluso hubo desplomes superiores al 11% en 2013 y 2014. Durante casi una década el sector operó en un entorno de deflación persistente mientras el IPC general subía. Solo en 2023 –los últimos datos disponibles– se registró un ligero repunte del 2,1%, insuficiente para compensar el deterioro acumulado.
Las telecos que habían invertido miles de millones en redes tuvieron que abrirlas a terceros. Se facilitó el acceso mayorista para que nuevos actores pudieran operar sin desplegar infraestructura propia. Se multiplicaron las marcas. Europa redujo las barreras de entrada con éxito, pero no diseñó un mecanismo equivalente para facilitar la salida.
Entre 2008 y 2017 los precios de las telecomunicaciones en España bajaron todos los años sin excepción, según el INE. Incluso hubo desplomes superiores al 11% en 2013 y 2014
Ahí es donde –según Judith Arnal, investigadora principal del Real Instituto Elcano y consejera independiente del Banco de España– se encuentra el núcleo del problema. En su análisis sostiene que la política europea ha generado una «asimetría estructural»: entrar es relativamente fácil, salir es extraordinariamente difícil. Europa consiguió servicios baratos, aunque con un mercado más fragmentado que el de otras grandes economías.
Más datos, menos margen
La presión no es sólo europea: es global. El consumo mundial de datos alcanzará los 9,7 millones en 2027. Casi el 80% del tráfico previsto será vídeo digital. Pero ese crecimiento no se traduce automáticamente en ingresos. Los servicios de acceso a internet crecerán apenas un 4% anual hasta 2027, mientras las telecos deberán invertir ese año más de 340.000 millones de dólares en infraestructuras de red, principalmente para desplegar 5G y ampliar la fibra.
En un mercado donde la conexión a internet se ha convertido en un suministro más —como la luz o el agua— y el cliente elige casi siempre por precio, el margen es cada vez más estrecho. Si los ingresos no crecen al ritmo del tráfico, alguien acaba pagando la factura.
5.000 salidas
previstas en el último ERE en Telefónica
El propio informe Draghi sobre competitividad europea lo ilustraba con crudeza: una teleco europea tiene de media en torno a cinco millones de usuarios. En Estados Unidos, más de cien millones. En China, varios cientos de millones. El gasto fijo en infraestructuras es comparable; la base sobre la que se amortiza, no. «Cuando ya has hecho una inversión en red, lo que te interesa es que el mayor número posible de usuarios utilice esa infraestructura para aumentar el retorno», explica Arnal.
Por eso el debate sobre fusiones transfronterizas es –según su planteamiento– prematuro. Primero deberían permitirse consolidaciones nacionales que eleven el número medio de usuarios por operador. Después, en una segunda fase, pensar en campeones europeos.
Mientras, la Comisión Europea analiza las fusiones bajo el criterio de que no supongan una restricción significativa de la competencia. Formalmente evalúa precio, calidad e innovación. En la práctica, el foco suele estar en el impacto inmediato sobre los precios.
Las eficiencias futuras –más inversión, mayor despliegue tecnológico, balances más sólidos– deben ser demostradas por las empresas con un alto nivel de exigencia. Arnal insiste en que no puede tenerse en cuenta solo el precio a corto plazo: también deben valorarse la innovación y la inversión futura
El ajuste no es coyuntural
Las grandes telecos españolas han vivido un último año repleto de cambios. Telefónica ha iniciado una nueva etapa, bajo el mando de Marc Mustra, marcada por disciplina financiera y un ajuste de más de 5.000 empleados. La reordenación no se limita a la plantilla. En los últimos meses ha cambiado su núcleo accionarial, con la entrada del Estado a través de la SEPI, el refuerzo de CriteriaCaixa y la irrupción de Saudi Telecom, lo que ha alterado el equilibrio interno y precipitado una nueva estrategia centrada en reforzar balance, reducir costes y concentrarse en sus principales mercados.
Los ERE en todas las operadoras no son casualidad ni responden a una caída de la demanda, sino a un cambio estructural del modelo
Vodafone España también ha vivido un giro relevante tras su adquisición por Zegona. La nueva propiedad ha reorganizado la estructura financiera, ha vendido participaciones en sociedades de fibra compartidas y ha redefinido prioridades operativas.
MasOrange, fruto de la fusión entre Orange y MásMóvil, encara a su vez una segunda fase. El grupo francés ha acordado la compra del 50% que no controlaba y pasará a ejercer el mando en solitario, cerrando la etapa de equilibrio accionarial que nació con la integración. La operación abre un nuevo ciclo de integración y racionalización interna.
En conjunto, alrededor de 7.000 empleos han desaparecido en un año. Los recortes se producen en paralelo a una reordenación profunda del sector: fusiones nacionales, cambios en los accionistas de referencia, entrada y salida de fondos y revisión de estrategias. Las compañías venden activos, comparten redes y ajustan estructuras para reducir duplicidades y reforzar balances.
El ajuste, por tanto, no responde a una caída del tráfico ni a una contracción del mercado. Se produce en un contexto de consumo creciente de datos, pero con presión sostenida sobre precios y rentabilidad. La reordenación corporativa y tecnológica converge en el mismo punto: plantillas más reducidas.
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