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Pablo Bustinduy, ¿pacificador de la izquierda? El hijo de una ministra de Felipe González que abandonó a Pablo Iglesias

Pablo Bustinduy, ¿pacificador de la izquierda? El hijo de una ministra de Felipe González que abandonó a Pablo Iglesias
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Amigos y conocidos describen al ministro como un personaje de gran "intensidad política" que "vivió una suerte de esquizofrenia" tras Vistalegre II. Monedero, que fue su profesor, recuerda que "se negó a participar en operaciones de acoso y derribo" contra Iglesias y prefirió marchar a Nueva York para terminar su doctorado. "La honradez le pesó más". Más información: Rufián, el "matón verbal" que cambió el paro y un desahucio en Barcelona por el Congreso: tejió su fama en bares y TikTok.

Pablo Iglesias y Pablo Bustinduy, en una imagen de archivo: "No está en su horizonte cercano encabezar ningún tipo de candidatura"

Reportajes Pablo Bustinduy, ¿pacificador de la izquierda? El hijo de una ministra de Felipe González que abandonó a Pablo Iglesias

Amigos y conocidos describen al ministro como un personaje de gran "intensidad política" que "vivió una suerte de esquizofrenia" tras Vistalegre II.

Monedero, que fue su profesor, recuerda que "se negó a participar en operaciones de acoso y derribo" contra Iglesias y prefirió marchar a Nueva York para terminar su doctorado. "La honradez le pesó más".

Más información: Rufián, el "matón verbal" que cambió el paro y un desahucio en Barcelona por el Congreso: tejió su fama en bares y TikTok.

Publicada 28 febrero 2026 02:37h

Pablo Bustinduy (Madrid, 1983) es el arquetipo del protagonista involuntario, el héroe de Tolkien sobre cuyos hombros pesa una responsabilidad jamás buscada pero que todo el mundo a su alrededor aplaude y arenga.

Después de que Yolanda Díaz anunciara que no sería candidata de Sumar, y tras el amago de Gabriel Rufián de montar un amplio frente progresista, la figura del actual ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 se erige como la de un potencial nuevo delfín de la izquierda a la izquierda del PSOE; una suerte de pacificador o apagafuegos capaz de parar su guerra de trincheras.

Su perfil dialogante, capaz de llegar a pactos y aprobar medidas en el Parlamento con mayorías a izquierda y a derecha, lo convierte en un candidato de consenso entre los suyos. Sus fuertes convicciones políticas no desagradan a los sectores más radicales de la izquierda, y su tendencia a evitar la sobrexposición mediática y a no dejarse atraer por la política del fango, a los más moderados.

Pablo Iglesias junto a Pablo Bustinduy.

Más de uno ve al ministro de Sumar como un potencial relevo de la vicepresidenta segunda al frente de su espacio político. Entre ellos, el propio Rufián. La idea de un frente liderado por Bustinduy es, en sus palabras, "maravillosa", ya que "es de las mejores cabezas que tiene la izquierda".

Quienes lo conocen lo describen como una persona "dialogante, tolerante, discreta, capaz de escuchar y con capacidades de gestión"; también señalan su "exigencia, tanto la suya como la que le pide a su equipo".

Bustinduy, sin embargo, no busca cargar con la mochila del liderazgo político de la izquierda española.

"No está en su horizonte cercano encabezar ningún tipo de candidatura", asegura a EL ESPAÑOL una fuente de su equipo. "Tampoco es la primera vez que suena su nombre. Pero siempre insiste: no es algo que esté entre sus planes".

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Pese a esa negativa, su nombre no deja de circular en conversaciones internas, columnas de opinión y quinielas de sucesión.

"Su capacidad de escuchar y dialogar, su comprensión clara de las miserias de la política, su falta de voluntad de dar peleas pequeñas y una comprensión ética de la cosa pública le hacen una rara avis en la peleada familia de la izquierda", añade Juan Carlos Monedero, exidirigente de Podemos, con quien coincidió durante los años posteriores al 15-M.

"Como le pasó a Adolfo Suárez en aquella terna de donde tenía que salir el próximo presidente del Gobierno, tiene puntos para recibir la atención de los suyos, precisamente por su 'no estar'. Ha mantenido cierta prudencia, pero no deja de pertenecer a grupos donde, a veces, callar no te significa, pero tampoco es la manera más virtuosa de estar".

Esa sensación de moderación se extiende a la oposición.

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Según fuentes del PP en el Congreso de los Diputados, "la percepción es que, al menos en las formas, es una persona moderada, aunque por las cosas que cuelga en sus redes sociales y por cómo califica a los que no pensamos como él, es un perfil claramente ultraizquierdista".

Para Monedero, Bustinduy es, en esencia, "un socialdemócrata honesto" con "un poso de autenticidad" que pocos en la izquierda española pueden exhibir.

Pero matiza: "A la izquierda le viene bien alguien que la gestione. Alguien con el perfil de Bustinduy sería más eficaz que alguien cuyo enorme carisma levantase las suspicacias de los demás grupos". Y añade: "En un momento donde venimos de demasiadas cuitas pendientes, alguien que no se identifique con los agravios es más útil que las personas que van a generarlos".

La cuestión, admite, es si gestionar basta o la izquierda necesita, además, "figuras más emocionantes".

El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, junto un cocinero que emplata albóndigas, durante una visita al Hospital Nacional de Parapléjicos. Mateo Lanzuela / Europa Press

Un intelectual formado en Nueva York

La pasión de Pablo Bustinduy Amador por la política surgió en los años noventa, cuando aún era un niño.

Su madre, Ángeles Amador, una abogada especializada en propiedad industrial e intelectual, fue escogida por Felipe González para encabezar el Ministerio de Sanidad, cargo que ocupó entre 1993 y 1996.

Nada habría hecho pensar a esta histórica socialista que ostentó los cargos de subsecretaria de Sanidad y Consumo (1991-1993) y de secretaria general técnica de Obras Públicas y Urbanismo (1986-1991) que, justo treinta años después, su hijo alcanzaría la cartera de Derechos Sociales y Consumo.

Su padre también era un perfil influyente: Javier Bustinduy, prestigioso ingeniero de caminos formado por el MIT y Harvard, fue el principal impulsor y modernizador de la red de Cercanías de Renfe. Ambos inculcaron al pequeño Pablo la importancia de una buena formación educativa e intelectual.

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No iban mal encaminados. Si bien la familia gozaba de prestigio y un buen colchón económico, Pablo Bustinduy ingresó en la Universidad Complutense de Madrid para estudiar Ciencias Políticas y de la Administración.

Tras acabar su formación, hizo un Máster en Historia y Pensamiento Político en el Instituto de Estudios Políticos de París, donde obtuvo una mención summa cum laude y, justo después, subió a un avión y viajó al otro lado del Atlántico. Concretamente, a Nueva York, donde acabó un doctorado en Filosofía y trabajó en varias universidades como profesor. Su tesis ganó el premio Alfred Schutz Memorial Award.

Pese a que se le ha criticado su formación elitista, Bustinduy siempre ha recordado que tanto su máster en París como su doctorado en Nueva York fueron financiados con becas privadas y no con recursos familiares.

"Supe de Bustinduy como alumno", relata Monedero en conversación con este diario. "Le quedaba una asignatura para terminar y me pidieron en el departamento que me hiciera cargo. Me escribió un correo algo subido de tono diciéndome que no estaba dispuesto a perder más el tiempo haciendo trabajos inútiles en la universidad. Me hizo gracia su seguridad".

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Él ya estaba en Nueva York y tenía la sensación de haber perdido demasiado tiempo en la facultad. "Le contesté con ironía que no hiciera juicios apresurados, le propuse un trabajo interesante, bajó el tono, hizo un buen trabajo y ahí le perdí la pista hasta el 15-M".

Efectivamente, aquel 15 de mayo de 2011 Pablo Bustinduy se encontraba en la Gran Manzana. Motivado por las históricas movilizaciones sociales en Madrid, subió a un avión y aterrizó apenas 48 horas después en Barajas sin saber con qué se encontraría en la Puerta del Sol.

"Él no podía estar en Estados Unidos mientras en su país ocurría algo que considerábamos inmenso. Me pareció muy generoso por su parte y demostraba un enorme compromiso con el cambio en España. Esa intensidad política real la tenía metida por dentro".

Cuando la formación morada dio la sorpresa en las elecciones europeas de mayo de 2014, logrando cinco escaños y convirtiéndose en la cuarta fuerza más votada del país, Bustinduy viajó a Bruselas como coordinador de la delegación de Podemos en el Parlamento Europeo.

Parte del equipo fundacional de Podemos.

Allí formó parte del equipo de Pablo Iglesias, que ya hablaba de él como "futuro ministro".

Un año después, en marzo, fue nombrado miembro del Consejo de Coordinación como secretario de Relaciones Internacionales de Podemos, donde se mantuvo hasta 2019, y obtuvo un escaño como diputado por Madrid en las elecciones generales de diciembre de 2015.

En el Congreso, fue portavoz de la Comisión de Asuntos Exteriores del grupo confederal.

Vistalegre II: la ruptura con Iglesias

En la Asamblea Ciudadana de febrero de 2017, conocida como Vistalegre II, Bustinduy se alineó abiertamente con la corriente de Íñigo Errejón y fue una de las firmas del documento Recuperar la ilusión junto al propio Errejón, Rita Maestre y Jorge Moruno.

En él se proponía una fase "de ofensiva" y "ensanchamiento" frente a los firmantes tachaban de estrategia de "repliegue" por parte del sector de Iglesias.

Bustinduy siempre perteneció al sector errejonista pero respetaba al líder de Podemos. Tras Vistalegre II, "quedó desolado" y "vivió una suerte de esquizofrenia", porque "sus amigos estaban en el errejonismo pero la visión política se la reconocía a Iglesias".

Pese a todo, se negó a participar en operaciones de acoso y derribo a la dirección de Unidas Podemos y logró mantenerse entre las dos familias del partido, conservando la confianza de la dirección en su trabajo al frente de la secretaría internacional.

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"La honradez le pesó más que los pequeños intereses mezquinos de la política".

Esa condición de héroe a su pesar recorre su biografía política. En 2018, ganó las primarias de Podemos para las europeas con más de un 72 % de los votos y un fuerte respaldo interno.

Pese a todo, en 2019, coincidiendo con la marcha de Errejón a Más Madrid, Bustinduy publicó una carta anunciando su retirada de la primera línea política.

"Siendo muy sincero conmigo mismo, no creo tener hoy la entereza y las fuerzas necesarias para asumir una responsabilidad pública tan importante con el rigor, la dedicación y el compromiso absoluto a largo plazo que requiere en este tiempo político nuevo", escribió.

Después de eso, volvió a Nueva York para terminar su doctorado. Allí estuvo hasta que Yolanda Díaz lo fichó de vuelta para Sumar.

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El 21 de noviembre de 2023, fue nombrado ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, en sustitución de Ione Belarra (Derechos Sociales), y asumiendo las competencias de Alberto Garzón (Consumo).

Bustinduy no ha sido ajeno a las grandes decisiones del partido, pero no se ha significado personalmente. "¿Eso lo faculta para unificar a la izquierda? –se pregunta el cofundador y exdirigente de Podemos–. Depende de la memoria de las ofensas de las bases. Creo que sería mejor una figura externa".

Su currículum ministerial

En esta legislatura, el ministerio Derechos Sociales que lidera ha firmado algunas de las sanciones más contundentes en materia de consumo de los años recientes. Bustinduy ha puesto su firma a la multa de 179 millones de euros contra cinco aerolíneas low cost por cobrar el equipaje de mano y aplicar suplementos abusivos por elegir asiento junto a menores o personas dependientes.

En respuesta, el dueño de Ryanair le llamó "payaso" y "loco comunista" y, meses después, la Comisión Europea abrió un procedimiento de infracción contra España por impedir que las aerolíneas cobrasen por el equipaje de mano.

Después de la ofensiva contra Ryanair, Consumo sancionó a Airbnb con 64 millones por anunciar decenas de miles de viviendas turísticas sin licencia, y abrió expediente a intermediarios del alquiler como Alquiler Seguro por comisiones y servicios impuestos a los inquilinos.

Las mismas fuentes apuntan como otro de los éxitos de su ministerio la Ley de Servicios de Atención a la Clientela: una norma que llevaba más de una década atascada en el Congreso y que hoy, además de limitar los tiempos de espera y las llamadas spam, obliga a las plataformas a avisar antes de renovar suscripciones y garantiza atención humana en los servicios posventa.

Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Europa Press

En la parte social, Bustinduy ha hecho de la dependencia y la discapacidad el núcleo duro de su gestión. Ha impulsado, junto al Ministerio de Sanidad, la llamada ley ELA, aprobando un decreto con 500 millones de euros adicionales y un nuevo grado de dependencia extrema para garantizar atención 24 horas a enfermos con patologías muy graves.

Su departamento ha sido también una pieza clave tras la reforma del artículo 49 de la Constitución y en la adaptación de la Ley de Discapacidad y la Ley de Dependencia a ese nuevo marco.

"Hay otro asunto que acaparó titulares y para nosotros fue muy importante: el decreto de comidas saludables en comedores escolares. En todos estos temas él tiene una implicación personal. No hay un tema en el Ministerio que le sea ajeno. Es una vocación total de servicio público".

Para su equipo, el hilo que une todas estas medidas es "la persistencia" y "el sentido común": "Acabar con las llamadas spam, que no te renueven una suscripción que ni recuerdas, que sea una persona y no un robot quien te atienda: eso no es de izquierdas o de derechas. Que los enfermos de ELA tengan asistencia 24 horas o que tu hijo coma mejor en el colegio son reclamaciones sociales muy amplias".

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Fuera de la agenda de consumo y dependencia, la decisión que más tensión generó dentro del propio Gobierno ocurrió en mayo de 2024. Bustinduy envió cartas a empresas españolas con actividad en Israel instándolas a evaluar si sus operaciones podían estar contribuyendo a violaciones del derecho internacional humanitario en Gaza.

El Ministerio de Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, se desmarcó públicamente, y argumentó que no tenía conocimiento previo de la iniciativa. El PSOE mostró su malestar y el PP acusó al ministro de "irresponsable". Bustinduy no se retractó, y desde su entorno defienden que el tiempo le dio la razón:

"Lo que hizo mandando esa carta se ha demostrado que no estaba equivocado. Se estaba cometiendo un genocidio y existía la obligación legal de que todos los actores, en la medida de sus capacidades, hicieran lo que estuviera en su mano".

Estas mismas fuentes señalan que Bustinduy nunca rehusó el diálogo con la parte socialista del Gobierno, ni siquiera en los momentos de mayor fricción.

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Su huella es más ambivalente en vivienda y políticas familiares. Su decreto para limitar precios en situaciones de emergencia fue tumbado en el Congreso con los votos de PP, Vox y Junts, y la nueva Ley de Familias –que debe formalizar una prestación por crianza universal y ampliar permisos de cuidados– sigue encallada en las Cortes.

Entre la acumulación de expedientes sancionadores, las leyes aprobadas por unanimidad y las batallas perdidas en el hemiciclo, el balance de Bustinduy al frente del Ministerio dibuja el retrato de un político que elige sus peleas con criterio técnico y las defiende con convicción ideológica.

"Tiene una máxima", resume alguien de su equipo: "Las ideas tienen sus efectos. Por eso, todos sus planteamientos van acompañados de un informe técnico con datos e impactos en la vida real. De nada sirve una frase bonita si no tiene un impacto en la vida de la gente".

Una de sus últimas medidas es la de la prohibición de venta de bebidas energéticas a menores de 16 años.

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