«Fue un placer conocer personalmente a Pablo Iglesias y conversar con él durante más de una hora sobre el bloqueo energético y otros problemas que enfrenta Cuba, bajo los rigores de seis décadas de guerra económica y en un contexto universal plagado de incertidumbre y amenazas». Así agradeció el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, la entrevista que le realizó en los pasillos del Palacio de la Revolución el ex líder y fundador de Podemos y ahora director de Canal Red, el medio que la difundió junto a los canales del régimen.
Un agradecimiento muy merecido: se trató del colofón del viaje revolucionario de la llamada Caravana de la Dignidad y del Granma 2.0, la iniciativa propagandística puesta en marcha por el régimen cubano para luchar contra la «intoxicación mediática» y la «calumnia de las mentiras» a espaldas -como reconoció el propio Díaz-Canel- de quienes han negociado con Washington y el entorno de Raúl Castro, el hombre que allí le puso. Una entrevista con todo un «experto», que visitó Cuba en 1994, en pleno Periodo Especial y con apenas 16 años para formar parte de una brigada solidaria.
«Pablo, estamos entrando en el Palacio de la Revolución, un lugar donde todavía se sienten los pasos del comandante en jefe, Fidel Castro», aseguró el mandatario castrista, que acudió a la entrada del edificio habanero para recibir a su invitado de honor. Iglesias ya sabía de primera mano la importancia mística y semirreligiosa que se brinda a los líderes revolucionarios fallecidos, incluso él mismo «sintió» la presencia de Hugo Chávez en los estudios de la televisión venezolana pocas horas después de su muerte en marzo de 2013.
Todo vale para situarse en el epicentro informativo, tras la inversión realizada en México para situar a Canal Red al frente de la información de izquierdas en las Américas, con el aval del escritor de origen asturiano Paco Ignacio Taibo II, clave en el movimiento gubernamental mexicano, y de su presidenta, Claudia Sheinbaum.
«Su ayuda es al Gobierno», explica el disidente Cuesta Morúa
A Ignacio Ramonet, entrevistador oficial de los líderes revolucionarios, le ha salido un competidor en el género de las «entrevistas masaje». A Nicolás Maduro la última le salió muy cara: el dictador chavista empezó el año con Ramonet convencido, y así lo dejó caer durante la conversación, de que el peligro ya había pasado. Horas después un comando de los Delta Force le arrancó de su mansión en Caracas para trasladarle hasta Nueva York, tras eliminar a los 53 escoltas cubanos que lo custodiaban.
«Fue un diálogo entre dos izquierdas menores que ha recibido todas las críticas del mundo», resumió a EL MUNDO el líder disidente progresista Manuel Cuesta Morúa. El también presidente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC) se quejó del «circo» montado alrededor de la caravana de amigos de la revolución y su doble racismo: «Nos ve a nosotros como los buenos salvajes a los que hay que ayudar, un racismo profundo que la izquierda europea tiende a reproducir. En su mirada, ninguna de esta izquierda caviar y radical incluye los problemas de los afrodescendientes, los más vulnerables entre la mucha gente que sufre. Su ayuda es básicamente para el Gobierno cubano».
El mandatario cubano Manuel Díaz-Canel, conversando con Iglesias en La Habana. / EFEAlejandro AzcuyLEJANDRO AZCUYEfe«Nosotros somos parte del pueblo», defendió Díaz-Canel con vehemencia, ajeno a las críticas. Iglesias lo acogió con su constante cabeceo afirmativo, que no le abandonó durante la hora de entrevista. «Si alguien no puede hablar desde el pueblo es Díaz-Canel, que no tiene ningún respaldo popular. De hecho, él concentra algo que es relativamente nuevo en Cuba, que es el desprecio a un político. Hasta ahora había rechazo contra los Castro, pero el desprecio no se había experimentado en la vida cubana», aireó Cuesta Morúa para este periódico.
Durante la entrevista, Iglesias intentó sin éxito disculparse tras el escandaloso vídeo que marcó su estancia habanera, cuando aseguró que la situación no es tan difícil. Lo hizo desde un hotel de lujo, con electricidad y agua 24 horas, lo que falla en la mayoría de los hogares cubanos.
«Toda la comitiva socialista que viajó a Cuba a lavarle la imagen al régimen cubano ha disfrutado del mismo privilegio que tienen los dirigentes en Cuba, que le piden sacrificio y dignidad al pueblo cubano mientras ellos tienen electricidad en sus casas y gozan la buena vida. Los mismos dirigentes comunistas cuyos hijos estudian en universidades privadas de España o Estados Unidos. Eso es lo que fue a apoyar Pablo Iglesias», aguijoneó el poeta y refugiado político Ariel Maceo.
Se excusó por decir que la situación del país «no es tan difícil»
«Iglesias es un periodista frustrado que se fue a Cuba a entrevistar a un dictador y, de paso, gozar de unas vacaciones rodeado del hambre del pueblo», disparó el activista Eliecer Ávila tras ver las imágenes del político español y su paseo habanero, que olvidó los barrios abrumados por los apagones y en los que se protesta todas las noches contra una dictadura que no se quiere jubilar y que lleva 67 años en el poder.
Barrios y ciudades donde ha prendido la llama de la rebelión, con la consiguiente respuesta del régimen de Díaz-Canel y su receta favorita: la represión. «La represión política en Cuba se encuentra en uno de sus momentos más críticos y alarmantes», alertó el jueves la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
El hostigamiento contra los críticos del régimen, incluido el encarcelamiento de los influencers Kamil Zayas y Ernesto Medina, que conforman el proyecto independiente El4tico (el cuartico), forma parte de la ofensiva mediática anunciada por Díaz-Canel. Como dijo el propio Iglesias, no se puede permitir «que los únicos influencers sean los del adversario, de la ultraderecha». «Nuestro papel es combatir al ejército de mercenarios mediáticos», añadió.
Según la organización Prisoners Defenders, los prisioneros políticos en Cuba superan los 1.200.