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Palabras tramposas

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No siempre las palabras tienen los efectos prácticos que ellas mismas parecen anunciar
Palabras tramposas

No siempre las palabras tienen los efectos prácticos que ellas mismas parecen anunciar

Regala esta noticia Añádenos en Google Pedro Sánchez interviene en el Congreso de los Diputados. (J. J. Guillén / Efe)

Manuel Cruz

03/06/2026 a las 00:02h.

J. L. Austin fue un filósofo analítico seguidor de los planteamientos de Ludwig Wittgentein que, a pesar de su prematura muerte, tuvo tiempo de escribir ... algunos trabajos extremadamente influyentes, como los recogidos en su libro 'Cómo hacer cosas con palabras'. En este en concreto desarrollaba la idea anunciada desde su mismo título a través de lo que se conoce como 'teoría de los actos performativos', que son aquellos en los que las palabras generan efectos prácticos (contribuyen a «hacer cosas»). A Javier Pradera le gustaba poner como ejemplo de este tipo de actos la orden «¡fuego!» que da el sargento al pelotón de soldados para que proceda a fusilar al condenado. Pero lo propio valdría para el acto de hacer testamento o para la fórmula del «sí, quiero» con la que se certifica un enlace matrimonial.

A esta misma tipología parece pertenecer un recurso que en los últimos tiempos viene siendo utilizado mucho sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades de gobierno, que es precisamente la expresión «asumir la responsabilidad». La expresión parece tener, ciertamente, una rotunda apariencia performativa, en la medida en que parece anunciar algo práctico. Tanto es así que algunos incluso cargan la suerte y le añaden a la afirmación de que «asumen toda [sic] la responsabilidad» la especificación «en primera persona». ¿A qué efecto da lugar tan campanudo anuncio? A ninguno. Algunos asumen responsabilidades como otros cabalgan contradicciones, esto es, dando por descontado que, realizadas tales manifestaciones, se ha cumplido y ya no resta nada más que hacer.   

Sin saberlo, tales políticos han contribuido a completar la propuesta de Austin con una categoría nueva, la de los performativos engañosos. Si nuestro autor tuviera que reescribir hoy su libro, probablemente le añadiría un capítulo que bien podría titularse «cómo aparentar que se hacen cosas con palabras». Sin descartar que pudiera optar por una formulación más contundente, estilo «cómo hacer trampas con palabras».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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