La candidata por la Gran Consulta por Colombia, Paloma Valencia, en una intervención privada. Cedida
Reportajes Paloma Valencia, la 'Ayuso' que quiere gobernar Colombia: "Con Petro se ha perdido la capacidad de proteger la vida y la ley"Este domingo 31 de mayo se celebran las elecciones en Colombia. Los mayores aspirantes son Iván Cepeda, en la izquierda, y Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia en la derecha.
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Gustavo Molina Publicada 29 mayo 2026 02:45hPaloma Valencia Laserna tiene un peso político en sus apellidos: Su abuelo, Guillermo León Valencia, fue presidente deColombia entre 1962 y 1966; su padre, Ignacio Valencia, fue excongresista. Por el ala materna, la senadora es nieta del fundador de la Universidad de los Andes, Mario Laserna.
Adicionalmente, su tía, Josefina Valencia, fue la primera mujer ministra de Colombia. Ahora, Paloma Valencia aspira a convertirse en la primera mujer presidente en más de 200 años de democracia.
"Crecí viendo cómo las decisiones públicas cambian la vida de la gente, para bien o para mal", asegura Paloma Valencia, en entrevista para EL ESPAÑOL.
Por ello, su camino político empezó en 2006, cuando aspiraba a la Cámara por Bogotá, pero solo obtuvo 1.656 votos. Esperó ocho años y se posicionó como una de las críticas del expresidente Juan Manuel Santos.
Fue ahí cuando apareció el exmandatario Álvaro Uribe Vélez y la llamó para ocupar el tercer lugar de la lista al Senado por el partido Centro Democrático. Ha estado en el Legislativo durante 12 años y le han aprobado proyectos de Ley de su autoría como el programa 'Estando Contigo', el cual apoyaba a jefes de hogar vulnerables.
Además de otros proyectos de Ley como el sistema de alertas tempranas sobre la niñez y la Ley 'Escalera de la Formalidad', que permite a los empresarios formalizarse de manera gradual con beneficios mercantiles.
Pero también están sus sombras. En su momento se le criticó su postura del 'No' durante el plebiscito por la paz de 2016 y se le señaló por su propuesta de dividir el departamento del Cauca entre un sector de "mestizos" y otro de indígenas.
La han etiquetado en múltiples ocasiones como la sombra de Uribe. Las polémicas y el juicio del bastión de la derecha colombiana no la amedrentan. Incluso, hace que lo reconozca públicamente como su mentor y que, además, le haya ofrecido ser su ministro de Defensa si llega a la Presidencia.
Petro sale reforzado tras la condena contra Álvaro Uribe mientras EEUU denuncia el acoso judicial en ColombiaLa nacida en Popayán (Cauca) estudió Derecho y Filosofía, también realizó una máster en Escritura Creativa. Redactó columnas de opinión en diarios como El Espectador, El País de Cali, El Nuevo Siglo, y escribió su primer y único libro 'Otras Culpas'.
Uribista confesa. De derecha, pero sin dar el show como su contendiente Abelardo de la Espriella. Su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo, es, en parte, distante de sus ideales, al ser un perfil más de centro.
Paloma Valencia junto a su fórmula Juan Daniel Oviedo. Cedida
Pero eso no le representa un problema. Incluso, considera que es clave del éxito. "Mi esposo es un poco mamerto (persona ideológicamente de izquierda)", dice, refiriéndose a su cónyuge.
Detractora de Petro y de su marca de gobierno referente a la Paz Total. Es su tercer intento de llegar a la Casa de Nariño (en 2018 y 2022 perdió la consulta interna para elegir candidato de su partido). Además, uno de sus lemas es la antítesis de Petro: debe volver la 'Seguridad Total' en Colombia.
El partido de Petro, Pacto Histórico, gana las elecciones al Senado en Colombia y Uribe vuelve a liderar la oposiciónSu desafío es grande. Sus principales contendientes son Iván Cepeda, sucesor de Petro, y Abelardo de la Espriella, un punto en la extrema derecha. Ambos lideran las encuestas para una eventual segunda vuelta, en junio.
Este domingo 31 de mayo, Valencia se enfrenta a las urnas y a la posibilidad de conseguir las llaves de la Casa de Nariño, como ya lo hizo su abuelo Guillermo León Valencia.
Pregunta.— Hace 20 años fueron sus primeras elecciones a la Cámara de Representantes de Bogotá. En 2014 llegó al Senado y ha sido precandidata presidencial desde 2018. ¿Qué ha cambiado en usted para estos comicios? ¿Qué le aporta Juan Daniel Oviedo como fórmula?
Respuesta.— He cambiado en experiencia, en serenidad y en profundidad. Colombia le enseña a uno humildad. Recorrer el país durante tantos años me permitió entender que no existe una sola Colombia: hay regiones abandonadas, jóvenes sin oportunidades, empresarios que luchan solos, familias atrapadas por la inseguridad y ciudadanos que sienten que el Estado solo aparece para cobrar impuestos, pero no para protegerlos.
También he aprendido que los colombianos son profundamente trabajadores y resilientes. A pesar de las dificultades, siguen creyendo en salir adelante.
Con Juan Daniel Oviedo compartimos algo fundamental: la convicción de que el país necesita rigor, honestidad y resultados. Podemos complementarnos muy bien porque venimos de experiencias distintas, pero ambos creemos en un Estado que funcione, que genere oportunidades y que recupere la confianza de los ciudadanos. Colombia necesita menos polarización y más soluciones concretas. Necesita unión y que todos quepamos a pesar de las diferencias.
P.—El asesinato del precandidato Miguel Uribe dejó una huella profunda. Además, dejó entrever la vulnerabilidad y polarización del país. ¿Considera que el Gobierno les ha brindado las herramientas necesarias para ejercer su candidatura?
R.— En Colombia se ha venido perdiendo la capacidad de proteger la vida, de hacer respetar la autoridad y la ley. Cuando se debilita la Fuerza Pública, cuando se deslegitima a la Policía y al Ejército, cuando los criminales sienten que no habrá consecuencias, la violencia vuelve a ocupar el espacio.
Pero además hay un deterioro institucional y moral muy profundo. Se normalizó el lenguaje del odio, la estigmatización y la división permanente entre colombianos. Eso genera un ambiente muy peligroso.
El asesinato de Miguel Uribe nos duele y no puede verse como un hecho criminal aislado, es la amenaza a todo un país y a nuestra democracia. Es una alerta sobre el deterioro de la seguridad, de la justicia y del respeto por la democracia.
Colombia ha regresado a las épocas donde hacer política significaba poner en riesgo la vida y eso lo tenemos que cambiar, por eso, conmigo se acaba la política de "Paz Total" del gobierno de Gustavo Petro que ha privilegiado a los delincuentes. Llega la Seguridad Total para que los ciudadanos se sientan nuevamente protegidos y respaldados y para que Colombia pueda encaminarse en una senda de progreso para todos.
La violencia política mata a una persona al día en Colombia: el atentado contra Miguel Uribe sólo es la punta del icebergP.— ¿Ha sentido que se ha legitimado la violencia y las amenazas en estas elecciones?
R.— Las amenazas nunca deben normalizarse en democracia. Y menos en un país con la historia de violencia política que tiene Colombia.
Yo sí creo que ha habido una actitud equivocada del Gobierno frente a la seguridad. Muchas veces se minimizan los riesgos, se politizan las alertas o se desestima la gravedad de lo que está ocurriendo. El presidente tiene la obligación de proteger a todos los sectores políticos, incluso a quienes piensan distinto.
Más allá de mi caso personal, me preocupa el mensaje institucional. Cuando desde el poder se relativiza la violencia o se desautoriza permanentemente a la Fuerza Pública, se debilita la capacidad del Estado para proteger a los ciudadanos.
P.— Actualmente, Colombia es el segundo país que registró más inmigrantes en 2025 en España. Se llegó casi a un millón. Cada vez más jóvenes deciden hacer un futuro fuera de Colombia. ¿Qué haría para atraer ese talento nuevamente?
R.— Muchos colombianos se están yendo porque sienten incertidumbre, miedo económico y falta de oportunidades. Cuando un país pierde a sus jóvenes y a su talento, pierde también parte de su futuro.
Lo primero es recuperar la confianza. Nadie regresa a un país donde no hay seguridad jurídica, donde se persigue al sector productivo o donde no existen oportunidades de crecimiento.
Nosotros proponemos reactivar la economía, reducir cargas para quienes generan empleo, impulsar sectores estratégicos, fortalecer la educación y facilitar el emprendimiento. También creo que debemos construir una política seria de vínculo con la diáspora colombiana: reconocer su experiencia, facilitar inversión desde el exterior y crear incentivos para el retorno del talento.
Los colombianos que se fueron no abandonaron al país; muchos se fueron porque sienten que el país los abandonó primero.
P.— En el gobierno Petro se ha opacado el rol de la vicepresidente Francia Márquez. Incluso, hay una ruptura pocas veces vista entre los dos cargos más importantes del país. Usted es distante de los ideales de Juan Daniel Oviedo. ¿Cómo garantiza que sus diferencias ideológicas no los separarán si llegan a la Casa de Nariño?
R.— Juan Daniel Oviedo y yo podemos tener posiciones distintas en algunos temas, pero compartimos principios fundamentales: respeto por la democracia, defensa de las instituciones, rigor técnico y compromiso con el país. Además, entendemos que gobernar exige escuchar y construir consensos.
Yo creo en los equipos diversos. Colombia necesita superar la lógica amigo-enemigo que tanto daño le ha hecho. Un gobierno serio no se construye alrededor de egos personales, sino alrededor de objetivos comunes. Oviedo y yo tenemos mucho que sumar y esas visiones diversas, que respetamos, son las que nos van a permitir tener un gobierno en el que todas las voces se oigan y podamos convivir y construir una Colombia más grande.
P.— Actualmente se han debilitado relaciones internacionales con países como Estados Unidos, Ecuador, Perú y El Salvador. ¿Cuáles son sus propuestas para garantizar las relaciones con otras naciones?
R.— Colombia necesita recuperar una política exterior seria, técnica y basada en los intereses nacionales, no en afinidades ideológicas personales.
Estados Unidos ha sido un aliado histórico en seguridad, comercio e inversión. Esa relación debe fortalecerse desde el respeto mutuo. También debemos tener relaciones constructivas con nuestros vecinos y con Europa.
Sobre España, creo que las relaciones entre Estados deben manejarse con institucionalidad y diplomacia. Uno puede tener diferencias políticas o preocupaciones frente a ciertos temas, pero el deber de un presidente es proteger la relación bilateral y defender a los colombianos en el exterior.
Mi prioridad siempre será cuidar los intereses de Colombia y garantizar respeto para nuestros ciudadanos donde quiera que estén.
P.— Colombia se ha dividido entre la izquierda y la derecha. Algunos congresistas apuntan a que este Gobierno ha deslegitimado a sus opositores. ¿Usted cómo garantiza gobernar para quienes no sean afines a su ideología?
R.— Gobernar para todos significa entender que el presidente no representa solamente a quienes votaron por él. Hoy muchos colombianos sienten que este Gobierno divide constantemente al país entre buenos y malos, ricos y pobres, izquierda y derecha.
Yo quiero un gobierno que vuelva a unir a Colombia alrededor de objetivos comunes: seguridad, empleo, educación, oportunidades y respeto institucional.
Las regiones necesitan presencia real del Estado, inversión, infraestructura y seguridad. No discursos ideológicos desde Bogotá. Cali, el Pacífico, la Costa Caribe, la Orinoquía y tantas regiones sienten abandono.
Mi compromiso es gobernar escuchando, recorriendo el país y entendiendo las necesidades reales de la gente. Colombia necesita reconciliarse consigo misma.
P.— Francia Márquez, de cierta manera, ha logrado algo pocas veces visto: criticar desde adentro al Gobierno, sus prácticas racistas y machistas…
R.— Creo que toda mujer que rompe barreras en política aporta a abrir caminos para otras. Colombia todavía tiene enormes desafíos en participación, liderazgo y oportunidades para las mujeres.
Tengo diferencias profundas con Francia Márquez en muchos temas, no creo que su gestión haya sido buena. Pero eso no significa desconocer el valor de que más mujeres ocupen espacios de poder y puedan expresar sus posiciones con libertad.
Lo importante es que Colombia avance hacia una sociedad donde las mujeres no tengan que demostrar el doble para ser escuchadas y respetadas. Estamos en un momento histórico en el que por primera vez hay una posibilidad real de que una mujer llegue a la presidencia del país y eso cambia la historia, porque detrás de mí vendrán muchas más.
P.— Si llegara a la Presidencia, ¿Cuáles serían los cambios inmediatos que debería realizar su gobierno?
R.— Hay que cambiar el rumbo de Colombia y corregir los errores de estos años. El país enfrenta deterioro de la seguridad, incertidumbre económica, debilitamiento institucional y polarización.
El modelo de Petro y su heredero Cepeda amenaza nuestra democracia, pretenden cambiar la Constitución, seguir debilitando el sector privado que produce empleo, relativizando la autoridad y generando confrontación permanente entre colombianos. Lo peor es que han empoderado a los criminales y les han entregado herramientas y fueros que los protegen, mientras cometen actos de terrorismo y criminales contra los colombianos.
Paloma Valencia durante su campaña presidencial. Cedida
Yo creo en un país donde se respete la autoridad y el orden, se garantice la seguridad, se fortalezca la justicia y se generen oportunidades concretas para salir adelante.
P.— Para finalizar: usted podría convertirse en la primera mujer en ser presidenta, en más de 200 años de democracia. ¿Qué representa para usted esta posibilidad?
R.— Ser la primera mujer presidenta sería un honor enorme, pero también una responsabilidad histórica. Más que un logro personal, sería un mensaje poderoso para millones de niñas y mujeres colombianas: que sí se puede llegar a los espacios más altos del poder.
Lo afronto con serenidad y con sentido de responsabilidad. Colombia vive un momento muy difícil y necesita liderazgo, carácter y capacidad de tomar decisiones.
¿Y cómo vamos a ganar? Escuchando a los colombianos, recorriendo el país, proponiendo soluciones concretas y construyendo una mayoría alrededor de la seguridad, el empleo, las oportunidades y la defensa de la democracia. La gente está cansada de la división y quiere volver a tener esperanza. Nuestra campaña parte de la base de sumar entre distintos, de que Colombia es un país en el que todos cabemos y donde cada cual tiene el derecho a vivir tranquilo, en libertad y sin miedo.