Amalia, María, Adriana, Agustina y Mari Carmen recibieron la ayuda integral y gratuita de la entidad, sufragada por socios y donantes y con los actos para la recogida de fondos
Regala esta noticia Añádenos en Google Adriana, María, Amalia, Agustina y Mari Carmen rodean al presidente de la Asociación Española contra el Cáncer en Marbella, en la sede de la entidad, en la avenida del Mar. (J. R. C.)Marbella
18/07/2026 a las 00:13h.Finca la Concepción, en Marbella, acoge el próximo 1 de agosto una cita que puede calificarse, sin miedo a equivocarse, como un sarao de los ... buenos.
cena, que reunirá a 600 invitados, donde habrá sorteos de un cofre de joyas; una camiseta firmada por Kylian Mbappe; un fin de semana en Budapest, para dos personas y en hotel de cinco estrellas; obras de arte o, entre otros muchos artículos y experiencias, una botella de Salmanazar Malabrigo, de 9 litros; este caldo no es de los baratos.¿El menú? De rechupete y, por si fuera poco, habrá actuaciones, a cargo de Efecto Mariposa, el grupo The Vintage Experience, la cantante internacional de música clásica Olga Filippova y el DJ Kike Supermix.
«No es un acto de glamur, es una actividad recaudatoria para la asociación»
«Pero no es un acto de glamur, es una actividad recaudatoria», deja claro el promotor de esta celebración, Santiago Gómez-Villares.
Su cargo, el de presidente de la Asociación Española Contra el Cáncer en Marbella, da sentido a la apostilla. La fiesta, que es un medio de procurar ingresos a la entidad, cumple su edición 41. Es la decana de las que se organizan en la Costa del Sol con los mismos fines y una de las más importantes de España, no en vano suele repercutir no menos de 200.000 euros a la caja de esta organización.
Un porcentaje importante de lo que la asociación destina a su labor que, solo en la ciudad marbellí, llegó, en 2025, a 462 pacientes y 135 familiares. Otro número, por poner en contexto: de la delegación malagueña de la asociación salieron, el pasado año, más de tres cuartos de millón de euros destinados a la financiación de proyectos de investigación contra el cáncer. Estas sumas la sitúan como una de las diez provincias del país que más aportan a esta línea, clave en la lucha contra la enfermedad.
Además de con cantidades mareantes, la labor de la asociación se entiende también muy bien con las historias de quienes han llamado a su puerta y, casi sin terminar de comprender como era posible, han recibido un cable que ha sido crucial en el peor momento de su vida y, como hace hincapié Gómez-Villares, «de forma integral y gratuita». El resto del presupuesto sale de la cuota de socios y de las donaciones. Unido a ello, el esfuerzo de los voluntarios y del personal en plantilla que, reconoce, «trabaja cuando le toca y, al terminar, también».
«Que nadie nos diga que somos unas pobrecitas, unas valientes o unas campeonas»
«Cuando estás con los tratamientos es que nada te consuela; estás tan mal, tan mal, tan mal, tan mal... lo único que quería es que viniera alguien a sacarme de casa y que me llevaran a que me diera el aire», explica Amalia, actualmente, en tratamiento, aunque ya libre de la enfermedad.
«Siempre hay alguien en recepción y le dices lo típico: 'Soy paciente oncológica, me han detectado un cáncer y necesito saber qué tipo de servicio tenéis'. El abanico es inmenso: psicólogas, fisio, talleres, préstamo de material ortopédico...», relata sobre su experiencia, que incluyó lo de darse una vuelta con alguien que la pudiera entender y huir de frases que, aunque bienintencionadas, sientan fatal: «Que nadie nos diga que somos unas pobrecitas, unas valientes o unas campeonas».
Esta respuesta, de la que ya sabía algo por haber tenido que acompañar a su hermana en un trance similar, la animó a sumarse a la asociación y llegar a muchas personas que pasan por donde ella ya pasó y que, a veces, se quedan perplejas de lo que les dan sin pedir nada: «Me han llegado a ofrecer un donativo, de lo bien que lo había hecho. Soy muy pesada y siempre digo que es gratis, que no hay que ser socio ni nada de eso».
Como Amalia, María contribuye a la tarea de la Asociación Española contra el Cáncer. Habla por teléfono con los pacientes que están en casa y también los visita en el hospital. Son ya casi 20 años con esta colaboración a la que, como afirma orgullosa, le dedica todo el tiempo que puede, con la premisa de que, cuando se tiene que escuchar alguien que sufre un cáncer, «tu nunca eres importante». La experiencia es tan brutal que el que la vive llega un momento en el que no puede pensar en otra cosa. «Es que esto es para ayudar, como cuando vas a la gala», reflexiona. Y es que, efectivamente, tanto ella, como el resto de voluntarios, también ponen de su parte para que la cena benéfica sea perfecta.
Adriana pasó de subir y bajar cerros, como gran amante el 'trail running' que es, a un peregrinaje hospitalario después de que, de la noche a la mañana, le apareciera un bulto del tamaño del hueso de un aguacate. «Me recuperé del impacto, en gran medida, por todo lo que recibí aquí: a las actividades, a poder hablar con compañeras que sentían lo mismo, lo veías más natural, más normal», recuerda.
Después, empezó su voluntariado: «Me siento superútil. Ves que esa persona viene con las con la mirada muy triste y, a las dos o tres semanas, le va cambiando la cara y le entra la luz en los ojos».
«Ves que viene con la mirada muy triste y, a las dos o tres semanas, la luz le entra en los ojos»
«Me da hasta escalofrío pensarlo, pero es tal el sentimiento de alegría que me llevo de verlas tan felices», relata Agustina. Su misión es asesorar a las enfermas en cuestiones de cuidado de la piel y en estética, algo fundamental para la autoestima. «Una chica, el otro día, llegó y me preguntó: '¿crees que tengo pestañas?' Le dije que claro que sí, que se esperara a que termináramos y vería. ¡Se fue tan contenta!», relata.
Su papel es ejemplo de esta atención total de la que hace gala la entidad para ofrecer respuestas a todas las angustias que aparecen cuando el cáncer llega a una casa.
«No puedes prometer que se vayan a curar, eso es engañar, tienes que aclarar sus dudas»
«Muchas veces te plantean si tu lo has tenido. Le tienes que responder que sí y que estás aquí, pero no puedes prometer que se vayan a curar. Eso es engañar, tienes que aclarar sus dudas», precisa Mari Carmen, que sí salió, pero que advierte que ella está dentro del 20% que lo hace cuando se diagnostica un cáncer como el que le tocó. «Al final, lo que quiere una persona que está en este momento es que la escuchen, son muchas preguntas, hasta el sujetador que tienen que comprarse», aclara.
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