Los médicos rehabilitadores advierten de que se les llena la consulta de aficionados que pasan del sofá al sprint... «y el fútbol no perdona la falta de preparación»
Escucha el artículo. 4 min
Escucha el artículo. 4 min
Regala esta noticia Añádenos en Google 04/06/2026 Actualizado a las 00:34h.El subidón de las grandes citas futbolísticas tiene un efecto secundario inmediato en los campos de barrio: vemos un golazo en la tele, nos venimos ... arriba y organizamos una pachanga de viejas glorias con la cuadrilla o los amigos de la oficina. Y las consultas de los médicos rehabilitadores conocen muy bien el peaje de esa euforia. «Vemos es un patrón muy reconocible: personas que vuelven a jugar de golpe en fechas cercanas a una gran cita futbolística,», advierte el doctor Joel Cuesta Gascón, médico rehabilitador de la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF), en el marco del 64º Congreso de la sociedad que se inaugura este jueves en Barcelona. «El problema no es la pachanga; es pasar del sofá al sprint sin término medio. El fútbol no perdona la falta de preparación», añade. Si futbolistas profesionales que son auténticos portentos físicos se rompen en el campo, ¿qué le espera al aficionado que lleva meses sentado en la oficina y de repente se cree Mbappé? «La cabeza recuerda cómo jugaba antes, pero el cuerpo está en otro momento de la vida... Esa diferencia entre lo que creemos que podemos hacer y lo que realmente toleran nuestros tejidos es la gran causa de lesión», explica el especialista. Una pachanga comparte los mismos gestos de riesgo que el fútbol de élite: frenazos, giros, saltos y disputas. Y al jugarse sin base física, aparecen los peores demonios de los futbolistas ocasionales y (demasiado) animosos. Son estos, según el experto, y se pueden evitar:
El falso calentamiento
El ritual del jugador de fin de semana suele limitarse a chutar tres veces a puerta y gritar '¡ya estoy listo, vamooooos! Un error tremendo. «Eso no es calentar; de hecho, es lesivo porque exiges un gesto explosivo en frío. Muchas lesiones no llegan en la jugada más espectacular, sino en los primeros minutos», apunta Cuesta. Un calentamiento mínimo exige entre 10 y 15 minutos de carrera suave, movilidad articular y activación progresiva.Calzado vintage ¿Otras cosas que no ayudan a terminar la pachanga sin heridas de guerra? Rescatar del trastero unas botas gastadas o jugar en césped artificial con zapatillas de asfalto, un pasaporte directo al esguince de tobillo. Para estos casos, el experto recuerda que el dolor no es el único indicador para volver al campo: «No basta con que deje de doler; hay que recuperar fuerza, control y seguridad».
¿Y el famoso 'tercer tiempo'?
Lo que hacemos después del partidillo también puede resentirnos. Por eso, muchas veces, aunque salgamos como 'Gladiator' del campo tras una gran gesta, aún podemos liarla 'celebrando' nuestro reencuentro con la actividad física y los colegas tomando unas cervecitas frescas y regalándonos una jamada histórica. «Como plan social es magnífico, pero aportar alcohol y comida insana tras el esfuerzo es... bastante mejorable», ironiza el médico. «El músculo necesita recuperación», recuerda. Después del partido conviene bajar pulsaciones, caminar unos minutos, hidratarse, comer algo saludable rico en hidratos de carbono y proteínas de calidad «y no pasar de una hora de esfuerzo intenso a quedarse sentado sin más».
Las tres reglas de oro
Aunque entre los aficionados el gusanillo del fútbol suele ser más fuerte que la prudencia, el doctor Joel Cuesta Gascón propone tres normas innegociables para evitar acabar en su consulta tras una pachanga:
No debutes el día del partido: «Hay que llegar con una base mínima. Camina, corre de vez en cuando y trabaja la fuerza durante la semana. Cada movimiento cuenta».
Calienta de verdad: «Dedica 15 minutos antes de vestirte de corto a activar el cuerpo, hacer giros controlados y dar pases suaves. El calentamiento es parte del juego».
Escucha al dolor: «El orgullo de terminar el partido sale caro. Si notas un pinchazo, inestabilidad o cojera, vete al banquillo. Lo inteligente es parar para poder volver a jugar la semana siguiente».
El semáforo del dolor
Atención, 'estrellita'
Joel Cuesta Gascón, médico rehabilitador de SERMEF subraya que «no hay que confundir esfuerzo con dolor: el famoso 'no pain, no gain' no tiene sentido cuando se empieza o retoma la actividad física con un partidillo de amiguetes». Así que nos plantea este 'semáforo del dolor' que no nos debemos saltar.
Verde. Agujetas «Duelen al día siguiente y te recuerdan que quizá no estabas tan en forma como pensabas. Si no hay cojera, inflamación importante, pérdida de fuerza ni dolor localizado intenso, suele ser una respuesta esperable. Toca descanso, movilidad suave y esperar antes de otra pachanga».
Ámbar. El pinchazo «Ese latigazo en el muslo o el gemelo es una alerta roja. Hay que parar. Seguir jugando puede convertir un aviso e, n una rotura grave».
Rojo. «Si aparece un chasquido claro, hinchazón rápida, imposibilidad para apoyar, bloqueo, deformidad, inestabilidad articular o dolor intenso, hay que abandonar el partido y consultar urgentemente. Creerse Messi sin serlo puede salir caro; y, aun siéndolo, también». Rojo. «Si aparece un chasquido claro, hinchazón rápida, imposibilidad para apoyar, bloqueo, deformidad, inestabilidad articular o dolor intenso, hay que abandonar el partido y consultar urgentemente. Creerse Messi sin serlo puede salir caro; y, aun siéndolo, también».