El gasto energético diario, entre los resultados más erráticos según los últimos estudios
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Regala esta noticia Añádenos en Google 07/06/2026 Actualizado a las 00:48h.No contentos con andar pendientes del teléfono noche y día, hemos trasladado sus notificaciones a nuestras muñecas: los smartwatches y las pulseras inteligentes nos permiten ... echar una ojeada a los mensajes de WhatsApp entrantes mientras nos dedicamos a otros menesteres, pero también llevar un registro pormenorizado de nuestra salud y actividad física.
El debate se avivó el pasado verano, cuando investigadores de la Universidad de Misisipi realizaron un análisis comparativo entre los resultados de monitorización arrojados por gadgets como el Apple Watch y aquellos obtenidos mediante equipamiento médico. Concretamente analizaron los conteos de frecuencia cardíaca, número de pasos y calorías quemadas: mientras que los dos primeros mostraron unas tasas de error del 4,43% y el 8,17% respectivamente (porcentajes considerados aceptables en el marco de un dispositivo de uso personal), los gastos energéticos indicados por el reloj de la manzana mordida erraron de media un 27,96% (un margen tres veces superior a lo aconsejado según los expertos).
«Estos dispositivos son idóneos para llevar un seguimiento de nuestros hábitos y mantenernos motivados, pero conviene no tomarse sus cifras al pie de la letra», explicó uno de los responsables del estudio, el profesor Minsoo Kang.
¿Para qué usamos nuestros relojes?
Según datos de la firma de análisis Statista, los usos más habituales de los usuarios de smartwatches y smartbands son la consulta de notificaciones (92% de los encuestados), la consulta horaria (88%), el conteo de pasos (72%), el registro de entrenamientos (68%), la medición de la frecuencia cardíaca (64%) y la monitorización del tiempo de sueño (54%).
Una cuestión de intensidad
Dicha opinión es respaldada por el experto en fitness Jorge Garmendia, quien considera que, si bien los relojes y pulseras de índole deportiva han ido ganando fiabilidad con los años, sus registros varían enormemente según las circunstancias: «El número de pulsaciones suele corresponderse con la realidad en actividades moderadas (cuando salimos a andar) o durante los periodos de reposo. Sin embargo, dista bastante en los entrenamientos de alta intensidad, cuando se producen cambios bruscos de frecuencia cardíaca en intervalos cortos de tiempo».
«Hablamos además de aparatos muy dependientes de las condiciones de temperatura o la colocación del reloj -prosigue el experto-. Tener la muñeca mojada o apretarse el smartwatch en exceso hace que obtengamos resultados muy distintos».
Garmendia también indice en métricas como el número de pasos: «La mayoría de dispositivos suman de más mientras braceamos en un contexto normal, cuando vamos en el coche a cierta velocidad (fruto de las vibraciones) e incluso al realizar ejercicios en el gimnasio que nada tienen que ver con andar, como las elevaciones laterales. En la misma tendencia está el cómputo de calorías, que tienden a sobreestimarse a través de fórmulas matemáticas basadas en nuestra edad, peso y altura. Esto puede resultar contraproducente si, tras ver en el reloj que hemos dado 15.000 pasos y quemado 1.000 calorías, interpretamos tener vía libre para comer de más ese día».
La importancia de las tendencias
«Pulseras y relojes resultan más que aconsejables -sentencia el experto- a quienes suelan practicar actividad física de forma habitual. Especialmente en un gimnasio, donde fijarse a diario si han quemado más o menos calorías de lo que suelen marcar sus 'wearables'. Esto les permite establecer tendencias a medio y largo plazo, que resultan los verdaderos indicativos de progreso».
Garmendia recuerda además que no todos los modelos resultan aptos para todos los tipos de usuario: «Una 'smartband' de 30 euros puede bastar para una persona mayor que tan solo quiera cuidar su salud, mientras que las más caras (y precisas) apelan a 'bodybuilders', amantes del ciclismo, nadadores o corredores de maratones. Cada marca suele especializarse en un área, por lo que conviene atender a las descripciones de sus productos».
Las horas de sueño, también en entredicho
Un estudio llevado a cabo por el Hospital Universitario Virgen Macarena (Sevilla) comparó recientemente los datos sobre calidad del sueño registrados por un smartwatch con aquellos obtenidos mediante un polisomnograma (la herramienta utilizada en las unidades de sueño para diagnosticar trastornos). Los resultados demostraron el poco acierto del Samsung Galaxy Watch 4 a la hora de identificar los distintos estados de sueño: «El gadget evaluado infraestima el tiempo total de sueño y muy marcadamente, en más de 45 minutos, el tiempo en sueño profundo. Además, sobrestima levemente la eficiencia de sueño y el tiempo en sueño REM, y de forma significativa el tiempo despierto tras el inicio de sueño (despertares intrasueño) y el tiempo en sueño ligero (en más de 37 minutos)», explicó la neurofisióloga responsable de la investigación, Alba Salazar.
«No debemos obsesionarnos con que el reloj inteligente refleje que hemos tenido 20 o 120 minutos de sueño profundo. Da igual. Lo importante es que nos levantemos descansados», concluye la experta.
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