Patricia, víctima del accidente de Adamuz, en una imagen con su perra 'Lía'. Cedida
Reportajes Patricia, algo más que 'la víctima 46' de Adamuz: "la niña de Terina" que cuidaba a su padre y quería trabajar en PrisionesSu familia agradece el trato recibido, pero les intranquiliza que su libro electrónico y, sobre todo, su móvil sigan sin aparecer.
La 'víctima 46' de Adamuz tiene nombre: Patricia, la "niña de Terina" que cuidaba a su padre y quería trabajar en Prisiones
Más información: Muere Patricia, la opositora onubense herida en el accidente de Adamuz tras 12 días en la UCI y se elevan a 46 las víctimas
Inma León Publicada 22 febrero 2026 02:28hTeresa, más conocida como "Terina"; su marido Manuel y su hijo Alberto abren y cierran los ojos todos los días desde el pasado 18 de enero preguntándose por qué el destino le tenía guardada esa encerrona a su otra hija, Patricia. Nunca lo llegarán a comprender.
Ella viajaba en el vagón 2 del Alvia Madrid-Huelva que lo descarriló todo en Adamuz. Doce días después de la tragedia ferroviaria en los que, sin ser consciente, estuvo peleando en la UCI del Reina Sofía de Córdoba, Patricia se convirtió en la víctima 46.
Pero ella es mucho más que ese frío número. "La niña de Terina", como todos la conocen en La Palma del Condado (Huelva), su pueblo natal, donde nació hace 42 años y creció, soñaba con ser funcionaria de prisiones, para lo que se preparaba concienzudamente desde hace años.
Muere Patricia, la opositora onubense herida en el accidente de Adamuz tras 12 días en la UCI y se elevan a 46 las víctimasUnas horas de estudio que compaginaba con su trabajo como teleoperadora. Patricia estudió un módulo superior en Animación Sociocultural y Turística en Huelva porque le gustaba el trato con la gente, pero creyó que lo mejor para su futuro era poder acceder al Cuerpo de Ayudantes de Instituciones Penitenciarias.
Los que la conocían aseguran que era una persona muy disfrutona, sobre todo de las tradiciones de su pueblo como las fiestas de la Santa Cruz de la Calle Cabo, de la que era muy devota, y de la feria del mes de septiembre por la vendimia en su caseta 'El Alegre Abrevadero'.
Patricia, víctima del accidente de Adamuz, en una imagen junto a sus amigas vestidas de flamenca. Cedida
Valoraba mucho tener un rato para tomar unas cervezas con sus amigos de toda la vida, conocer lugares nuevos y escaparse a Matalascañas, la playa de Doñana, y al Portil para disfrutar con su perras 'Noa' y 'Lía', sobre todo en invierno. Quizás porque ese mar tenía el mismo color de sus ya eternos ojos azules.
También porque en su casa tenía 'otro trabajo' más silencioso y más agotador, pero a la vez el más reconfortante de todos que le hacía sentir que en la vida se está de paso.
Patricia era los pies y las manos de su padre, muy mermado físicamente desde que hace año y medio sufriera un ictus severo; el sostén en muchos sentidos de su familia y la cabeza pensante del negocio de sus padres, la tienda de textil más antigua del municipio.
Ella dejó todos esos sueños en aquel vagón, en el que se montó con la sensación de que esta vez lo podría haber conseguido.
"Mamá, mete una cerveza en el congelador, que nos la vamos a beber cuando llegue a La Palma, que me ha salido muy bien el examen", le dijo a su madre poco después de soltar el boli.
Patricia quería tener un futuro más seguro y certero económicamente para poder librar otra batalla más bien física. Ahora mismo no tenía pareja y no quería convertirse en una carga para nadie.
Sufría desde hace años una esclerodermia, que le hacía estragos en su piel y condicionaba su día a día porque le hacía pasar muy malas rachas que la obligaban a cogerse incluso bajas laborales. Precisamente, estaba en una de ellas cuando se examinó.
Su búsqueda
Pero nunca pudo tomarse esa cerveza helada con sus padres. Precisamente, Manuel estaba viendo la televisión cuando el telediario informó de un accidente ferroviario a la altura de Adamuz, en principio con dos fallecidos. Y ya saltaron todas las alarmas.
La Guardia Civil "no descarta" ninguna hipótesis del siniestro de Adamuz: sabotaje, falta de prevención o "mala soldadura"Su móvil daba tono y recibía los WhatsApp, lo cual, en parte tranquilizó a sus familiares y amigos que empezaron a intentar comunicarse con ella. Pero Patricia no daba señales.
Solo se las dio a Ángel por puro instinto de supervivencia. El bombero que la rescató -no podía llamarse de otra manera- logró sacarla con vida del amasijo de hierros y con esperanzas de ganar esa nueva pelea que la vida le había puesto por delante.
Patricia ingresó directamente en la UCI. El primer parte médico fue difícil de digerir sobre todo por la afección de sus pulmones, aunque las primeras 24 horas serían cruciales para ver la evolución tras la operación de varias fracturas óseas. Su patología previa tampoco remó a favor.
Eva, María José y Reyes, unas primas de su madre y sanitarias de profesión, no dudaron en trasladarse a Córdoba para ver en qué circunstancias estaba.
Terina tuvo el peor de los presentimientos desde el principio. "Realmente, hemos vivido dos duelos. El primero con cierta esperanza y el segundo, con mucha resignación".
Quien habla es su primo Félix, quien no puede quitarse las gafas oscuras mientras conversa con EL ESPAÑOL. Él tiene muchos porqués en la cabeza que le acompañarán toda la vida.
Patricia, víctima de Adamuz, junto sus primos, entre ellos, Félix, en una imagen cuando eran pequeños. Cedida
Patricia siempre había ido en ocasiones anteriores a hacer ese mismo examen acompañada por su padre. Como esta vez no podía, Félix se ofreció a hacerlo, pero declinó la invitación porque prefería ir sola y concentrada.
Su primo miró los billetes la semana antes y el tren estaba lleno, aunque estuvo a punto de comprar un asiento libre que se quedó en el vagón 4.
"Siempre tendré clavado si yo hubiera estado allí en el momento del accidente y hubiera podido ayudar a salvarla o quizás hubiera yo corrido su misma mala suerte".
Su primo y sus familiares agradecen el trato de Renfe, de Adif, de los sanitarios, al pueblo de Adamuz; a todas las personas que, de una forma u otra, colaboraron incansablemente en esos días tan difíciles, y a todo el mundo en general por las muestras de cariño.
Las víctimas de Adamuz se asociarán de manera legal y se personarán como acusación en el juzgado: "No fue un accidente"No obstante, después de unos días muy duros por su pérdida y la burocracia que han tenido que sortear, les intranquiliza que su móvil aún no haya aparecido.
Ni tampoco haber podido aún acceder a sus redes sociales o correos electrónicos por la falta de conocimiento de sus claves.
Formarán parte de la asociación
Su familia se quiere asociar a la plataforma de víctimas que se está promoviendo para personarse en los juzgados. Sí tienen claro que llegarán hasta el final para saber la verdad.
Porque lo único que, en parte les alivia en medio de tanto dolor, son los rezos por Patricia que han llegado desde Roma hasta Almería y su recuerdo en todos los que la conocieron.
Patricia, víctima de Adamuz, en una imagen en uno de sus viajes. Cedida
Sus amigas Fátima, Nina, Inma, Miriam, Ainara o Laura se deshacen en halagos hacia ella, con las que han compartido cientos de anécdotas, confidencias y mil ratos de risa. Incluso, dos de ellas quieren llevar su recuerdo para siempre tatuado en su piel.
Y ese era su objetivo 'Dejar huellas bonitas', como dice la canción del cantautor gaditano Antoñito Molina, cuya frase Patricia la usaba como lema. Y la suya, sin duda, será imborrable.
Porque como ella misma dedicó a su padre en un escrito en redes sociales hace unos meses cuando enfermó: "Esa noche todo se detuvo, no hubo luna y algo se apagó despacio".