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Pedro Almodóvar: «Ya no encuentro consuelo en el sexo, me he vuelto abstemio»

Pedro Almodóvar: «Ya no encuentro consuelo en el sexo, me he vuelto abstemio»
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«No estoy capacitado para vivir bajo un gobierno de ultraderecha», afirma el autor de 'Amarga navidad', en cines el 20 de marzo

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El director estrena el próximo 20 de marzo 'Amarga navidad', Iglesias Mas Pedro Almodóvar: «Ya no encuentro consuelo en el sexo, me he vuelto abstemio»

«No estoy capacitado para vivir bajo un gobierno de ultraderecha», afirma el autor de 'Amarga navidad', en cines el 20 de marzo

Oskar Belategui

Madrid

Domingo, 15 de marzo 2026, 00:18 | Actualizado 01:42h.

... navidad', que forma un díptico con 'Dolor y gloria'. Su largometraje número 24 arranca con una directora de cine que sufre migrañas y angustia, y que en realidad es el personaje de ficción que escribe un cineasta un poco cretino. ¿Hasta qué punto es válido vampirizar la vida de los demás para el arte? Los límites de la autoficción es el gran tema del filme protagonizado por Bárbara Lennie, Aitana Sánchez-Gijón, Leonardo Sbaraglia y Vicky Luengo, que se estrena el 20 de marzo.

–¿Ha tenido la sensación de vivir experiencias única y exclusivamente para escribir sobre ellas?

–A veces, tengo la sensación de que estoy viviendo y, al mismo tiempo, ser consciente de que eso va a ser motivo de inspiración. Se llama deformación profesional. Sí, en ocasiones siento que vivo para contar y no para vivirlo. La realidad siempre encuentra un resquicio para colarse en mis películas sin pedir permiso. Uno no provoca las cosas para que ocurran y después poder hablar de ellas, como ocurría en 'Anatomía de una caída'.

–De esos límites de la autoficción trata 'Amarga navidad'.

–Es algo personal. No hay una ley moral ni social que diga cuáles son los límites. Deben estar en no hacer daño a nadie, en especial, a las personas que te han inspirado. Si yo tuviera esa sensación, sacrifiría el guion.

–¿Alguien cercano se lo ha reprochado alguna vez?

–No. Yo sé siempre dónde está la ficción y la realidad. La casa de 'Dolor y gloria' era una copia exacta de la mía, se llevaron los muebles y cuadros. Iba al plató y estaba en mi hogar. Dirigía a Antonio (Banderas) explicándole cosas que pertenecían a mi vida, pero nunca tuve la impresión de ser yo mismo ni de que el set era mi casa.

Tráiler de 'Amarga navidad'.

–¿Cómo llegan los actores a un rodaje suyo? ¿Están nerviosos?

–Necesitamos un tiempo de adaptación. Cuando voy al teatro trato de que los actores no sepan que estoy, porque se ponen nerviosos. Me lo dicen. Y es lo último que yo quiero. Me da mucha más seguridad si vienen del teatro. En televisión trabajan en unas condiciones pésimas, a una velocidad de vértigo. Por las noches le dan el guion del día siguiente. Por otro lado, se aprende muchísimo y bienvenidas sean las nuevas caras.

–¿Usted diría, como su alter ego del filme, «no me degrades a Netflix»?

–Esa pregunta es muy comprometida. A mí Netflix me ha tirado los tejos más de una vez y nunca hemos accedido. Mi productora está organizada de un modo en el que puedo hacer la película que quiero en cada momento. No me gustaría trabajar para Netflix, lo que no signifique que no reconozca que han conseguido crear una verdadera industria audiovisual en España, no había hasta que han llegado. Están dando trabajo a todo el mundo, es muy difícil formar un equipo. Existe el peligro de la inflación de ficción, porque se hace muchísima, pero bienvenido sea el trabajo para todos. No hay ninguna vergüenza en hacer una TV movie de encargo, eres un profesional. Pero yo no quiero.

–Esta es su película número 24. ¿Ha hecho alguna sin sentirse arrebatado por lo que contaba?

–Ninguna. Si hay alguna película que demuestre mi vocación de cineasta es la primera, 'Pepi, Luci...', que tardamos año y pico en hacerla y sin presupuesto, 'no budget'. La gente me daba dinero para que comprara trozos de negativo y rodábamos los fines de semana. El apasionamiento era absoluto. Estaba convencido de que quería ser director y esa pasión me ha ido acompañando a lo largo de todas mis películas, más allá del resultado. Es una condición sine qua non, yo sé identificar esa sensación; si no la tengo, no me pongo a hacer una película. He tenido mucha suerte, ahora soy más consciente que antes de mi pasión por el cine. Espero que continúe por mucho tiempo.

–No veo encima de su mesa cajas de medicinas, como en la del director protagonista, pero el dolor y la enfermedad cada vez ocupan más espacio en su cine.

–En 'Dolor y gloria' acababa de operarme de la espalda y pensé que no iba a poder volver a trabajar. Durante la recuperación nunca pude estar más de media hora de pie. Descubrí que cuando empezaba a rodar desaparecían todos los dolores. La espalda no existía. El dolor es gran motivo de inspiración, empezando por los míos propios pero también los de los demás. De hecho, las circunstancias que más me inspiran son las más difíciles, por eso tienes que tener cuidado de no hacer daño.

–Benditos ansiolíticos, se deduce de la película.

–Ah, no, claro. Para eso están. La escena en la que el personaje de Bárbara Lennie atraviesa la noche madrileña en busca de ansiolíticos podía parecer cómica, pero es lo que haría. Me inspiro en una amiga que tiene de todo en casa. Hablar del dolor no es cinematográfico, tener una migraña es condenarte a estar en la cama a oscuras, no hay nada menos cinematográfico. O la ansiedad. También era muy arriesgado mostrar a dos mujeres escuchando una canción de Chavela durante cinco minutos. Tenía una gran voz y a dos grandes actrices.

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Pedro Almodóvar junto a Bárbara Lennie y Vicky Luengo en el rodaje en Lanzarote. Iglesias Mas

–Las letras de las canciones de Chavela son importantes en sus películas. ¿A usted también le ha pasado lo de tomar decisiones escuchando una canción?

–No he llegado a tanto. Lo que sí me ocurre es que cuando estoy escribiendo escucho las canciones de otro modo, las redescubro. Como 'Cucurrucucu paloma', en la versión de Caetano Veloso. A veces, para abandonar a un marido tóxico hace falta más que escuchar a Chavela diciendo «diciembre me gustó para que te largues».

–El retrato de ese director, alter ego suyo, es muy poco complaciente.

–Quería huir de la complacencia, hacer un ajuste de cuentas con ese personaje. La de director es una profesión que te da un poder descomunal. Puedes pedir cosas que nadie te va a cuestionar y a lo mejor no son absolutamente legítimas. Los demás están para obedecerte. Yo nunca me he pasado, pero si tienes un carácter mandón puedes hacer mucho daño a tu alrededor. He conocido a varios que lo han hecho. El director es un semidiós adorado, todos pendientes de él. Quería bajarlo de ese podio y ponerle a ras de suelo. Lo que pasa es que los ataques que recibe pueden servirle de inspiración, como ocurre en la película. Me divertía el hecho de meterme conmigo mismo.

–En el tramo final incorpora la propia crítica de la película.

–Es el mejor modo de hacerla, ja, ja. Un juego pirandelliano al que no estaba calculado que llegara. La propia película contiene el cuestionamiento de sí misma. Eso me excitó mucho, porque nunca lo he visto en el cine.

–'Amarga navidad' aboga por apoyarnos en los demás para superar un duelo, para superar un bloqueo creativo... En estos tiempos terribles puede parecer naif.

–No, yo creo que resulta terriblemente necesario. Tenemos que ayudar, de eso trataba también mi película anterior, de acompañar a alguien. Ayudar a veces es simplemente estar sentado junto a alguien, en silencio, escuchando. A veces, lo máximo que podemos hacer por otra persona es acompañar. Vivo muy pendiente de las guerras que suceden y de lo que ocurre en nuestro propio país gracias a gentes de ONG. Trato de ayudar desde el pequeño lugar que ocupo en esta sociedad. Ahora es más importante que nunca la empatía: con tu pareja, la familia, los amigos... Y con los problemas sociales que tenemos. Yo pensé que jamás iba a volver a ver guerras, que serían guerras frías, no invadir un país con tanques y drones.

Sexo

«Es escalofriante que, de pronto, no dé vergüenza decir que se vivía mejor con Franco»

–Tampoco sospechaba que iba a volver a escuchar el 'Cara al sol'.

–No. Una encuesta afirma que el 25% de los jóvenes españoles viviría con gusto bajo una dictadura como la de Franco. Me estremezco cuando oigo estas cosas. Que de pronto la figura de Franco no sea discutida, que no dé verguenza decir que se es franquista y que se vivía mejor entonces... Es escalofriante. Da la sensación de que no hemos avanzado en nada. Yo viví el salto descomunal de pasar de una dictadura a una democracia, lo que se siente es inenarrable. Era suficientemente mayor como para tener memoria del franquismo. Con todo lo que hemos luchado desde entonces, ni en el momento de mayor pesimismo hubiera pensado que íbamos a estar en una situación como la actual. Con un partido de ultraderecha creciendo día tras día, diciendo barbaridades, sin mostrar ningún programa. Es escalofriante. Espero que con la llamada de Rufián a las izquierdas nos movamos y nos pongamos de acuerdo, porque lo estamos en muchas cosas. Hay que parar este movimiento imparable. Quiero ser optimista, pero estoy preocupadísimo. Debemos seguir escandalizándonos por cada frase que escuchemos, no podemos seguir impasibles ante lo que dice la ultraderecha, sobre la emigración, las feministas, los homosexuales, las mujeres trans... Quiero seguir cabreándome profundamente para poder reaccionar. Si las cosas siguen así, tras las próximas elecciones viviremos bajo un gobierno de derecha y ultraderecha. Y yo no estoy capacitado para vivir en esa circunstancia, no estoy mentalizado para enfrentarme a una situación así.

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Pedro Almodóvar. Iglesias Mas

–¿Qué quiere decir?

–No soy capaz de imaginarme viviendo en una situación así. Creo que cambiaría radicalmente mi modo de vida, me convertiría en otra persona, mucho más agresiva y activa social y políticamente. En cualquier caso, me da terror después de haber conseguido tantas cosas en los últimos cuarenta años.

–¿La ficción, el arte, pueden jugar algún papel ahí?

–Siempre pueden ayudar a las personas, pero me temo que a través de una película no puedes lograr un cambio definitivo.Que Bad Bunny reivindique la emigración y a Latinoamérica en el acontecimiento deportivo más importante del mundo seguro que hizo infeliz a Trump esa noche. Algo se le escapaba de las manos en un país que controla de modo autárquico. Bad Bunny puede ayudar, pero no derrocar a Trump. Y el Boss y Taylor Swift. Pero una película no puede cambiar un Gobierno.

–¿Desde qué lugar sigue mirando a las mujeres?

–Soy consciente de que en mis últimas películas estoy más involucrado con mi género masculino que con el femenino. He hecho tantas películas sobre mujeres que ahora me ocupo más de la masculinidad, también se debe a la edad, que te lleva a ser más introspectivo. Pero no quiero ensimismarme, ¿eh? Porque se corre peligro. Eso cambiará en la próxima película.

Netflix

«Netflix me ha tirado los tejos más de una vez y nunca he accedido»

–¿Cómo combate ese peligro?

–No lo combato, me dejo llevar por las ideas. No decido hacer una película sobre esto. Me encantaría hacer otra comedia liviana como 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', pero no soy capaz. Me salió y la hice, ojalá supiera como repetirlo.

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Bárbara Lennie y Vicky Luengo en 'Amarga navidad'. Iglesias Mas

–Ambienta parte de 'Amarga navidad' en 2004, cuando éramos felices con aquellos móviles de concha. ¿Quiere escapar del presente o quiere seguir siendo testigo de su tiempo?

–Ya me he aislado bastante en lo social, quiero estar absolutamente al tanto de todo lo que ocurre, poder reaccionar y ser parte de ello. Mi trabajo es muy absorbente, me proporciona una vida suficientemente intensa. No tengo redes, me protejo de ello, pero le he dicho a mi hermano Agustín que me diga todo lo que tenga que saber, no quiero ser ajeno a nada de lo que está ocurriendo.

–Si usted estuviera en X su cuenta sería movidita.

– Nunca he tenido redes ni quiero, yo me entero de las cosas por los periódicos y la televisión. No soy consciente de toda la carga de maldad que tienen las redes, esa especie de organización para el odio. He leído que hay compañías especializadas en denostar y hundir. Yo prefiero no estar presente en esa realidad. El móvil me resulta antipático, sigo llamando por teléfono y me doy cuenta de que ya no me lo cogen; en cambio, dejo un mensaje de voz y me contestan al instante. Hay miedo al contacto directo con la voz.

–¿Ha ajustado cuentas con alguien en 'Amarga navidad'?

–No. Al contrario, me siento deudor con tres personas que han sido muy generosas a la hora de trabajar el guion y que siguen rodeándome y estando tan cerca como siempre.

Actualidad

«Ya me he aislado bastante, quiero estar absolutamente al tanto de todo lo que ocurre»

–Afirma que no le importaría terminar sus días como John Huston en el rodaje de 'Dublineses', asistido con oxígeno y en silla de ruedas.

–No. Recuerdo que vi esa foto durante el rodaje, sin saber que Huston estaba haciendo una obra maestra. Lejos de resultarme una imagen patética, me pareció gloriosa. Era un director absolutamente vivo. Y pensé que no me importaría terminar así, si tengo que rodar en silla de ruedas lo haré. Pero no me saldrá 'Dublineses', que es una joya.

–¿Dónde encuentra consuelo?

–En lo de siempre. Bueno, en el sexo no, me he vuelto abstemio. En los libros, las películas, las amistades... Me he hecho más consciente de mí mismo, de quién soy, conozco mis puntos flacos. Sé los kilos que peso, los años que tengo, los dolores que padezco. Tener los pies en el suelo anula toda la adulación que hay a mi alrededor. La lectura es una ayuda enorme, siempre estoy con cuatro o cinco libros a la vez. Es uno de mis grandes placeres y el gran origen de lo que quiero contar. Me acompaña mucho.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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