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«Pensé que Joe sufría un ictus»

«Pensé que Joe sufría un ictus»
Artículo Completo 1,337 palabras
Jill Biden, esposa del expresidente, recoge en unas memorias su paso por la Casa Blanca y los últimos días allí tras el debate con Trump en el que su marido se quedó en blanco y perdió la carrera electoral
«Pensé que Joe sufría un ictus»

Jill Biden, esposa del expresidente, recoge en unas memorias su paso por la Casa Blanca y los últimos días allí tras el debate con Trump en el que su marido se quedó en blanco y perdió la carrera electoral

Regala esta noticia Añádenos en Google Joe Biden y su esposa se hacen una fotografía con la Casa Blanca al fondo. (Efe)

J. Gómez Peña

08/06/2026 Actualizado a las 00:12h.

Joe Biden tuvo que pedirle cinco veces matrimonio para que Jill Jabobs –su apellido de soltera– le diera el 'sí'. Venía de una relación fugaz ... y se sentía feliz como profesora en un colegio para alumnos sin muchos recursos. El entonces congresista demócrata era un viudo con dos hijos y una intensa agenda de actos políticos. Mucha carga. «Quería tener mi propio dinero, mi propia identidad, mi propia carrera» contó Jill en ' The New York Times' en 2008. Pero aceptó. Eso sí, sin renunciar a su vocación: dar clase. Ya casada, trató de frenar a su marido en la escalada hacia la presidencia de Estados Unidos. Perdió esa batalla. Y entró con él de la mano en la Casa Blanca tras derrotar a Donald Trump en 2020. Cuatro años después, se convirtió en un sostén clave en la campaña previa a las elecciones de 2024. La salud de Joe Biden, que había cumplido 81 años, generaba dudas. La primera dama salió siempre en su defensa. Hasta que quedó «aterrada» aquel 27 de junio.

El título sirve para explicar el enorme cambio que la victoria en las urnas de Trump supuso para la política de Estados Unidos y también para la Casa Blanca. Tras su triunfo en los comicios, el magnate ordenó derribar el Ala Este para levantar un enorme salón de baile. Como si el legado de los Biden se hubiera convertido en escombros después de lo que sucedió aquella noche del debate. «No sé qué pasó», cuenta la ex primera dama en una entrevista con CBS News Sunday Morning. «Mientras lo veía, pensé: 'Dios mío, está teniendo un derrame cerebral'. Y me dio un susto de muerte». Nunca había visto así a su marido.

«Nunca había visto así a mi marido. Ni antes ni después. Nunca», asegura la ex primera dama de Estados Unido

El presidente llevaba semanas viajando, incluidos varios vuelos a Europa. Al parecer, la noche anterior a la pugna televisiva con Trump apenas pudo dormir. Un mal catarro. Estaba cansado pese a que su equipo de asesores le había incluido una siesta diaria durante aquella campaña. No resultó. Ni el maquillaje ocultó su agotamiento y su falta de recursos mientras el republicano lo acribillaba en cuestiones sobre inmigración y política exterior. «Nunca había visto a Joe así. Ni antes ni después. Nunca», asegura Jill. En sus memorias refleja con detalle «el abrupto final de la candidatura de su esposo a la reelección», según adelanta la editorial Simon & Schuster.

Tras aquel hundimiento en antena, Jill trató de sostener a su marido. «Has hecho un gran trabajo, has respondido a todas las preguntas», le repetía. Durante las semanas siguientes, ella y el resto de la familia animaron a Biden a seguir en la pelea. El coronavirus aceleró el final. El estado físico del presidente se debilitó. La suerte estaba echada. Jill le animó a toma la decisión. Biden puso fin a su campaña y apoyó a Kamala Harris, su vicepresidenta, que luego cayó vapuleada ante el empuje de Trump. Cuando finalmente su marido tomó la decisión de abandonar el intento de ser reelegido, Jill le preguntó cómo se sentía: «Parecía fuerte y resignado. Me cogió de la mano y me dijo: 'Jilly, no tenía otra opción'». Hasta sus más fieles en el Partido Demócrata le presionaron para que se apartara.

«Capaz de gobernar»

De aquellos días escribe en sus memorias. «Si conocieran bien a Joe, sabrían que si realmente hubiera llegado al punto de no ser capaz de desempeñar su cargo, habría dado un paso a un lado», asegura la ex primera dama. «Si hubiera mostrado algún deterioro cognitivo, no habría dudado en decirlo. Tampoco su equipo. Pero estaba muy lejos de ese punto en verano de 2024», añade. Le defiende: «Joe, claramente, estaba envejeciendo, pero no mostraba señales de demencia o senilidad. Era el mismo hombre que siempre había conocido. Yo creía de corazón que seguía siendo lo suficientemente bueno, sabio y capaz para gobernar».

Por eso, sigue sin entender el eclipse mental que sufrió su marido durante el debate con Trump. «¿Había tomado algo en el avión para dormir a algo en el hotel para la tos?», se pregunta. «Ojalá se me hubiera ocurrido pedir un análisis de sangre», deja en el aire. Ahora lo cuenta en un libro, tras este tiempo, año y medio, en el que el matrimonio Biden ha optado «por el silencio, la dignidad y por dejar que los ciclos informativos sigan su curso». Su momento acabó.

El título de sus memorias, 'Una mirada desde el Ala Este', ha quedado cegado por la polvareda de las obras en la Casa Blanca impuestas por Trump. Las excavadoras han tirado ese espacio. «Las entrañas del Ala Este quedaron esparcidas a la vista de todos, como un animal raro y precioso que hubiera sido cazado y asesinado», describe Jill. Su puesto como primera dama lo ocupa Melania Trump, con la que apenas ha tenido relación. En el libro recuerda que durante la campaña de 2024, cuando el líder republicano sufrió un atentado en Butler (Pensilvania), llamó a la exmodelo eslovena para expresarle su apoyo. Cuenta que la esposa del republicano estuvo «educada y controlada como siempre». Ahora es ella la inquilina de la Casa Blanca, aunque ya no disfruta de las vistas desde el Ala Este que dan título a las memorias de Jill Biden.

A los demócratas no les gusta el libro

Las memorias publicadas por Jill Biden han vuelvo a poner el foco sobre la campaña electoral de 2024, en la que los demócratas se hundieron ante el empuje republicano de Donald Trump. Por eso, como recoge 'The Washington Post', hay malestar en la filas del partido progresista porque ese recuerdo reabre heridas en un momento político muy delicado: a menos de seis meses de los comicios de medio mandato.

Andrew Bates, exportavoz de la Casa Blanca, cargó contra la anterior primera dama en 'The New York Post' por recordar el momento en que Joe Biden le confiesa que va a renunciar a la reelección: «Jilly, no tuve otra opción». Esa frase refleja la soledad que sintió el entonces presidente de EE UU entre sus colaboradores más íntimos. «No veo por qué es necesario sacar esa conversación tan dolorosa para el partido», declaró Bates.

Jill Biden no se contuvo ante la crítica: «Si alguien tiene algo que decir, que me lo diga a la cara. Llámame, Andrew». La reacción de la esposa del exinquilino de la Casa Blanca echó más gasolina al incendio interno que se ha desatado entre los demócratas. Rob Flaherty, uno de los principales asesores de Biden, dijo estar «increíblemente decepcionado». «Podría decir muchas cosas sobre este asunto, pero...». Por ahora, se las guarda.

Jill Biden lamenta también que a su marido no le detectaran hasta 2025 –una vez concluida su etapa como presidente– el cáncer de próstata avanzado que sufre. Dice que mientras ejercía el cargo se levantaba hasta siete veces cada noche para ir al baño y que su equipo médico no hizo nada.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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