Peter Mandelson, el cerebro detrás de Tony Blair y embajador en Washington con Keir Starmer. Jaimi Joy re
Europa Peter Mandelson, el cerebro detrás de Blair y embajador con Starmer detenido por su implicación en el caso EpsteinEl llamado "Príncipe de las tinieblas" por su facilidad para idear estrategias desde la sombra se enfrenta a un delito de revelación de secretos a Jeffrey Epstein durante su época en el Gobierno de Gordon Brown.
Más información:La Policía detiene a Peter Mandelson, exembajador británico en EEUU, tras salir a la luz sus lazos con Jeffrey Epstein
Guillermo Ortiz Publicada 24 febrero 2026 02:38hLas claves nuevo Generado con IA
Aunque esperada, la detención de Peter Mandelson por parte de la policía británica ha supuesto una auténtica conmoción en un país aún en shock tras el breve paso de Andrés, el hermano del rey Carlos III, por comisaría.
A menudo se reduce el papel de Mandelson en la política de su país a su último cargo como embajador del Reino Unido en Washington. Se trata de un error que oculta una trayectoria de más de cuatro décadas en la cúpula del Partido Laborista.
Por supuesto, este último nombramiento, realizado por el propio Keir Starmer al poco de llegar al poder y cuando ya se sabía que Mandelson había seguido teniendo contacto con el pedófilo Jeffrey Epstein después de su primer encarcelamiento en 2008, tiene una gran importancia política.
Al fin y al cabo, Starmer vive un momento de pesadilla, entre los varapalos de las encuestas y las críticas internas. Ahora bien, hablamos de un hombre cuya influencia no se puede acotar a un solo primer ministro.
Peter Mandelson, nieto de otra figura del laborismo británico como fuera Herbert Morrison, la mano derecha de Clement Atlee en el primer Gobierno de posguerra, destacó desde sus inicios como un líder silencioso capaz de diseñar todo tipo de estrategias desde el departamento de comunicación del partido.
Eran los años ochenta y la larguísima figura de Margaret Thatcher dejaba al resto del espectro político en la sombra. Había que inventar algo nuevo y Mandelson fue el encargado.
Atribuir en exclusiva a Mandelson el concepto de la "tercera vía" tal vez sea exagerado, pero no hay duda de que fue uno de sus máximos promotores.
Convencido de que no había margen político para el obrerismo en las postrimerías del siglo XX, Mandelson confió en un joven Tony Blair y fue su asesor áulico durante los años noventa, a la espera de que la administración de John Major cayera de madura después de diecisiete años ininterrumpidos de gobiernos del Partido Conservador.
La mano que mecía la cuna
Blair representaba la modernidad y la templanza. Un puente entre generaciones, sensibilidades e ideologías.
Capaz de mantener una relación privilegiada con Estados Unidos y con la Unión Europea a la vez, Blair abrazó el movimiento cultural "Cool Britannia" como Harold Wilson había hecho con el "Swinging London" de los años sesenta, logrando así una gran popularidad mediática que iba más allá de su legado político.
Todo ello habría sido imposible sin Mandelson, quien dirigió la exitosa campaña electoral de 1997 y ocupó posteriormente el cargo de "ministro sin cartera", encargado básicamente de coordinar a todos los miembros del gobierno y ayudar al primer ministro a la manera que haría un jefe de gabinete en Estados Unidos.
Blair le nombró secretario de Estado para el Comercio y posteriormente secretario de Estado para Irlanda del Norte, en plena negociación de los acuerdos de paz con el Sinn Féin. Más adelante, abandonaría la política interior para dedicarse a asuntos europeos.
Es en esta época —en torno a 2003 y 2004— cuando su nombre empieza a aparecer en los llamados "papeles de Epstein".
Al parecer, el empresario neoyorquino le habría pagado decenas de miles de libras sin justificación aparente.
Hay que recordar que, más allá de la red de prostitución y trata de menores que desarrolló a lo largo de los años, Epstein fue en su momento uno de los empresarios de mayor éxito en Estados Unidos… y buena parte de ese éxito tenía que ver con los excelentes contactos de los que presumía.
Indignación contra Starmer tras admitir que nombró a Mandelson pese al vínculo con Epstein: "El Gobierno peligra"Una mancha para Starmer
El fin del Gobierno Blair y la llegada de Gordon Brown coincidió con su entrada en la Cámara de los Lores, lo que podía haberse considerado un retiro dorado para el hombre al que la prensa británica llamaba "El príncipe de las tinieblas".
Brown y Mandelson habían sido enemigos durante años —el primero, más de la vieja escuela; el segundo, según soplara el viento— y parecía que el nuevo primer ministro quería quitárselo de en medio.
No fue así.
Mandelson ocupó con Brown los puestos de primer secretario y secretario de Negocios. Justo en esa época, tras la liberación de Jeffrey Epstein, vuelven los contactos con el empresario y es ahí donde cree la policía británica que Mandelson filtró secretos de Downing Street a su viejo amigo.
Eso es precisamente de lo que se le acusa, de revelar información confidencial, lo que se considera "mala práctica en la administración pública", exactamente el mismo cargo al que se enfrenta el hermano del rey.
El hecho de que, después de todo esto, en noviembre de 2024, Starmer confiara en él para un cargo de tanta relevancia como es liderar la delegación diplomática en Estados Unidos, justo cuando llegaba de nuevo al poder otro viejo amigo de Epstein, Donald Trump, ha provocado todo tipo de críticas.
La primera publicación masiva de correos por parte del Departamento de Justicia ya provocó su cese como embajador y su retirada del Partido Laborista y de la Cámara de los Lores.
Lo que está por ver ahora es si, más allá de la polémica política, Mandelson tendrá que pagar responsabilidades penales en un tema que se está tomando mucho más en serio en el Reino Unido que en los propios Estados Unidos.
También está por ver si este no será el último clavo en el ataúd del Gobierno Starmer, vapuleado en las encuestas por el auge del Reform UK de Nigel Farage.
Son muchos dentro de su propio partido los que consideran que el primer ministro debería dimitir y dar paso a una cara nueva. Hay que señalar que, a los conservadores, con cinco primeros ministros en poco más de ocho años, no les fue demasiado bien.