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Internacional

Phileas Fogg no era Óscar Puente

Phileas Fogg no era Óscar Puente
Artículo Completo 434 palabras

LA ROTONDA

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Pedro Luis Gómez

02/05/2026 a las 02:00h.

Ochenta días tardó Phileas Fogg en darle la vuelta al mundo, con pasaporte de papel, trenes de carbón, barcos de vapor, husos horarios traicioneros y ... un criado empeñado en complicarle la existencia. Ocurrió en la imaginación de Julio Verne, sí, pero con una precisión casi ferroviaria: salió, apostó, cruzó continentes y regresó a tiempo. En el siglo XIX, cuando viajar era todavía una aventura y no una aplicación móvil con retraso notificado, la hazaña consistía en vencer al planeta. En la España del siglo XXI, la proeza es bastante más modesta: recuperar del todo la línea de alta velocidad con Málaga. Han sido 85 días (102 si contamos la fecha desde el maldito 18 de enero, accidente de Adamuz) desde el corte en Álora sin ese servicio básico. Cinco más que los que necesitó Verne para completar su epopeya. Y aun así, la reapertura llega con ese apellido tan nuestro: «Aún no total» Una especie de regreso con letra pequeña, de normalidad en prácticas, de alivio administrado a plazos. El Ministerio de Óscar Puente no tenía que circunnavegar el globo, ni atravesar la India, ni embarcarse hacia Yokohama. Tenía que resolver una crisis ferroviaria que ha castigado a Málaga con una evidencia difícil de disimular. Y conviene decirlo: no hablamos sólo de turistas que cancelan escapadas ni de hoteles que pierden reservas, aunque también. Hablamos de pacientes que viajan, de estudiantes, de profesionales, de familias partidas entre ciudades, de citas aplazadas, de tiempo robado y de una provincia que ha vuelto a comprobar hasta qué punto su conexión con el resto de España puede depender de una avería, una obra o una explicación tardía. Málaga ha aprendido en estos 85/102 días que la alta velocidad también puede ir despacio cuando se trata de pedir responsabilidades. Que lo excepcional se vuelve rutina si el usuario se resigna. Y que la palabra 'reapertura', cuando no es completa, suena menos a solución que a comunicado de daños. Phileas Fogg ganó su apuesta por llegar a tiempo. Málaga, en cambio, sigue esperando que alguien gane la suya: que un servicio esencial funcione como tal, sin épica, sin excusas y sin necesidad de novela. Porque aquí el final feliz no debería ser llegar, sino llegar bien todos los días, y en hora...

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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