Si se cierran los ojos y se hace por un momento un viaje mental por el pasado, en concreto por el periodo 2015-2016, se encontrará con una izquierda alternativa sexy, que tiraba la puerta allí donde había elecciones, que había encontrado la fórmula del éxito, porque conectaba con el sentir de una gran parte del electorado progresista. Y claro, esa ola metía el miedo en el cuerpo al PSOE, que ya no sabía cómo contener aquel torrente, mientras que sus candidatos se batían con sufrimiento para competir con toda esa frescura y energía.
Si, tras este paseo, se vuelven a abrir los ojos y se fija la mirada en el mapa autonómico que hoy presenta esa misma izquierda... la bofetada de realidad es histórica. No parece ni el mismo espacio político. Y eso que, a diferencia de entonces, tiene algo único: forma parte del Gobierno de España con cinco ministerios.
Los números son contundentes. En apenas 11 años el espacio de la izquierda alternativa al PSOE, que principalmente representan Podemos, IU y Sumar, ha sufrido una debacle que va mucho más allá del doble cero que sacaron este domingo en las elecciones de Castilla y León. Ha pasado de tener 182 diputados en los parlamentos autonómicos a quedarse en sólo 58. De los que 27 forman parte de Más Madrid, la única fuerza surgida de este espacio que aguanta la crisis de representación de los demás.
Así que se puede decir que son 31 diputados autonómicos en 16 parlamentos y 27 en el decimoséptimo. Unas cifras aún más ásperas.
En estas cuentas no están contempladas Compromís ni Chunta, que son formaciones anteriores a la explosiva irrupción de la izquierda post 15-M, aunque lógicamente también se hayan beneficiado de esa pulsión de cambio. Tanto la Comunidad Valenciana como Aragón son ejemplos perfectos de que en ellas también se produjo esa fortísima irrupción de esta nueva izquierda abanderada por Podemos. En Aragón, el partido morado tuvo su mejor resultado en unas elecciones autonómicas. En 2015 sacó 14 diputados y rozó el sorpasso al PSOE -IU tuvo un escaño-.En la Comunidad Valenciana, Podemos se alzó con 13 diputados en esa misma cita electoral, y se quedó a seis de Compromís y a 10 del PSOE.
Hoy Podemos ha desaparecido de Aragón y de la Comunidad Valenciana. Dos autonomías donde llegó a gobernar en coalición con el PSOE en 2019 a pesar del bajón que ya sufrió en esos comicios. El experimento fue letal para sus intereses. En la siguiente cita sacó un cero en la Comunidad Valenciana y se quedó en los huesos en Aragón con un escaño. El que ha perdido en febrero con el adelanto electoral de Jorge Azcón.
Además de los 27 diputados de Más Madrid, el recorrido por los otros 31 diputados autonómicos que hoy conserva la izquierda nos lleva primero a Cataluña. Comunes tiene seis escaños de los 11 que llegó a tener en 2015. Se puede decir que es de los espacios más consolidados que hay, aunque siempre le pasa que tiene mejores porcentajes de voto en las elecciones generales que en las catalanas.
Andalucía es parada obligada. Es la próxima cita electoral que se atisba en el horizonte y cada día está más próxima, porque todo indica que será a finales de mayo. La izquierda alternativa sufrió un golpe muy duro en las últimas, quedándose en cinco escaños. En su mejor momento, Podemos (15) e IU (cinco) llegaron a sumar 20 parlamentarios. El líder de IU, Antonio Maíllo, se ha echado ahora a la espalda la recomposición del espacio y las expectativas están reputando. Su principal amenaza está en que Podemos mantenga su plan de ir en solitario y vuelva a dividir el voto. Como en Castilla y León. Esto debilitaría a una candidatura que, además de hacer frente a la derechización social que vive el mundo, tiene que competir por el mismo votante con Adelante Andalucía, reconvertida en una fuerza regionalista.
En el mapa del desastre de la izquierda alternativa, hay seis parlamentos autonómicos en los que no existe. Cero diputados. Castilla y León se ha unido al club de Galicia, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Canarias y Cantabria. Luego hay cinco asambleas en las que la representación es uno o dos. Aragón, Baleares y País Vasco (uno) y Región de Murcia y La Rioja (dos).
Extremadura, con siete; Andalucía, cinco; Cataluña, seis; Asturias, cuatro; Navarra, tres; y Madrid, 27, son las comunidades donde el espacio político tiene más representantes.
En las 17 autonomías, IU, Sumar y Podemos tienen 58 escaños ahora mismo. En el periodo 2019-2020 tenían 112 y en el de 2015-2016 eran 182. La caída ha sido enorme. Primero se dejaron 80. Ahora, acumulando esa pérdida, son 124 diputados menos que en 2015-2016.
Ayer, en el día después del último rosco en una jornada electoral, una de las palabras más repetidas entre los partidos fue «reflexión». Sin embargo, ese repensar el rumbo no termina de concretarse después en una autocrítica. Hay motivos más que de sobra. Por un lado, ha sido evidente en Castilla y León que la falta de unidad del espacio provoca consecuencias desastrosas. Pero el problema va más allá. El PSOE ha devorado su espacio y se ha hecho fuerte como salida de voto útil. Lo que ninguno se atreve a abrir es el debate de si estar en el Gobierno les está costando demasiado en términos electorales. Osi hay que estar con una actitud más combativa con el PSOE.
En cualquier caso, las miradas van principalmente a Podemos, por ser el partido que está bloqueando la reunificación del espacio por su oposición a unirse a la alianza de IU, Sumar, Más Madrid y Comunes. El portavoz de la formación morada, Pablo Fernández, anunció ayer una «reflexión» que se conocerá en los «próximos días». La manera de expresarlo, y que lo repitiera dos veces, dio pábulo a la idea de que podría reenfocarse su estrategia electoral. Sin embargo, tampoco ahondó en ello. Así que sólo el tiempo dirá si fue una forma de despejar la presión, ahora que Andalucía es la siguiente, o si de verdad hay agua en esa piscina. El 0,9% en Aragón y el 0,7% en Castilla y León ha aumentado la presión para pactar.