El esloveno revienta la primera gran cita pirenaica con una exhibición en el coloso francés y deja a Vingegaard como único 'superviviente' de una jornada salvaje
- NACHO LABARGA Gavarnie-Gèdre
- Compartir en Facebook
- Compartir en Twitter
- Compartir en Telegram
- Compartir en Whatsapp
- Compartir por Mail
El Tour entró en los Pirineos y Pogacar decidió que ya había esperado bastante. Aspin, Tourmalet y la inédita Gavarnie-Gèdre componían el decorado, postal y suplicio a partes iguales, y el esloveno se encargó de convertir todo eso en una demostración de poder sin necesidad de artificios. No hubo ataque anunciado ni gesto de cara a la galería. Bastó con el ritmo que impuso su equipo, un latigazo de Isaac del Toro y esa superioridad que ya empieza a resultar incómoda para el resto del pelotón.
Ya había avisado Carlos Barredo en Radio MARCA que poner esta etapa tan pronto, con Pogacar de por medio, podía suponer la sentencia del Tour. UAE Team Emirates-XRG llevaba tiempo preparando el terreno. Politt, Wellens, Grossschartner, McNulty, Adam Yates, Del Toro: uno detrás de otro, como una cadena que iba demoliendo la carrera relevo a relevo. Primero cayeron los gregarios. Luego empezaron a asomar las grietas entre los favoritos. Al maillot amarillo, Torstein Traeen, se le hizo cuesta arriba desde el primer examen serio. Cian Uijtdebroeks, todavía con la fiebre de los días anteriores metida en las piernas, tampoco aguantó mucho y tuvo que poner pie a tierra. Juan Ayuso resistió como pudo en el grupo de los cracks humanos, aunque para entonces la sensación de sentencia ya flotaba sobre la carretera, mucho antes de asomar a La Mongie.
Y luego llegó el Tourmalet, que hizo lo que siempre hace: ejercer de juez. En sus rampas, UAE fue deshaciendo el pelotón de favoritos hasta dejarlo en una fila de supervivientes. Visma se quedó corto de piezas, Red Bull también acusó el golpe, y uno a uno los nombres grandes se fueron quedando sin escudo. Vingegaard aguantaba, sí, pero se le notaba que cada metro costaba un poco más. Pogacar, mientras tanto, iba protegido, tranquilo, pedaleando con esa calma que anticipa tormenta antes incluso de que suene el primer trueno.
La explosión llegó camino de La Mongie. Del Toro apretó, el grupo se hizo pedazos y Pogacar quedó solo al frente. Sin aspavientos, sin necesidad de mirar atrás, sin levantar la voz sobre la bicicleta: simplemente abrió gas y el Tour se rompió por donde siempre se rompe. Solo Vingegaard fue capaz de reaccionar con algo de dignidad, soltando a sus compañeros de fuga para salir en persecución del campeón esloveno. Por fin, el duelo que todos llevaban semanas esperando apareció de verdad en la montaña.
Detrás, el paisaje era de naufragio. Seixas, Lipowitz y Del Toro intentaban contener los daños. Evenepoel, Ayuso, Skjelmose, Lenny Martinez, todos perdiendo terreno en una etapa que no perdonó ni la más mínima mala sensación. Remco llegaba al Tourmalet con el peso ajustado al gramo y con la idea de cambiar de una vez su historia con este puerto, pero volvió a toparse con una montaña que se le resiste. No fue un hundimiento en toda regla, pero sí otro aviso de que el Tour no da tregua, ni física ni mental.
Pogacar coronó el Tourmalet con la carrera prácticamente decidida y con Vingegaard como único rival visible en el horizonte. El danés no tiró la toalla: al contrario, asumió la persecución en solitario para que la exhibición del esloveno no terminara de convertirse en sentencia. Pero la fotografía ya estaba tomada: Pogacar delante, Vingegaard resistiendo detrás, y todos los demás intentando sobrevivir a lo que quedaba de etapa.
Faltaba todavía el descenso hacia Luz-Saint-Sauveur y la subida final, inédita, hasta Gavarnie-Gèdre, un anfiteatro natural tan hermoso como despiadado después de más de 4.000 metros de desnivel acumulado. Ahí, con las piernas pesadas y el eco del Tourmalet todavía resonando, Pogacar remató una jornada de las que cambian el tono de una carrera entera. Fue su enésimo show a ojos de todo el mundo y en el mejor escenario.
Nuevo récord
El Tour salió de los Pirineos con una certeza nueva grabada a fuego: Pogacar no ha venido a administrar ventaja, ha venido a imponerla. Y cuando el esloveno enciende la montaña, el Tour deja de ser una suma de etapas para convertirse, sin más, en una persecución. Tadej es ingobernable.
Nuevo récord de Tadej
Supera la marca de Jonas
- Pogacar también hizo historia en el cronómetro del Tourmalet. El esloveno firmó un nuevo récord en el coloso pirenaico con un tiempo de 43:12, rebajando en 2:23 la marca que Jonas Vingegaard había establecido en 2023 con 45:35. Otro golpe de autoridad del campeón, que convirtió la primera gran cita de montaña del Tour 2026 en una exhibición para la memoria.