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Pogacar, ¿y ahora qué?<br>

Pogacar, ¿y ahora qué?<br>
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El astro esloveno, protagonista de la portada de este lunes, posó el domingo, tras triunfar en París, con la del pasado jueves, en la que expresaba su deseo de conquistar un reto que finalmente cumplió<span class="" contenteditable="false" aria-hidden="true" tabindex="-1" style="user-select: none; pointer-events: auto;"></span>
Tour de FranciaTadej Pogacar se para con MARCA, posa con su portada y 'celebra' el quinto Tour: “Conseguido”

El astro esloveno, protagonista de la portada de este lunes, posó el domingo, tras triunfar en París, con la del pasado jueves, en la que expresaba su deseo de conquistar un reto que finalmente cumplió

Las dos portadas de MARCA sobre Pogacar en el Tour y Tadej posando con una de ellas y el redactor Dani García.MARCA
  • NACHO LABARGA París
Actualizado 27/07/2026 - 04:54CESTMostrar comentarios93

París seguía sumido en un tremendo bullicio, pero Tadej Pogacar todavía conservaba el amarillo encendido. Eran las 21.36 horas cuando el campeón apareció ante el Centre Sportif Jacqueline Auriol, en el número 7 de la allée Louis-de-Funès. Apenas habían pasado unos minutos desde la llegada de Remco Evenepoel y unas horas desde aquella última batalla agónica por las calles de Montmartre. El Tour había terminado, ya lo había celebrado con su pareja Urska Zigart, aunque el hombre que acababa de conquistarlo por quinta vez seguía teniendo compromisos que atender.

Aquel número parecía acompañarlo a todas partes. Cinco Tours. Cinco dedos. Cinco veranos conquistados. Horas después, la expedición del UAE Team Emirates de Joxean Fernández Matxin y Mauro Gianetti llegó al Centre Sportif Jacqueline Auriol repartida en dos vehículos. En el primero viajaba Isaac del Toro junto a un miembro de ASO. El mexicano también había vivido su propia consagración: tercero en la general en su debut, maillot blanco y compañero de aventuras del hombre que dominaba la carrera.

Detrás apareció un Skoda gris, conducido por otro trabajador de la organización. En el asiento trasero izquierdo viajaba Luke Maguire, experimentado jefe de prensa de la poderosa estructura emiratí que siempre acompaña a la estrella de Komenda, en este Tour también junto a Haoyang Zhao, otro de sus guardianes inseparables. A su lado, en la parte de atrás de ese coche, iba Pogacar. El dueño de París. El dueño del Tour que durante tres semanas también había parecido el dueño del mundo entero.

Tadej Pogacar gana la carreraAP

Ambos aparecieron en el lugar que se esconde en el número 7 de la allée Louis de Funès, una calle discreta del VIII Distrito, cerca del parque Monceau y del Faubourg Saint-Honoré. Hay cierta belleza en la combinación de nombres: el campeón del Tour entrando por una vía dedicada al gran cómico francés para hablar dentro de un recinto que recuerda a una mujer que vivió obsesionada con la velocidad. En los alrededores también aparece Laure Diebold, secretaria de Jean Moulin, resistente, deportada y una de las seis mujeres nombradas Compañeras de la Liberación. París edificó aquí una pequeña geografía de héroes.

El héroe de amarillo bajó del coche aún ataviado como líder. El maillot continuaba pegado a su cuerpo después de haber invertido 1 hora, 58 minutos y 49 segundos en completar la etapa final. No había tenido tiempo de ducharse, pero ya no desprendía el olor de la carretera, del sudor o del esfuerzo. Olía a colonia. A éxito.

Quizá aquel aroma fuera la primera señal de que la competición había terminado. Pogacar había dejado atrás la bicicleta, las pulsaciones, el peligro de Montmartre y la incertidumbre de la última persecución. Ahora caminaba con la ligereza de quien por fin se ha quitado una mochila invisible de los hombros. La carga de tres semanas. La responsabilidad de un equipo. El peso de la historia. La obligación de ganar. En la entrada le esperaba MARCA.

Jean-François Quénet, reputado trabajador de ASO más conocido como Jeff, comprendió la escena y se convirtió en cómplice. Pogacar frenó su camino hacia el edificio y se acercó a Daniel García, becario de este medio que en una jornada así deja de serlo. A los ciclistas se les dice que se sacan el carnet en su profesión al acabar esta carrera, lo mismo pasa con los periodistas especializados. No hubo protocolo, escenario ni alfombra roja. Solo una acera parisina, dos coches de la organización, una portada y el hombre que acababa de ganar por quinta vez la carrera más grande del mundo.

En aquella 'tapa' impresa aparecía Tadej, en una fotografía de Lorenzo ‘Fizza’ Verdinelli, vestido de amarillo junto a una frase pronunciada once días antes: "Ganar el quinto Tour significaría muchísimo para mí". Lo había confesado a este medio en una breve entrevista el miércoles 15 de julio en Vichy, instantes antes de una jornada resuelta a toda velocidad. En aquel momento, el quinto Tour aún era una aspiración, un deseo pronunciado con prudencia, una línea en el horizonte. Ahora el periódico en papel le devolvía sus propias palabras convertidas en profecía. La  verdadera realidad del Tour. 

La portada de MARCA del pasado jueves.MARCA

Pogacar miró la portada. Después sonrió. Sonreía como un niño que acaba de descubrir que los sueños pueden tocarse. Como quien sabe que ha cumplido aquello que parecía imposible incluso para alguien acostumbrado a convertir lo extraordinario en rutina. La sonrisa le ocupaba el rostro entero, de una oreja a la otra, limpia ya de la tensión acumulada durante la carrera. Mostró una mueca, se miró la mano. La manita de los cinco Tours. "Done", dijo. Hecho. De sueño a realidad.

Tadej Pogacar, con el redactor de MARCA Daniel García en París tras ganar su quinto Tour de Francia y posando con la 'tapa' del pasado jueves que protagonizaba.NACHO LABARGA (MARCA)

Sonrió durante unos segundos con una sonrisa de 32 dientes, profident. La misma sonrisa luminosa que muestra quien sabe que ha cumplido aquello que parecía imposible. Después agradeció el gesto asentando con la cabeza y entró rápidamente al edificio. Le quedaban tres plantas por subir. En el primer piso comenzó el ascenso hasta la tercera, donde le aguardaba otro pequeño puerto fuera de categoría: más de un centenar de periodistas, fotógrafos, cámaras, radios y televisiones preparados para escuchar al pentacampeón.

La portada de MARCA de este lunes.

Al héroe de amarillo le aguardaban los periodistas, ávidos de noticias. "Para mí era un objetivo tener cinco Tours y entrar en ese club. Ahora es un objetivo cumplido", reconoció. La palabra volvía a aparecer. Cumplido. Conseguido. La misma idea expresada primero en inglés ante una portada y después ante un auditorio repleto. Pero el campeón no pareció satisfecho con detener la cuenta en cinco. Quiere salirse del club.

"Volveré el próximo año para intentar ganar de nuevo", anunció. El sexto Tour ya asomaba en el horizonte, aunque aquella noche Pogacar, representado por el exitoso Alex Carera, quería disfrutar del quinto. Cuando le preguntaron por su posible presencia en LaVuelta, la carrera en la que se presentó ante el mundo en 2019 y que este año aparece en su programación interna, mantuvo el misterio. "Si LaVuelta empezase mañana, no iría. Al quedar unas semanas, todavía no he decidido. Esta semana estaré en casa, tengo algunos deberes y vendrán algunos corredores. También veré a Urska en el Tour Femmes". 

El futuro podía esperar unas horas. También habló de la París-Roubaix, esa frontera de adoquines que sigue desafiándolo. Pogacar ya la había señalado como uno de sus grandes objetivos y volvió a hacerlo con una sonrisa. "La Roubaix sigue siendo un objetivo, lo es desde el año pasado, lo he puesto en mi carta a Papá Noel. Volveré a intentarlo, pero si no la gano, no será doloroso". El hombre que parecía capaz de ganarlo todo reconocía que aún conservaba deseos pendientes. Roubaix seguía allí, cubierta de polvo, barro, piedras y misterio. El Tour ya tenía cinco marcas junto a su nombre; el Infierno del Norte todavía continuaba en blanco. Sus retos por delante antes de retirarse parecen claros: Roubaix, Vuelta, Juegos Olímpicos, el sexto Tour, el Mundial de crono... y, mientras tanto, Merckx le añade otro: "ganar las tres grandes en un mismo año". 

Alguien que transforma el ciclismo en "algo mejor"

Matxín, jefe de Poggy, quiso vestir de palabras la grandeza de Tadej después de su quinto Tour. Para el mánager del UAE, detrás de ese ciclista al que muchos llaman extraterrestre no hay únicamente un don, sino “miles de kilómetros, horas de sacrificio, renuncias silenciosas, caídas, dudas y una sana obsesión por mejorar cada día”. Lo considera, como escribió en un post en Instagram, una figura “destinada a dejar una huella imborrable” e inspirar a generaciones enteras, y confiesa sentirse afortunado por acompañar desde dentro una historia que, a su juicio, está transformando el ciclismo “en algo mejor”.

Pogacar, con Matxin.Instagram de Matxin

Sin embargo, cuando el de Eslovenia, quien reconocía en la última entrevista con este medio en el Tour que respeta "a todos los ciclistas por igual", tuvo que elegir los momentos más emocionantes de estas tres semanas, no señaló ninguno de sus ataques, victorias, gestos o exhibiciones. 

Tadej Pogacar, con MARCA en el Tour.MARCA

No habló de las diferencias abiertas en la montaña ni de su entrada en el club de los cinco (también dijo en Eurosport divertido que "no me gusta salir de clubes, así que intentemos salir de este club"). En rueda de prensa se centró un tiempo en Isaac del Toro. "Creo que los momentos más intensos que he vivido en este Tour de Francia son cuando acompañé a Isaac en la línea de meta en Barcelona. Ahí se me puso la carne de gallina. También cuando crucé a su lado la meta del Alpe d’Huez este sábado, con lo que ganaba el maillot blanco". En aquella confesión cabía buena parte de la relación construida entre ambos. Pogacar había ganado el Tour, pero también se había dedicado a sostener a Del Toro. El mexicano, tercero de la general en su debut, había vivido durante tres semanas al lado de una figura que podía ser líder, maestro, escudo y compañero. Pogacar lo acompañó en Barcelona, lo protegió en la montaña y cruzó junto a él la meta del Alpe d’Huez, en una imagen cargada de simbolismo. Del Toro devolvió los elogios. 

"Si consigo el uno por ciento de lo que él ha logrado, ya estaría satisfecho", aseguró cuando le preguntaron si se consideraba el sucesor del esloveno. El mexicano no quiso colocarse una corona antes de tiempo. "Es algo increíble, me siento un privilegiado en este equipo. Es increíble poder estar en esta situación. Somos grandes compañeros. Él ha sacado lo mejor de mí estos últimos años y esta última semana en el Tour me ha ayudado mucho". Habían llegado al centro deportivo en coches separados. No se marcharían así. Cuando terminó la rueda de prensa y llegó el momento de regresar, Del Toro tenía previsto subir a otro vehículo. 

La logística estaba organizada para que cada uno volviera por separado, igual que habían llegado. Pero Pogacar intervino. Le dijo que se sentara junto a él. Que regresara en el mismo coche. Era un gesto pequeño después de una victoria gigantesca, pero quizá explicaba mejor que cualquier discurso lo sucedido durante el Tour. Pogacar quiso tener a su lado al compañero al que había acompañado durante toda la carrera, al joven que había peleado por el podio y al que él mismo había protegido en los momentos decisivos. 

Del Toro se había apoyado en Pogacar durante tres semanas; ahora el esloveno le guardaba también un asiento en el viaje de vuelta. El campeón y su compañero abandonaron juntos el Centre Sportif Jacqueline Auriol. Afuera, París seguía despierta.La ciudad continuaba celebrando, Montmartre empezaba a convertirse en recuerdo y los Campos Elíseos guardaban aún el eco del triunfo de Van der Poel

Pero dentro de aquel coche viajaba la imagen definitiva del Tour: Pogacar vestido de amarillo junto a Del Toro, el líder y el discípulo, el ganador y el compañero al que había ayudado a crecer. Se fueron rumbo a su hotel, el Mercure París Centre Tour Eiffel, aún quedaba mucho que celebrar. Quizá una cena aprobada por su nutricionista, el español Gorka Prieto. Sea como fuera, para la historia quedan dos portadas, la del deseo lanzado al mundo a través del micrófono de la M roja y la de este lunes, ya con la mano abierta y el reto conseguido.

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Fuente original: Leer en Marca
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