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Por los caminos de Francia, huyendo de los alemanes

Por los caminos de Francia, huyendo de los alemanes
Artículo Completo 793 palabras
Con escasa obra, aunque sumamente singular y de una bellísima escritura poética despojada, la belga Madeleine Bourdouxhe (Lieja 1906– Bruselas 1996) no ha dejado de ser reivindicada. Muy apreciada en su día por sus contemporáneos, no es de extrañar que autores actuales como Jonathan Coe dijeran que «es uno de los más fascinantes redescubrimientos de los últimos años». Tras la publicación de 'La mujer de Gilles' (Siruela), un insólito alegato feminista ambientado en épocas en que las mujeres casadas solo estaban llamadas a amar con devoción y callar sumisamente, esperando que se acabara la pasión de un marido infiel, ahora aparece una pequeña y extraordinaria joya de culto .Se trata de un relato impactante de apenas 60 páginas, titulado, en homenaje a Apollinaire , 'Bajo el puente de Mirabeau'. Bourdouxhe lo publicaría aún durante la guerra, en 1944, en uno de los escasos editores independientes belgas que habían escapado de la tutela nazi.Narrativa 'Bajo el puente Mirabeau' Autora Madeleine Bourdouxhe Traducción Vanesa García Cazorla Editorial Errata Naturae Precio 15,90 euros Páginas 96 Valoración **** Hija de una pareja de belgas trasladados a Francia durante la Primera Guerra Mundial (unos recuerdos que a menudo se cruzan en su narración con la nueva guerra que se acaba de iniciar), más tarde regresarían todos a Bruselas. Descubierta por Jean Paulhan, director de 'La Nouvelle Revue Française', que hizo publicar su primera novela, 'La mujer de Gilles', Bourdouxhe fue amiga de Victor Serge, de Sartre y de Simone de Beauvoir , que igualmente quedaría seducida por su novela. Aunque también lo fue del poeta Paul Éluard, con el que colaboraría en la resistencia antinazi .Noticia relacionada reportaje No No París era una fiesta... ¡celebrada por mujeres! Karina Sainz Borgo En la preciosa y exquisita narración 'Bajo el puente Mirabeau', Madeleine Bourdouxhe relataría una etapa traumática de su propia vida. En ella contaría, de manera intemporal e inolvidable, sus recuerdos de joven madre que acaba de dar a luz en mayo de 1940 , justo cuando Francia es derrotada por los alemanes en la famosa «guerra relámpago». Un éxodo masivo, como narraría también espléndidamente Irène Némirovsky en 'Suite francesa' (Salamandra), arroja a miles de familias, con niños y ancianos y los más elementales enseres, a las carreteras, huyendo despavoridos en coches, carromatos, motos, bicicletas o en todo lo que pudieran encontrar. En medio del caos y el desconcierto más absoluto, en unas instantáneas de una poesía medio somnolienta y estremecedora, «sola, aprisionada en un inmenso aparato de guerra», resonando de lejos los estallidos de obuses y los frecuentes bombardeos, y con decenas de soldados que se van encontrado por el camino en desbandada, la joven se ve arrastrada de aquí allá, con su bebé en brazos y la sangre que aún se desliza por sus piernas tras el parto. A través de las Landas, de Dunkerque , Chartres o Bergerac, Bourdouxhe, en medio de una violencia que los ha vuelto a golpear, narra todo lo que sucede con una extrema delicadeza y serenidad, y con una emoción simple y concisa , llena de simbolismos ligados a la naturaleza y a los parajes que atraviesan. Su niña, símbolo de una inocencia eterna y amenazada, nacida en condiciones atroces, da fuerza a la joven para encarar el incierto futuro y las tormentas que aún le aguardan: «Bajo los pinos de las Landas, la niña sonríe y está acostada en un anticuado cochecito de bebé que le ha prestado una campesina. Acaban de escuchar la radio. Los alemanes han llegado a París ».

Con escasa obra, aunque sumamente singular y de una bellísima escritura poética despojada, la belga Madeleine Bourdouxhe (Lieja 1906– Bruselas 1996) no ha dejado de ser reivindicada. Muy apreciada en su día por sus contemporáneos, no es de extrañar que autores actuales como Jonathan Coe ... dijeran que «es uno de los más fascinantes redescubrimientos de los últimos años».

Tras la publicación de 'La mujer de Gilles' (Siruela), un insólito alegato feminista ambientado en épocas en que las mujeres casadas solo estaban llamadas a amar con devoción y callar sumisamente, esperando que se acabara la pasión de un marido infiel, ahora aparece una pequeña y extraordinaria joya de culto.

Se trata de un relato impactante de apenas 60 páginas, titulado, en homenaje a Apollinaire, 'Bajo el puente de Mirabeau'. Bourdouxhe lo publicaría aún durante la guerra, en 1944, en uno de los escasos editores independientes belgas que habían escapado de la tutela nazi.

Hija de una pareja de belgas trasladados a Francia durante la Primera Guerra Mundial (unos recuerdos que a menudo se cruzan en su narración con la nueva guerra que se acaba de iniciar), más tarde regresarían todos a Bruselas. Descubierta por Jean Paulhan, director de 'La Nouvelle Revue Française', que hizo publicar su primera novela, 'La mujer de Gilles', Bourdouxhe fue amiga de Victor Serge, de Sartre y de Simone de Beauvoir, que igualmente quedaría seducida por su novela. Aunque también lo fue del poeta Paul Éluard, con el que colaboraría en la resistencia antinazi.

París era una fiesta... ¡celebrada por mujeres!

En la preciosa y exquisita narración 'Bajo el puente Mirabeau', Madeleine Bourdouxhe relataría una etapa traumática de su propia vida. En ella contaría, de manera intemporal e inolvidable, sus recuerdos de joven madre que acaba de dar a luz en mayo de 1940, justo cuando Francia es derrotada por los alemanes en la famosa «guerra relámpago». Un éxodo masivo, como narraría también espléndidamente Irène Némirovsky en 'Suite francesa' (Salamandra), arroja a miles de familias, con niños y ancianos y los más elementales enseres, a las carreteras, huyendo despavoridos en coches, carromatos, motos, bicicletas o en todo lo que pudieran encontrar.

En medio del caos y el desconcierto más absoluto, en unas instantáneas de una poesía medio somnolienta y estremecedora, «sola, aprisionada en un inmenso aparato de guerra», resonando de lejos los estallidos de obuses y los frecuentes bombardeos, y con decenas de soldados que se van encontrado por el camino en desbandada, la joven se ve arrastrada de aquí allá, con su bebé en brazos y la sangre que aún se desliza por sus piernas tras el parto.

A través de las Landas, de Dunkerque, Chartres o Bergerac, Bourdouxhe, en medio de una violencia que los ha vuelto a golpear, narra todo lo que sucede con una extrema delicadeza y serenidad, y con una emoción simple y concisa, llena de simbolismos ligados a la naturaleza y a los parajes que atraviesan. Su niña, símbolo de una inocencia eterna y amenazada, nacida en condiciones atroces, da fuerza a la joven para encarar el incierto futuro y las tormentas que aún le aguardan: «Bajo los pinos de las Landas, la niña sonríe y está acostada en un anticuado cochecito de bebé que le ha prestado una campesina. Acaban de escuchar la radio. Los alemanes han llegado a París».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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