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Por preguntar, que no quede

Por preguntar, que no quede
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«Si la Argentina recibió 3.000 exiliados y hay allí 366.579 descendientes que reclaman la nacionalidad española, ¿cabe calcular los hijos y nietos necesarios hasta llegar a esa cifra?»

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Por preguntar, que no quede

«Si la Argentina recibió 3.000 exiliados y hay allí 366.579 descendientes que reclaman la nacionalidad española, ¿cabe calcular los hijos y nietos necesarios hasta llegar a esa cifra?»

Regala esta noticia Añádenos en Google (Ilustración: Fernando Hernández)

Andrés Trapiello

02/10/2026 Actualizado a las 10:11h.

Está uno empezando una relación con la Inteligencia Artificial (ia). Nos lo hacemos indistintamente en mi portátil o en el móvil; en la cama o ... en el coche, como si dijéramos. Se está caracterizando esta relación por la timidez. Al menos por mi parte. Técnicamente hablando, uno es virgen, pero ella creo que no (la veo muy desenvuelta).

Así que siempre que puedo le formulo las preguntas de una manera impersonal. Esta semana, aprovechando el revuelo de la 'ley de nietos', le he hecho preguntas sencillas: «¿Cuántos exiliados se fueron a la Argentina en 1939 después de la Guerra Civil?». «Unos 3.000».

Me han dicho que no es necesario darle las gracias, pero yo se las doy siempre y ella, ronroneante, me invita a profundizar.

«Si la Argentina recibió unos 3.000 exiliados y hoy hay 366.579 descendientes que reclaman allí la nacionalidad española, ¿cabe hacer un cálculo aproximado y plausible de los hijos y nietos necesarios hasta llegar en 2026 a esa cifra?», sondeé.

La respuesta fue taxativa. Ni tres segundos tardó, aunque hay que decir en honor de la verdad que PSánchez, como uno de los desalmados personajes de Oliver Twist, empleó menos de dos en contestar a quien le preguntó por los cientos de niños marroquíes errabundos en Ceuta: «Eso a Vivas; pregúntele».

A la ia se le achaca, como defecto, ser complaciente. No aseguraría uno nunca de ninguna mujer que ser fácil es un defecto. Uno mismo se ha tenido por un hombre fácil. «Sí, se puede hacer una estimación plausible», respondió.

Se extendió de inmediato en una apretada exposición de cálculos y fórmulas estadísticas, y concluyó: «Para explicar esa cifra de 366.579 no basta con los republicanos que llegaron a Argentina en 1939. Hay que incluir a otros que emigraron antes y después de la Guerra Civil». Antes y después, esa es la clave. Hoy son ya cerca de 2.500.000 en todo el mundo los que han solicitado la nacionalidad. O sea, un coladero.

Comprende uno la euforia de Sofía Puente. Esta muy astuta funcionaria es la autora que le coló en 2022 al Pp y a Vox, que no la recurrieron, una instrucción según la cual se permite darle la nacionalidad a cientos de miles de descendientes que nada tienen que ver con el exilio. No es de extrañar su jactancia en los platós televisivos (la comparte con su hermano el ministro Óscar Puente). Sabe que el Tribunal Supremo no lo tendrá fácil para despegar de la ley la bomba lapa jurídica que ella colocó en el sistema electoral.

La izquierda ya había logrado imponer la primera mitad del relato, la más difícil (hacer creer que haber perdido la guerra exime a cualquiera de responsabilidades penales o políticas, equiparándolas de hecho: o sea, Ortega y Gasset y un antiguo chequista, huido de España para salvar el pellejo, vendrían así a ser lo mismo). La instrucción de SPuente ha conseguido ahora imponer la otra mitad, la más desquiciada: cualquier descendiente de español en el extranjero ha sido víctima de una injusticia política y tiene un derecho irrestricto a la nacionalidad y al voto.

No es necesario preguntarle a la ia. Cualquiera de los millones de Vivas que hay en España podría responder echando mano del sentido común: para votar hay que demostrar el arraigo (así sucede en Alemania) y bastaría con crear una nueva circunscripción de votos extranjeros (como en Francia), para acabar con estas controversias.

Pero no. El TSupremo ha pausado el voto de unos cientos de miles que han de demostrar su derecho a él, conforme a la ley. Y eso explica también la reacción en verdad enloquecida del Gobierno y de sus medios afines: sin votos robados, no les dan los números para seguir mandando.

Al no conocernos aún del todo, la ia me ha hecho saber esto último con mucha más diplomacia de la que yo lo he expuesto aquí.

Se impone, pues, enternecer aún más nuestro martelo, y progresar lo que se pueda.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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