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Más allá del trabajo en sí, la mayoría cree que los espacios no potencian su eficiencia. Los empleados echan de menos las zonas para concentrarse, quedar con compañeros y desconectar.
A la oficina, solo porque lo manda el jefe. Según el estudio Workplace Global Report 2026, realizado por la multinacional Steelcase con información de 5.500 trabajadores (sobre todo de grandes empresas) procedentes de nueve países, esta es la principal razón por la que las plantillas fichan en su lugar de trabajo, "cuando debería ser porque ahí es donde mejor desempeñan su tarea", apunta Alejandro Pociña, presidente de la compañía. Pero solo el 17% de los empleados cree que su oficina mejora su rendimiento.
Para la gran mayoría, su espacio laboral suspende: no genera el deseo por acudir a él porque no responde, señala Pociña, a las principales necesidades de los profesionales: bienestar, privacidad, concentración y reducción de la fatiga digital. Recién aterrizado tras sus vacaciones, reconoce que a él sí le "encanta volver a la oficina": "Aquí ocurren las cosas o así lo propiciamos, pero, desgraciadamente, no es un caso generalizado", considera.
La mayoría de los espacios de trabajo, argumenta, "continúan con un diseño para operar como antes, cuando lo que se llevaba era la moda del open space, sin paredes. Entonces se alegó que propiciaban la comunicación, pero la realidad es que fue un desastre: no permiten la concentración, ni la privacidad y favorecen las distracciones". Para Pociña, el debate no es si es más provechoso realizar la jornada en casa, tranquilo, o en la oficina; "hay que conseguir que esta resulte atractiva, que la gente se sienta cómoda en ella, que sea donde mejor trabaje".
Aquí está el reto. El proyecto óptimo, según el presidente de esta empresa que se dedica a la transformación de los espacios corporativos con consultoría estratégica y asesoramiento de mobiliario, "es un ecosistema de zonas que permita realizar las diferentes tareas del día a día: desde colaborar con compañeros hasta aislarse para pensar o para desconectar, como si estuvieras en tu vivienda, que pasas del salón al despacho o a la cocina. Con entornos relajados, que potencien esa economía cognitiva que permite pensar mejor o reducir la carga mental. Para ello, hay que eliminar las praderas [extensiones diáfanas] con salas de reuniones".
A este diseño ideal hay que sumar "una cultura de la empresa que admita escoger dónde sentarse. No tiene sentido que luego los diferentes responsables no permitan desarrollar la tarea desde cualquier rincón o que no coincida el equipo el mismo día en la oficina para poder compartir impresiones", subraya Pociña.
Según el experto, las oficinas son el espejo de esa cultura empresarial. "Dicen tanto como el lenguaje corporal de una persona. No engaña. A la hora de contratar, te pueden subrayar mucho que se trata de una compañía poco jerárquica, pero si luego la ves y es como de la serie Cuéntame..." está chapada a la antigua; "define mucho".
Más satisfacción y rendimiento
La silla ergonómica, ajustable y reclinable es por ley. Aunque desde hace casi dos décadas el Real Decreto 488/1997 exija que los puestos con pantallas cumplan unas disposiciones mínimas de seguridad y salud y que se evalúen, entre otros, los riesgos físicos, "aún queda bastante por hacer", destaca Pociña, que ve en este terreno una gran oportunidad para maximizar los metros cuadrados y las cuentas de resultados de las empresas: según el informe de Steelcase, cuando las oficinas cubren los básicos de los trabajadores, que tampoco requieren una ludoteca a la última, todos ganan. Incluidas las organizaciones: perciben una mejora del 16% en la colaboración entre equipos, un aumento del 14% en el compromiso, un incremento del 13% en el bienestar y, como resultado, un crecimiento del 8% en la productividad. "Los empleados están más dispuestos a acudir a la oficina cuando esta aporta algo que no encuentran fuera. Solo de este modo, acudir a ella pasa de ser una obligación a convertirse en un destino con valor añadido", destaca el directivo. Y su satisfacción aumenta un 26% cuando disponen de áreas específicamente diseñadas para desconectar, descansar aunque sea mínimamente, también de las pantallas y del ruido.
A veces, se necesita silencio. La concentración constituye otro de los grandes déficits de los espacios laborales actuales. Aunque los empleados dedican cerca de dos tercios de su jornada a tareas individuales, cuatro de cada diez consideran que no disponen de lugares destinados a trabajar sin interrupciones. Ahora es más complicado con las notificaciones infinitas del móvil... Sin tener en cuenta los mensajes de redes sociales, según datos de Microsoft recogidos en el informe de Steelcase, los profesionales reciben una media de 275 interrupciones al día entre correos electrónicos, mensajes, llamadas y convocatorias a reuniones.
Como consecuencia, el tiempo medio que una persona mantiene la atención en una misma tarea ha pasado de 2,5 minutos en 2007 a apenas 47 segundos en la actualidad, una fragmentación constante que incrementa la carga cognitiva y reduce el compromiso de los equipos, especialmente cuando pasan el 80% o más de su jornada trabajando en solitario frente a una pantalla.
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